Capítulo 42

Tras su derrota a manos del demonio de fuego, la esencia de Arzon se había desvanecido de la faz de la tierra, junto al clon segundo maestro. Ese mismo día unas horas más tarde, un temblor remeció la tierra sobre Isla Frontera. Dentro de la ciudad todos evacuaron hacia las colinas, con la luz y señales quedando fuera de servicio por minutos.

El terremoto provocó que entre las paredes del Anillo Escarlata, escurriera una densa masa de petróleo. Tenía un olor putrefacto y una apariencia descompuesta. Se filtró entre los ladrillos, los tubos, y las máquinas. Todas, como si tuviesen vida propia, siguieron su rumbo hacia las entrañas de la tierra.

Allí a miles de metros bajo la superficie en la sala secreta de experimentos, se reunieron tomando forma poco a poco. Un muy inestable pilar se levantaba, revelando sus garras y alargados cuernos. Era Arzon, quien habría recobrado la vida con un nuevo cuerpo.

Rápidamente se puso en marcha, pero cada intento de pararse sobre sus piernas le costaba desmoronarse sobre su propio cuerpo. Su estado actual era peor que el anterior, y sin el extractor estaba perdido.

Alzó su tembloroso torso sobre el panel de la azotea, sus dedos desfigurados no podían teclear ningún comando. Todo esfuerzo inútil, hasta que cruzando por la entrada se presentó una figura de traje blanco; era George quien había venido a presenciar su retorno. Sin embargo, este no estaba para nada contento.

Se acercó a ordenar al tablero un nuevo cuerpo para él. Desde el techo se desplegó un empañado y masivo tubo cristalino. Arzon sin dudarlo dos veces, se propulsó débilmente entre las ranuras del vidrio. George podía oírlo respirar y quejarse. Al tronar de sus extremidades, lentamente abrió sus ojos ante el científico.

-Gracias George... Sabía que no me fallarías. Tuve que ocupar mis ultimas gotas de sangre para regresar, pero parece que el tiempo las ha estropeado un poco. El maestro me dio la espalda, y ese niño llevó a la máquina a un estado más que deplorable. Tenemos que arreglar este desastre pronto.

Sin embargo, su camarada se cruzaba de brazos ante él. La molestia se fruncía sobre su rostro, estaba teniendo suficiente de su actitud.

-No me digas que estás de su lado ahora.

-... No lo estoy, pero tampoco pienso arreglar tú error.

-George, te ordeno que repares el extractor. Ahora.

-¿Para qué? Si en cualquier momento te dará un arrebato y lo usarás de nuevo como si fuera un juguete. Te lo advertí, te dije que no estaba lista, que era inestable... Pero tú solo haces lo que quieres, siempre ha sido mismo y lo sabes.

-La situación requería una solución rápida e hice lo que se requería. Intenté salvarnos el pellejo, deberías estar más agradecido.

-Sí, bueno, gracias por dejarnos a la deriva, señor. Ese niño va a volver y está totalmente indefenso.

-Tengo un arsenal de poderes, ¿Qué chance tiene contra mí?

-¡Le pateó el trasero, a ti! A ti, el ser más “poderoso” y “temido” entre los humanos y los demonios. ¡¡Tú!!

-Fue solo un tropiezo. No es para tanto.

-Un tropiezo que le costó su mejor cuerpo. Y entonces si no es para tanto, no la arreglaré.

Arzon estaba empezando a molestarse, de un golpe abrió la escotilla del tubo, revelando al científico su nuevo y enorme cuerpo. Se levantó sobre él como un gran montaña, cubriendo las luces del laboratorio. Pero este, ya totalmente exhausto, solo pudo llevar sus manos a la cara.

-¿Ahora cuál es el plan? Espero sea bueno porque si no habremos llegado tan lejos por nada.- George solo quería descansar.

-No hables como si estuvieras a cargo aquí, yo soy la mente maestra detrás de todo. No olvides tu posición.- La voz de Arzon se había vuelto grave, áspera y susurrante.

-Querrás decir que yo soy la mente maestra. Gracias a mi pudiste si quiera concretar tu dichoso plan...

-Y gracias a mi tu has podido sobrevivir, gracias a mi tienes todo este lugar y más... Gracias a mi estás cumpliendo tu pútrida venganza. Ahora deja de actuar como un bebe y repara esa máquina.

-¿Olvidas de quién era el cuerpo que usaste para lograr todo esto?- George no parecía tener suficiente de la discusión

-Lo use porque eso fue lo que tú me pediste.

-Porque creí que nos haría trabajar juntos, pero solo tú has sido el de las decisiones importantes. ¿Y yo que? ¿Qué he hecho este último tiempo?

Arzon se quedó callado, contemplando ante él las enormes garras que poseía ahora. Su enojo quería obedecer el impulso de estrangularlo, pero se negó ante tales deseos. George se sentía ignorado, y aunque el enojo quería sacar lo peor de él, su firmeza y ego le impedían rebajarse ante su jefe.

-... Sé que algo me ocultas, Arzon. ¿Cuál es tu verdadero plan?

Los ojos del demonio se clavaron sobre los suyos. El silencio era frio pero mortal, pues ambos reconocían perfectamente su situación. El demonio quería aniquilarlo cuanto antes, y George no pararía hasta que la verdad estuviera sobre la mesa. Los segundos pasaron sin pena ni gloria. Ante tal acto, George, aunque con las manos vacías, había obtenido la respuesta que necesitaba.

-... ¿Sabes? Debí haber empezado a dudar sobre esta “alianza” hace mucho tiempo. No eres más que una farsa.

El científico dejaba sobre sus garras el broche de la organización, preparándose para partir caminos. Sin embargo, su jefe lleno de impotencia, le dirigió la palabra una vez más.

-¿Quieres serme útil? Haz exactamente lo que te pediré ahora. Presta atención.

Arzon había sentado al científico sobre el panel, de cara contra el vacío del gran hueco. Este buscaba entre sus archivos la causa de su recado. Miles de cajones oyó abrir, miles de papeles caer y otros cuantos rasgarse. Al voltearse a mirar que pasaba, el tosco cuerpo del demonio le cubrió la visión.

En sus garras cargaba un particular libro de cuero café, con un idioma antiguo que ni el tiempo podía reconocer. Lo presentó sobre las manos del científico, quien lo observó con lujo de detalle. Era el libro que lo había guiado al pueblo de Solárne. Se parecía mucho a otro documento que el maestro poseía, Arzon contó las leyendas acerca de su contenido, su poder y su importancia en las guerras de los demonios.

-La aguja del extractor fue derretida por Teru. Necesitamos de un material que debilite sus poderes y extermine al demonio dentro de él. Solo así podremos acabarlo.

-Nos tomará tiempo encontrar algo así. Tendremos que reventar montañas, excavar cuevas en busca de minerales...

-No precisamente.

Pasando página por página, ambos seres iban camino hacia su objetivo. George no podía creer a todo a lo que tenía acceso; los secretos de Isla Frontera estaban frente a él. Era una enciclopedia de monstruos, un atlas del bosque, un mapa subterráneo y más aún: un libro de la historia y pasado de la humanidad.

El dedo del demonio se detuvo sobre un segmento particular. Intrigado, el científico leyó cada detalle del artilugio. Era un alargado filo de cuarzo tallado sobre el mango de marfil. Los petroglifos, figuras y patrones se desplegaban sobre su cuerpo, que se hundía entre los escombros y restos de un enorme cráter. Ante las ilustraciones, el arma revelaba su nombre particular; “Exorcismo”

-Eso es...- El científico estaba despampanado.

-Una espada de cuarzo. Un antiguo artilugio de una era pasada; “un arma ancestral”. Quiero que vayas a ese cráter y la traigas a mí.

Aunque la misión sonaba sencilla. Algo hacía que una fría y densa brisa se esparciera sobre el cuerpo de George. Había algo en la atmosfera de aquel lugar que le olía fatal. Era inquietante, era abrumador, era doloroso. No sabía que era, pero no quería ni imaginar que yacía allí.

-Si aceptarás, solo tienes una condición. Quiero esa espada aquí para hoy en la noche. Si para mañana no la consigues, mejor ni te presentes.

El científico tragó sus miedos de un solo respiro, estaba dispuesto a proteger su orgullo y su misión de venganza. En una firmeza que duró pocos segundos, George se levantó contra su jefe para aceptar la misión. Ambos se miraron desafiantes, George sabía que cometió un error. Pero ya era demasiado tarde.

Arzon había conseguido lo que quería. Se fue riendo hacía la azotea, siendo iluminado bajo los tubos de sus creaciones. Aquellas luces químicas sacaron a relucir a detalle de su nuevo cuerpo.

-Ahora podemos dar por iniciada la una nueva fase de nuestro plan.- Decía Arzon en posesión de un clon del maestro. Su rostro portaba las escamas de una mascara incompleta, dejando su rostro desnudo ante la oscuridad. Era un clon imperfecto, pero la impaciencia del demonio había sacado lo peor de si. Ahora, era solo cosa de tiempo hasta que la verdadera catástrofe cayera sobre la isla.


-Capitulo 42: Exorcismo.-

Comentarios