Capítulo 41

 -¡Priscila, Priscila!- La chica demonio gritaba en busca de su compañera, quien había desaparecido hacía la zona más oscura del bosque -¿Dónde estás?

Ante ella se alzaban los arboles secos, la tierra y el fango. Ni una señal de vida se hacía presente, hasta el pasar de unos meros segundos. A sus alrededores escuchaba como los arbustos se meneaban uno por uno en una hilera. Esa debía ser la pista que buscaba.

-Solo déjame mantenerte segura, este lugar es peligroso.

Sin titubear Tamara abrió los arbustos ante ella, notando que la chica había desaparecido por completo. Huesos tronaron con eco a través de la penumbra, mientras la tierra crujía con el arrastre de un objeto alargado.

El demonio se puso alerta, la chica humana traía algo entre manos.

La oscuridad no le permitía ni siquiera ver sus pisadas, se había esfumado en el aire. No había nada bajo ni sobre ella. En ese entonces, el demonio volteo al sentir unos rápidos pasos tras sus espaldas. Frente a ella se aproximaba la humana, quien temblorosa sacudía un gran bastón como si fuera un plumero.

Ambas chicas sujetaron de la vara empujándola la una hacia la otra. Aunque ambas lo aparentaran, ninguna tenía la intención de dañarse.

-¿¡Que haces!?- Tamara emprendía todas sus fuerzas sobre la chica. No podía sentar cabeza sobre la situación. Priscila también empujó de regreso, haciendo retroceder al demonio y tomando la oportunidad de escapar. Se sumergió nuevamente en la oscuridad, con el demonio intentando ir tras de ella.

-No lo comprendo ¿Por qué estás tan molesta?

-No eres humana, lo siento, ¡no lo entenderías!- La voz de Priscila no daba indicios direccionales, se había esfumado de nuevo.

Un arbusto tembló al otro extremo del sendero. Tamara silenciosamente se acercó hacia el matorral para no levantar alertas. A medio sendero, intentó nuevamente negociar con ella.

-¡Puedo intentar, solo explícamelo!-

Al abrir el matojo con total delicadeza, pudo presenciar que la nada misma le esperaba allí dentro. Confundida, escuchó desde la penumbra un sonido particular. Eran ramas y hojas secas partiéndose al tacto. Al discernir que aguardaba tras aquella cortina oscura, una bola de tierra y hojas voló para golpear su rostro. Su visión estaba nublada, y con esto Priscila encontró tiempo para escapar de verdad.

-¡Estoy aterrada de que existas!

Sin embargo, casi instintivamente, Tamara sujetó del hombro de la chica. El demonio había descubierto algo nuevo dentro de sus habilidades. Los sentidos de su cuerpo podían volverse extremadamente agudos, detectando cualquier cosa que pasase delante o detrás de él. Pero aún así, no sabía como había logrado semejante cosa. 

Priscila quitó su garra de encima y corrió hacía la oscuridad para esconderse nuevamente. Tamara aún estaba cegada por la tierra, y ya creía darla por perdida de nuevo. Pero sus instintos la llamaron nuevamente.

Eran los pasos de la chica, podía oírlos muy lejos a la distancia. Rápidamente se adentró entre los arboles para seguir el mismo camino que ella. A medida que limpiaba su rostro, Tamara notaba como sus pies se hundían cada vez más en un denso y liquido terreno.

Era fango venenoso. El estado de alerta del demonio había empeorado, debía encontrar a Priscila antes de que se metiera en un aprieto.

-¿Por que estás asustada de mi?- El demonio se sentía dolido, insistiendo en no hacerle daño a la chica

A lo lejos un difuso eco envolvió el bosque.

-Eres... Eres la encarnación de todos mis males, naciste para reflejar eso... Eso es lo que siempre se ha explicado. Pero tu no deberías existir, no de está forma.

Tamara se abrió paso entre el fango con urgencia.

-Siempre fui una buena niña. Paciente, silenciosa y obediente. No lo entiendo. ¿Cómo es posible? No soy una mala persona. No soy un monstruo...

-Se que no lo eres, se que es sentirse indeseada... Pero yo no escogí nacer de esta forma Tampoco quise poseer tu cuerpo. Ninguna de las dos tuvo elección respecto a nuestra fusión.

El silencio creció entre ambas chicas. Tamara se aproximaba lo más rápido que podía

-Nos vemos igual, eso es cierto. Pero para mi eso no significa nada, y para ti debería ser lo mismo. Soy mi propia persona... He cometido errores, y hasta yo misma he sentido que soy la villana de esta historia. Pero si estoy aquí, dedicando mi tiempo para ayudarte, ¡Es porque no soy quien crees!

El demonio podía presentirlo, estaba muy cerca de la chica. Solo unos pasos más y lo lograría.

-Arzon, por el otro lado, él nos hizo esto; él nos fusionó. Tenemos que detenerlo y solo así nadie más tendrá que pasar por lo mismo. 

Sin embargo, al llegar al lugar donde acababa el rastro de la chica, no había nada. El demonio estaba varado entre las hojas de loto y los cipreses del pantano. Algo andaba mal, la chica había estado muy callada todo este tiempo. 

Tamara creyó haber avanzado unos pasos adelante, sin embargo aquel movimiento no correspondía a algo propio. Los lirios se estaban moviendo junto a ella, pero los arboles se mantenían igual. Sentía como el barro bajo sus piernas se deslizaba, y como el agua parecía empujarla en una corriente.

Intentó retroceder, pero era inútil. Con los segundos el flujo del pantano se volvía cada vez más intenso. A medida que avanzaba, divisaba que aquel extremo al otro lado de la ciénaga se abría lentamente. Una gran caída se formaba frente a los ojos de Tamara, quien finalmente construía la imagen de lo que estaba por venir; una gran catarata.

-¡Priscila!

Sin pensar en si misma, Tamara se abrió directo hacia la cascada con toda la fuerza que tenía. Desde las alturas, se dejó caer junto a la corriente en un gran salto, observando el denso lago fangoso bajo sus narices. No quiso perder más tiempo y se clavó en picada a un mar de toxinas.

Las aguas infestabas de suciedad apenas daban rastro de donde podría estar Priscila. Tamara nadó desesperadamente buscando alguna pista, pero nada se cruzaba frente a ella. Desesperada, empezó a nadar hacia lo más profundo.

El agua entre su palma, ojos y oídos, y el constante aleteo hizo que algo reaccionara dentro de la chica; eran sus habilidades demoniacas. Podía sentir hasta las más mínimas ondas que su garra empujaban a un lado. Detectaba donde comenzaban, a donde iban, y donde terminaban.

A sus alrededores pudo sentir como diminutas criaturas nadaban en el lago. Sintió sus aleteos, y como sus corrientes rebotaban contra ella.

Sin embargo, algo más grande estaba empujándola con fuerza bajo sus narices. Era un manojo de ondas que se disparaban en todas direcciones. Ninguna criatura podría lograr tal disturbio, a menos que fuera del mismo tamaño que ella.

Empezó a nadar contra la señal, debía encontrar a Priscila antes que dejara de moverse. Cada segundo contaba, pues si la escasez de oxigeno no acababa con ella, las fuertes toxinas del fango lo harían.

A las afueras del lago, el sol lograba cruzar las más tercas ramas de los arboles. Sapos, anguilas y demás criaturas nadaban en total serenidad ante el agua. Entre ellos, una criatura superior se alzaba para retomar la superficie. Traía sobre sus hombros a una chica humana, mientras jadeaba e recuperaba el aliento en total derrota.

Tamara recostó a la chica inconsciente sobre las orillas, contemplando lo que las toxinas habían provocado sobre su cuerpo. Sus venas y arterias se habían vuelto totalmente purpuras, palpitaban en agonía. 

El demonio estaba desesperado, tenía que hallar la forma de curarla. Aquel veneno no era uno convencional, pedir ayuda solo derrocharía el tiempo directo a su muerte. Tamara por el otro lado era completamente inmune ante aquellos elementos.

Al recordar su cualidad como demonio, la chica logró construir un plan que si bien podía fallar, intentar era lo mínimo que podía hacer.

Con sus colmillos, Tamara mordió del brazo de Priscila, extrayendo y tomando para si misma todo el veneno de su cuerpo. Apresurada, absorbió con mayor fuerza antes que el veneno surtiera sus efectos. Lentamente, el demonio contemplo como las venas de su amiga se limpiaban de las toxinas.

Al haber extraído todo el veneno, el demonio arrancó de sus hombros las escamas que traía como suéter. Ágilmente envolvió la herida de la chica y le ató un nudo. Al ver que todo estaba ya en orden, tomó su pulso en el cuello. Su corazón palpitaba, y la chica todavía respiraba. Lentamente comenzó a abrir sus ojos, y para sorpresa del demonio, la humana no se había espantado con su presencia. Tamara suspiró del alivio, echándose al suelo totalmente derrotada.

La velocidad de sus acciones la había dejado más que agotada. Ahora que Priscila estaba a salvo, su demonio al fin obtenía algo de tiempo para si misma. Nunca había pensado detenidamente la idea de que ella fuera un demonio, y ahora que contemplaba sus habilidades en acción, comenzaba a asimilarlo todo.

Tal como Priscila, sintió que toda su vida hasta este punto había sido una farsa. Y desafortunadamente, lo único en lo que podían coincidir es que ambas fueron malas vidas.

-...Perdón por forzarte a hablar, no debí haberte puesto bajo presión. Solo hice las cosas peor.- Dijo Tamara

-No, yo debería pedir perdón. Intenté atacarte y te dije cosas muy horribles. Lo siento, todo esto es mi culpa.- Respondía Priscila

-No lo es, solo intentabas defenderte, estabas asustada.

-Pero no te merecías algo así, solo intentaste ayudarme.

Ambas chicas se miraron fijamente, después de todo lograron comprenderse la una a la otra. Abruptamente, se rieron al aire libro viendo la situación en la que se habían atrapado.

-Esto es tan ridículo.

-Si... Creo que ambas pudimos haberlo hecho mejor.- Dijo Priscila con una tímida sonrisa.

La humana y el demonio miraron serenamente los rayos del sol atravesar las hojas. Apuntaban a las aves que volaban y hablaban de trivialidades juntas. Sentían que todo el tiempo del mundo estaba en la palma de su mano.

-Extrañaba esto.- Dijo Tamara

-Un momento de tranquilidad.

-Si. Creo que lo he perdido casi todo. Mis poderes, mis amigos, mi brazo... pero aún asi, hay algo bello en estar aquí y ver esto.

-¿Ya no tienes tus poderes?

-No. Ese infeliz de Arzon me los quitó.- Tamara estaba molesta.

-Que horrible... La telekinesis realmente es un arma peligrosa, puede lograr lo que sea en manos equivocadas.

-¿Como lo sabes? ¿Me has visto en acción?- La chica demonio intentaba lucirse.

-...Bueno, si. Eras buena, pero cuando usabas tu poder no solo te dañabas a ti, también me dañabas a mi. Así que cada vez que podía intentaba acercarme a ti para decirte que te detuvieras...

Una inesperada pieza del rompecabezas caía ante las manos del demonio. Tantas cosas habían pasado en ese ultimo tiempo, que olvidó por completo que hubo una voz en su cabeza alguna vez. Ahora, la tenía frente a ella de la forma mas inesperada posible.

-¡¿T-Tu eras esa voz en mi cabeza todo este tiempo?!- Tamara gritó en asombro y shock -¡Lo lamento tanto, lo siento!

-Tranquila, no lo sabías... Hice lo mejor que pude para protegernos.- Priscila intentaba animar a la chica.

-¡Debí haberte oído más a seguido!- Pero esta seguía cargando con la culpa.

-En serio, está todo bien. Entonces luego de esto... debes ir con Arzon a recuperar tu poder, ¿verdad?

-Si. Haré lo posible por quitárselo de las manos, y cuando lo haga, lo aniquilo.

-...No puedo creer que te haya hecho eso, que horrible. Jamás pensé que el sería de esta forma.

-¿A que te refieres? ¿El era diferente antes?- La curiosidad invadió intensamente a Tamara.

-Muy diferente... Era amable, carismático, diría que hasta gracioso. No había nadie como él. No entiendo que salió mal, o en que momento cambió.

-...¿Cómo sabes todo eso?- Algo de su dinámica con el demonio mayor generaba inquietud en la chica.

Priscila al notar su desconcierto, tomó asiento frente al lago, abrazando sus rodillas para consolarse a si misma. Estaba nerviosa, y no podía creer lo que iba a dejar salir por su boca. Pero sabía que la chica demonio requeriría de dicha información para seguir su aventura.

-Arzon es... es como Greg. Él es tu padre adoptivo, ¿verdad?

-Si, lo fue.- Tamara creía saber a donde apuntaba todo esto.

-Pues... Arzon fue mi padre adoptivo.

Las ligeras ondas del lago y junto al cantar de las aves llenó el silencio que se generaba entre ambas chicas. Tamara estaba completamente petrificada, en silencio y con la mirada clavada en su amiga. Priscila por el otro lado, se preparaba a suspiros para poder contar su historia.

-Recuerdo que cuando era pequeña, él me recogió de las calles de la ciudad. Era una niña huérfana. No tenía un brazo, ni comida, ni techo donde vivir. Dormía en cajas de cartón y envidiaba tanto ver a las familias por la calle. Nunca conocí a madre, tampoco a mi padre. Ni siquiera se si existen, siendo honesta.

Las ranas frente a sus pies saltaban en conjunto directo al lago, donde nadaron y se perdieron entre las plantas.

-Un día durante la noche vi como una sombra altísima me esperaba frente a mi caja. Era él. Le tenía un gran temor a la oscuridad, y logró asustarme muy fácilmente. Pero él tenía otra intención, me adoptó bajo la promesa de que me cuidaría y me daría todo lo que quisiera. Creí en su palabra, y así me llevó al mundo de los demonios. 

Tamara no emitía ningún ruido, mucho menos un movimiento. Estaba concentrada en un cien por cien.

-Tuve una vida fascinante. Todos los días era un banquete, un regalo, o algo que me ponía patas arriba. Solo había una condición. Nadie debía saber de mi existencia, y así lo mantuve. Todos los días estaba en casa, viendo la tele o jugando con mis juguetes. Nunca sospeché nada de lo que traía tras sus espaldas. Unos días antes del "suceso", enfermé. Empezó con un leve resfrió, pero poco a poco fue escalando a una intensa fiebre. No importaba lo que él hiciera, nada podía curarme. Pasaron los días, hasta que decidió que era hora de romper la primera condición que puso.

Los alrededores de la ciénaga se desmontaron para traer a la vida el recuerdo de la chica

-Me llevó de visita a su laboratorio por la madrugada. No había nadie, así que tenía todo el lugar para mi. Me mostró las máquinas, sus investigaciones y más... Pero algo estaba mal. Conmigo. Recuerdo bien lo que me dijo. "Tienes una grave enfermedad, Priscila. Pero hallé la forma de curarla. ¿Confías en  mi?" Me llevó de la mano a su sala personal de experimentos, era un lugar frio y opaco. No había nada, era un cubo totalmente vacío.

Tamara detectó el patrón en aquellas palabras; era la misma trampa que le tendió a ella.

-Estaba algo asustada, y para cuando me voltee a verlo me di cuenta que había desaparecido. Las luces se apagaron en un segundo, y yo corrí a golpear la puerta. Lloraba sin saber que la habían bloqueado desde afuera. Entonces lo vi, "la bestia". Detrás de mi un monstruo enorme se me acercaba. Tenía grandes ojos y colmillos, con una mano parecida a un gancho. Intenté seguir empujando la puerta, sentí como mi corazón se subía hasta mi garganta. Pero apenas rugió ante mi, todo se fue a negro. No recuerdo nada de lo que pasó después, solo que un día desperté en medio de una cena familiar. Tenía una madre y un padre, pero quien hablaba con ellos no era yo.

Tanto Tamara como Priscila habían regresado al presente. Ahora la chica demonio entendía todo con claridad.

-Soy un demonio que nació del miedo... Y mi poder...

-No entendía por que Arzon hizo lo que hizo. ¿Cómo pudo abandonarme así? Deseaba saber que pasaba por su cabeza en esos momentos.

-Tiene sentido.- Ahora, la chica demonio comprendía el origen de todo su ser.

-Lo lamento tanto, si es mi culpa después de todo.

Sin embargo, Tamara no tenía tiempo de sentirse mal. Se alzó rápidamente intentando encontrar una salida al bosque, Priscila le acompaño tras ella, confundida y algo agitada.

-¿Que sucede? ¿A donde vas?

-Debo irme de aquí rápido. Teru, mi amigo, Arzon despertó su demonio. Un demonio que nació del enojo. Si consigue su poder estaremos todos muertos.

El peso del mundo caía nuevamente sobre Tamara, mientras la chica humana titubeaba en su siguiente paso. Tendió su mano ante el demonio, implicando cual debía ser la medida a tomar. Sus dedos se crispaban y su brazo temblaba, pero Tamara intentó su mejor esfuerzo por inspirar confianza.

-¿Estás segura?

Priscila no contestó, solo cerró sus ojos esperando a que todo terminara pronto. Tamara sin querer ser descortés, muy dudosa tomó de su mano. El proceso de fusión debería haber iniciado, pero las cosas se mantenían tal como antes. Ningún tipo de reacción se generaba entre ambas, era inútil. 

Ambas suspiraron en desaliento; desaliento que en verdad solo cubría el alivio de ambas. Ahora que ambas no podían volver a ser como antes, Tamara pensó que quizá sería lo mejor dejar a la chica ir, tal como ella lo deseaba.

A las afueras de la ciénaga reposaban los más lejanos prados y colinas de la isla. Pero aquellos serían los últimos que divisarían, pues a lo lejos se encontraba el ultimo paramo del bosque, junto a las altas montañas de nieve.

Tamara no estaba segura si dejarla sola en su totalidad, pues a duras penas logró sobrevivir el pantano. Sin embargo, Priscila quería un poco de espacio para poder crecer. 

-Creo que aquí nuestros caminos se dividen.- Dijo la chica humana algo nerviosa

-Si, eso parece. Pero antes que de te vayas quiero que tengas esto.

El demonio sacaba de su bolsillo el molinillo que el señor Lewis le había regalado.

-Si necesitas un lugar donde ir, álzalo en el aire. Quizá su dueño no pueda ayudarte ahora mismo, pero hay miles de otras personas allá fuera que pueden hacerlo. Te llevarán directo a un pueblo rural.

-Vaya... pero ¿de verdad quieres dejar esto conmigo? Se ve muy importante.- Priscila se sentía insegura ante el gesto, era demasiado para ella.

-No te preocupes, siempre puedo hacer otro. Ahora ve.

Luego de una gran riña entre ambas chicas, las dos finalmente podían sonreírse en completa honestidad. Priscila emprendió su camino hacia las praderas, cargando sobre su hombro un saco de trozos de madera, champiñones y otros vegetales.

A pesar de despedirse con una calurosa felicidad, Tamara no podía evitar pensar que algo hacía falta. Ahora que ambas estaban separadas, el rompecabezas estaba incompleto, y la chica no sabía si debía permanecer así o reunir las piezas a su debido tiempo.


-Capítulo 41: Humano y Demonio, Parte 2-

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