Capítulo 44

Lejos en el campo, Tamara dormía tranquila bajo la luz de su carpa, con el señor Lewis vigilando sus alrededores. Se turnaba con su demonio para no bajar la guardia, pues miles de criaturas salvajes se escondían bajo las sombras.

Entre aquella ferocidad, una señal no primitiva hacía eco en su radar. Era otro demonio, estaba cerca. Con el peor de las cosas dentro de las posibilidades, Lewis creyó haber sido interceptado por Arzon.

Rápidamente se levantó, y al adentrarse al bosque espantó a todos los monstruos a su paso. El aura que le rodeaba era poderosa, pero aquella que se aproximaba tenía una intensidad que jamás había visto.

Cruzó los senderos, los arbustos y los troncos hacia la zona más apagada del bosque, donde se encontró finalmente con la alarma de su radar. No era un demonio, era el científico George Scafer, quien cargaba consigo un saco de viaje, un mapa y una linterna.

Lewis, confundido, ya comenzaba a bajar la guardia. Sin embargo su demonio lo mantenía firme al cuestionar la situación.

-¿Es solo un humano? Imposible. Algo raro está pasando aquí.

-Oye, tú.- El científico se hizo notar llamando al anciano -¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?

-Yo debería ser quien pregunte eso.

-... ¿Eres un espíritu del bosque o algo así? Mira, lo siento por irrumpir en tu lugar sagrado o lo que sea, pero no tengo tiempo para esto. Debo seguir avanzando, ¿ok?

El anciano notaba que en su puño cargaba arrugado un viejo papel de mapa.

-Te veo perdido, ¿necesitas ayuda?

-Estoy bien, solo ya vete.- El científico se decidió en abandonar la escena, pero al voltearse, se encontró con un demonio bloqueando su camino. En poco tiempo, Lewis también se apareció tras sus espaldas. A través de unas delicadas ráfagas de aire, George pudo percibir el peligro. Estaba rodeado, pensando en que aquel anciano no era normal. Confundido y molesto, pero sin la intención de querer provocarlo, levantó sus manos en el aire.

Con el viento, el anciano despojó el pergamino de sus manos directo hacía a las suyas. Asombrado al leer sus detalles, encaró rápidamente al científico.

-Con que rumbo a la espada. Ya veo...- Lewis sabía que esto solo significaba problemas. Tanto él como su demonio se habían posicionado para el combate -Ya no hace falta que respondas nada. Ya tengo todo lo que necesito saber.

El científico reía para sí mismo aun con sus manos en el aire.

-Por favor, eres solo un pobre viejo ciego, ¿Qué vas a hacerme?

Rápidamente y sin siquiera notarlo, el rostro de George se impactó contra el barro. Sus brazos se habían vuelto un nudo tras su espalda, todo a manos de Lewis, quien no pensaba dejarlo ir.

El científico forcejeó hasta poder rodar fuera del nudo. Pateó el vientre del anciano, empujándolo sobre la tierra. Lewis llamó a su demonio, quien se dispersó como una tormenta de agujas hacía él. Los brazos, piernas y cuerpo del científico eran rasgados ante los filos de la lluvia. 

La última aguja se deslizó sobre él, llevando Lewis a su transformación completa.     Cuernos de grafito se alzaron sobre su sombrero, junto a sus orejas que se volvían puntiagudas. Su poder ahora estaba por ser desatado.

-Tú... Eres un fusión perfecta... ¿Cómo?- George dejaba su mochila de lado.

-Tenemos nuestros métodos.- Dijo el anciano propulsándose para el ataque. Puños y patadas caían sobre George, quien lo detenía todo con sus brazos. Lewis quedó con su mano atrapada en la de su rival. Giró por el aire como una moneda, y dejó caer al científico como un saco contra el suelo.

Al levantarse, George se encontró a si mismo envuelto en un tornado de confusión. Se lanzaba a atrapar los espejismos del anciano, pero cada intento lo dejaba masticando el polvo. Luego de divertirse un rato, de un momento a otro, Lewis desapareció por completo. George recobraba el equilibrio y buscaba fervientemente el paradero de su enemigo. No había rastro de él, pero si de lo que se aproximaba para atacarlo.

Desde las afueras se disparaban jabalinas enormes ramas de árbol, las cuales se clavaron atrapando los zapatos y pantalones del científico. No hubo ningún contacto con su cuerpo, fueron movimientos limpios, fríos y calculados.

Lewis se abalanzó sobre él, propulsado desde la cima de un árbol. Pero George, rápidamente tomó acción para contraatacar. Frente a él vio su mochila. Sus piernas estaban atascadas, pero su cuerpo y brazos no, así que recogió del saco y lo estrelló contra el rostro de su enemigo.

George rápidamente inspeccionó su mochila, jalando rápidamente una pala. Lewis limpió la sangre de su boca, levantando sus puños para seguir el combate.

Ambos se dirigían para colisionar contra si mismos. El científico giró su pala por el aire intentado golpear a su objetivo. Sin embargo, ningún ataque aterrizada, todos eran esquivados. Furioso, apuñaló contra su vientre. Pero para su sorpresa, la pala atravesó su cuerpo de viento.

Lewis canalizando todas sus fuerzas, empujó de regreso el arma. George estaba totalmente desconcertado, y ante el miedo volvió a atacar. La pala que caía sobre la cabeza del anciano fue detenida por el puño de su demonio, quien desató una feroz campanada.

George retrocedía recogiéndose del dolor, pero su impulsividad lo movió a seguir atacando. Una campanada más cayó sobre él, y una última bastó para dejarlo de rodillas. Lewis al ver su posición vulnerable, lo interrogó esperando su rendición

-Solo alguien como Arzon pudo haber tenido acceso a ese mapa. Ahora cuéntame, ¿para que quieren el arma?

Lo que este no sabía, era que el científico sujetaba otra herramienta tras sus espaldas; una picota.

-¿Tú conoces a Arzon?- El científico fingía una voz frágil

-Nos conocíamos. Me usó, y también te está usando a ti.

George sujetó su arma con aún más fuerza. "Es la oportunidad perfecta", pensaba maquiavélicamente. No solo conseguiría el arma de la que su jefe hablaba, sino que también acabaría con uno de sus viejos enemigos. Si eso no le otorgaría la confianza suficiente, no sabía que más lo haría.

-Escucha, te lo dejaré fácil. Dame el mapa, dime como llegar al Anillo y te desapareces. ¿Ok?

Aunque Lewis creía tener la situación bajo control, la oferta de tregua estaba por transformarse en una invitación a su perdición. La picota había golpeado su tobillo en un parpadeo, dejando su equilibrio estabilizado.

George tomó la oportunidad de levantarse y emprender su ataque. El acero chocaba contra los puños del demonio, los cuales se iban agotando poco a poco. Eventualmente, los golpes pasaron a sus piernas, los cuales dejar a Lewis caer contra la tierra.

El científico apuntó contra su cabeza, cuyo impacto fue detenido de suerte por sus cuernos. Furioso, se empeñó en golpearlos sin parar, desorientando fuertemente al anciano con una jaqueca. Los golpeas caían y caían, y de tantos choques los cuernos cayeron rotos sobre el suelo.

El científico se preparaba para la apuñada final. El filo de la picota estaba por caer contra su rostro, pero Lewis aún no estaba listo para dar tregua. Entre sus manos sujetó con sus últimas fuerzas el arma, peleando por empujarla fuera de su alcance.

-¡Ríndete de una vez!

Cada vez que George acercaba más su arma, Lewis la empujaba de vuelta con el doble de esfuerzo. La pelea por el ataque final duró por varios segundos. El científico estaba tan centrado en su arma y tan cegado por la obsesión, que falló en notar que los rasgos demoniacos de su rival habían desaparecido.

Lewis no pudo evitar encontrar humor en la situación.

-¿De qué te ríes?- Decía George enojado por la burla, sin notar que tras sus espaldas, el demonio era quien en realidad daría el golpe final. Con la pala aturdió fuertemente la cabeza del científico, quien cayó derrotado sobre el anciano. El demonio lo empujó  a un lado, tendiendo una mano a su viejo amigo. Este se levantó adolorido y cansado, cojeando de una pierna.

-¿No te has roto nada?- Decía su compañero agotado.

-No... Pero si me quedarán marcas feísimas.- Respondió Lewis igual de cansado –Lamento lo de tus cuernos.

-Ya crecerán, me preocupa más este sujeto... Se supone detectamos la presencia de un demonio, pero el no presenta ninguna característica de fusión. Aunque eso si, es bastante fuerte para ser un hombre común.

-¿Crees que...?

-¿Su demonio esté por despertar? seguramente. Pero mientras no lo veamos en acción no sabremos que tan peligroso es.

-Sea lo que sea trabaja con Arzon, el tipo ya es un peligro de por si.

Al oír aquello, el demonio recogió de la mochila unas sogas gruesas. Con ellas ató las manos y piernas del científico. Cavó un agujero con las pocas fuerzas que quedaban, y enterró al hombre de los hombros para abajo.

-Eso lo enseñará.- El demonio estaba por partir, hasta que el dolor de sus heridas casi le hizo caer. Lewis se apoyó bajo su brazo, ayudándolo así a poder seguir adelante.

-Salgamos de aquí rápido.

A pesar de estar heridos, y al borde del desmayo, el hombre y el demonio seguían su rumbo juntos de regreso a la carpa. El mapa que ahora traían ahora consigo sería la llave para la victoria. Pero la única persona que podía recobrar la espada, aún no estaba lo suficientemente lista para los peligros del cráter donde descansaba.

El sol se estaba alzando con gentileza, despertando a Tamara con sus débiles rayos. Frotó sus ojos, se estiró, y miró a sus alrededores. Extrañamente, la chica no veía a su mentor por ningún lugar. Se levantó confundida buscando con la mirada por todos lados.

La chica estaba entrando en un trance, algo la hacía sentirse asustada, pero al mismo tiempo entristecida.

Aquellas emociones se cortaron abruptamente, pues el anciano había regresado a la fogata. El estado en el que se encontraba alertó a Tamara, quien corrió a socorrerlo en un santiamén. Ambos seres jadeaban del cansancio, tambaleándose ante el dolor de sus heridas. El anciano caía derrotado sobre los brazos de la chica, quien no podía hacer más que contemplar con terror

-¡¿Qué te sucedió?!

-Lo siento querida, creo que lo terco no me lo puede quitar nadie.- Decía entre risas. Sin ninguna espera mostró ante Tamara el pergamino antiguo.

-¿Que es esto?

-El mapa a un artilugio antiguo. Arzon quiere apoderarse del arma que reside allí...- Lewis poco a poco perdía el aliento -Pero debes tener cuidado, lo que aguarda allí no puede ser visto a menos que uses todos tus sentidos... Encuentra la espada antes que él lo haga.

-Pero no estoy lista, no creo poder hacerlo, apenas pude empezar mi entrenamiento...

-Lo sé, y lamento tanto tener que enviarte así. Se que debes estar asustada, pero también se que eres capaz de cosas grandiosas. Estoy tranquilo con saber de saber que puedo confiar ti.- El anciano decía todas las cosas que alguna vez deseo haber oído, y Tamara al mismo tiempo se sentía movida emocionalmente.

-Ahora ve, el tiempo se nos acaba.

Esas fueron las ultimas palabras de Lewis, quien caía inconsciente ante el dolor de su pelea pasada. Fue recostado ante las flores, mientras la chica recibía con temor el mapa hacia la espada. Dudaba en partir y dejar a su mentor desprotegido, pero el reflejo demoniaco de Lewis se encargaría de cubrirle la espalda hasta que despertara. Con aquel gesto, daba la orden a la chica de que partiera, no había que desperdiciar ni un segundo más.

Con esto, Tamara se embarcó hacia la prueba mas importante de su vida, mientras a su alrededor se tejían los preparativos para el combate final.


-Cap.44: Lo viejo contra lo nuevo-

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