CAPÍTULO 27
Los minutos pasaban fría y silenciosamente entre las chicas, congelando sus miradas ante la comida del restaurant. Tamara quería poder tener las agallas de decirle algo a su amiga, pero su inquietud hacía que hasta ella se sintiera inquieta. Toda la situación de su encuentro en la feria la mantenía distraída y distante.
-Oye, ¿Segura que estás bien?- Tamara inició la conversación.
-Ah, si, claro...- Reggie reía de los nervios.
-Reggie, si esa chica te hizo algo puedes decírmelo.
-No, para nada. Ella no me ha hecho nada malo. Preferiría contarte después, ¿Si?- Decía ella mientras alistaba sus cubiertos para llenarse la boca.
Tamara no podía quitarse la preocupación de encima, además de sentir que algo estaba mal en sus palabras. Sentía que sea lo que sea hubiese eso esa chica para dañar a Reggie, no la hacía muy diferente a ella. Intentaba hacer sentido de todo, pero la culpa de su situación con Teru le hacían pensar que no tenía cara para defenderla.
-Parece que te gustan los mariscos.- Reggie se refería a la sopa de su amiga, queriendo desviar toda la situación.
-Oh, si. Bueno, eso es lo que pasa cuando tu padre pasa mucho tiempo pescando. Es la primera vez en mucho tiempo.
-¿Ah si?
-Si, es que el pelo se me cae mucho, y no hay nada peor que mancharse los dedos en sopa para sacarlos.- Tamara no tenía idea de por que había dicho eso, pero lo hizo. Ahora estaba muy avergonzada. Pero a Reggie no parecía importarle demasiado.
-Quizá te faltan vitaminas o estás muy estresada. Pero aún así, tu cabello se ve bastante bonito y saludable. Tienes que cuidarlo.- Su amiga complementaba amablemente.
-Gracias.- Tamara se sentía aliviada
-¿El color es natural?
-Si, totalmente. Pero a veces me gustaría teñírmelo de rojo.
-¡Ay no! Las personas que se tiñen de rojo pasan por una etapa de rebeldía terrible.- Reggie intentaba juguetear con ella, y Tamara no hacía más que reír a su son.
-Creo que la etapa lleva activa mucho tiempo.
-A mi también me gustaría teñírmelo, las puntas de color rubio específicamente.
-Que genial, creo que se te vería muy bien. Sería mucho mas sencillo si tan solo...
-Si, lo sé. Si tan solo estas cosas no fueran parte de mi cuerpo.
-Sería como "tatuarse la cabeza"
-Ay, cállate.- Decía Reggie riendo junto a su amiga. Ambas ya estaban de humor y se habían decidido por comer al fin.
El sol se estaba escondiendo lejos de la isla, y las paredes del templo abandonado eran marcadas por la invisible presencia del frio. Teru estaba durmiendo al lado de la fogata, y es despertado abruptamente por las pisadas de Nick. El chico notaba como los brazos de su chaleca habían sido reventados y quemados por una fuerza indescriptible.
-¡Nick, tus brazos! ¿Estás bien?
-Ah, si... Tuve un pequeño altercado.
-¿¡Que!? ¿Con quien?
Nick no quería responder, estaba mas amargo que antes. Sobre su cabeza, Teru podía notar como unos nuevos y diminutos pares de cuernos se asomaban por sobre los otros.
-...Oye, ¿y esos?
Su compañero demonio se llevo las manos a la cabeza, con la idea de que un imprevisto había ocurrido. Sintió los cuernos entre sus dedos, y rápidamente su cara cambio. Se veía frustrado e inquieto. Giró la cara a un lado, como si quiera evitar que Teru siguiera observándolos.
-Nick, necesito saber que está pasando.- El chico se armaba de valor para hablar con su compañero
-No hay nada de que hablar ahora.
-¡Nick, háblame por favor! ¿Con quien peleaste? ¿Qué está pasando? ¿Qué te está pasando a ti?
-Deja de meterte en mis asuntos.- El chico se apartó de él, encaminándose hacía las cajas donde escondía su maquina. La destapó para comprobar si se mantenía intacta, y así estaba, tal como lo presentía.
-Si quieres hacer algo útil mientras estoy fuera, vigila la maquina. Y no estorbes. ¿Entendido?
Teru progresivamente se daba cuenta de que desde que él presenció aquella maquina, su actitud dio un giro completo sobre si misma. Había algo en ese aparato que impulsaba hacía afuera lo peor de Nick, y su amigo estaba dispuesto a averiguar que era.
-Entendido.- Dijo agachando el moño, mientras pensaba como llevar a cabo su plan.
Mientras tanto, en el salón principal, bajo una pila de escombros se alzaba un brazo. Era una mano cubierta en una armadura morada que deslizaba su cuerpo hacia la luz. Rodó por encima de los escombros y dejó a sus pulmones tomar aire limpio; era J.
Su cuerpo estaba lleno de marcas, heridas y cortes de espada. A pesar de su pésima situación, sentía que había sido un milagro el que sobreviviera. Comenzó a gatear lejos del salón hacía la salida, desesperado, con el pecho y la nariz ardiendo.
-Debo conseguir ayuda... ¡Debo conseguir ayuda!.- Se decía a si mismo entre dientes.
Minutos después, el ninja desapareció. Y consigo se llevó la puesta del sol, las estrellas tímidamente se asomaban tintineando con debilidad. Reggie y su amiga habían paseado lo suficiente por el pueblo, lo habían visto todo y probado todo. Era hora de volver a casa, y eso significaba que Tamara tendría que volver a enfrentar al padre de su amiga.
Temía de que este supiera que ella es un experimento. Se sentía como un monstruo peligroso y fugitivo, el cual estaba a punto de cruzar la puerta nuevamente. Dentro, les esperaba el padre sentado en la mesa leyendo el diario. Frente a él, estaba su esposa tomando té. Ambos parecían comentarse el uno al otro las noticias más recientes, mientras su hija más menor dormía en el sillón.
Reggie se sentó junto a ella, y Tamara junto a su amiga. Esta temía que el padre le hiciese aunque fuera una pregunta sobre su identidad, pero los minutos pasaban y nada de esto sucedía. Las miradas cesaron, y supuso que también lo hicieron sus sospechas. La hija mayor empezó a hablar con él, sin percatarse de la situación. El padre recuperó la concentración, y habló con ella. Ambos parecían llevarse muy bien, desprendían confianza.
Reggie le pidió que les contara a Tamara una de sus famosas historias de pesca. El padre estaba algo avergonzado, riendo nerviosamente. Pero su esposa insistió, y del ruidoso entusiasmo, su hija menor se levantó a escuchar la historia.
El padre cedió ante la presión, advirtiendo que no se haría responsable si a su amiga se le caía la quijada del asombro. Y así, Tamara dejó a sus oídos presenciar una historia que la dejó patas arriba. Le recordaba a las películas de acción que solía ver en casa cuando era una adolescente.
A pesar de la presión de que su secreto fuera revelado, Tamara podía notar como por encima de todo la familia de Reggie era una familia bastante cálida y unida. Sentía que había pasado ya mucho tiempo desde la ultima vez que se sintió así.
Todos reían, charlaban y bromeaban. Tamara se unía a ellos, dejándose llevar por la felicidad que residía en su corazón. Y al parecer, todos recibían a la chica con los brazos completamente abiertos. Tamara deseaba poder ser una hija más en aquella familia. Podría pasear y hablar más con Reggie, jugar más a las muñecas con su hermana menor, y podría apoyar a su madre de alguna forma, aunque fuera la más mínima.
Pero aquella felicidad se disolvió en amargura ante el temor de que quizá, su secreto destruyera el círculo que comenzaba a formar. Pensó que no merecía aquella felicidad al verse como un monstruo; por haber dañado a su único amigo y por mentir sobre su identidad.
En las profundidades de su corazón y mente, resonaban las palabras, acciones y humillaciones de su padre real. Por más que lo odiara y por más que los años pasaran, su indiferencia le dañaba más que antes.
Tenía la sensación de que la pena, la culpa y la infelicidad la perseguirían por siempre. Pensaba que la única salida tras sus pecados sería irse lejos, lejos donde nadie la viese ni le hablase. Un lugar donde no tuviese que hacer más mal a nadie. Quizá ese era su destino, estar sola para siempre.
Aquella soledad era paralelamente compartida por su antiguo amigo; Teru, quien aún lidiaba con el misterio de su compañero. Este no hacía más que observar la salida del escondite, buscando los rayos del sol a través de la puerta a lo lejos.
Sigilosamente, su amigo se acercó hacia las cajas en busca de la dichosa maquina. Las destapó sin emitir ni un ruido, y la observó con lujo de detalle. Era el mismo aguijón gigante, pero ahora sus cables sueltos se unían directamente a la maquina, como si nada tuviera que escaparse de allí. Por un costado, se alzaba diagonalmente una manga metálica.
Teru intentó introducir su mano a través de esta, pues parecía estar diseñada para ser sujetada por dentro. Se mantenía en sigilo, mientras miraba tras él a su compañero que no parecía detectar nada. Todo estaba en orden. Regresó sus ojos sobre la maquina, dispuesto a continuar con su misión. Sin embargo, en tan solo un santiamén, algo había cambiado. Algo estaba mal. Los nervios y el frio corrieron por su espina al sentir sobre el la perforante mirada de una extraña presencia.
Rápidamente, el demonio retuvo la mano del chico con su garra. Este la alzó lejos de la maquina, observándolo con una expresión molesta. Teru se levantó junto a esta, intentando darle a Nick una explicación.
-¡Nick!, creí que-
-No lo toques otra vez.
-Pero-
-No, la, toques.- La presión sobre la mano de su compañero aumentaba gradualmente. Teru se sentía débil ante él. Se quejaba entre dientes por la fuerza de la garra, pidiendo clemencia.
-Nick, por favor. Basta, me estás lastimando...
Pero su compañero no escuchaba, estaba cegado y ensordecido por sus instintos. Las piernas de Teru temblaban a punto de darse por vencidas. Estaba sudando frio.
-¡Basta, por favor!
Su voz temblorosa no provocó ninguna reacción sobre el demonio. Pensaba intimidarlo, pero aquello solo fue un factor clave para el descubrimiento de una faceta desconocida.
-Pelea... Pelea...
La vida del chico pasaba frente a sus ojos; una vida llena de humillaciones y malos tratos. Recordó su escuela, recordó a Tamara, y ahora lo tenía todo y más frente a él.
-Pelea...
Su respiración se agitaba, la sangre de sus venas ardía como el fuego, mientras algo en su interior lo llamaba a defenderse.
El demonio arremetió con fuerza, desatando los cabales del chico. Con su mano presionó contra la garra de su compañero, la empujó lejos de su alcance. Nick estaba anonadado, y al momento, Teru también lo estaba. No sabía que era lo que había pasado, ni por que reaccionó de la forma en la que lo hizo. Estaba avergonzado, nervioso y lleno de miedo.
-Nick... Yo no...
El demonio no quiso oír ni una palabra más salir de su boca. Se acercó silenciosamente, tomó de sus hombros, y lo empujó al suelo. Su mirada estaba llena de repudio, mientras se acercaba nuevamente a la maquina.
Puso su garra a través de la manga de metal, y se encaminó hacia la salida junto a la maquina.
-No tengo tiempo para tus estupideces... Greg está cerca, lo presiento. Más vale que te quedes aquí.
-...Si, entiendo.- Dijo Teru rindiéndose ante todo.
Las piezas no conectaban; Nick estaba muy lejos de él, ¿Cómo se le apareció encima tan de repente? era imposible, pero fuera como fuera, ya no tenía sentido seguir pensándolo. Teru estaba desmotivado con un gran nudo en su garganta. Su mente susurraba burlescamente que esto era todo lo que tenía, tuvo y tendría por siempre; mofas, dolor y rechazo.
El fuego que quemó su corazón le estrechó el aire, picando su garganta como un tallo con espinas. Sollozaba ante la fogata, dejando salir su enojo apagado en lagrimas amargas. Deseaba poder mostrar al mundo lo que realmente sentía, pero temía al conflicto, y la frustración era tan aplastante que no podía decir nada sin explotar.
-¿Por que?...
Teru lamentaba haber oído a aquella voz que proclamó como su instinto. La jaqueca azotó nuevamente con fuerza las entrañas de su cráneo, poniendo su respiración y calor corporal al limite. Esta vez, ya no había nadie que pudiese ayudarlo:
-Es una lastima ver lo que la vida te ha hecho, chico.
Era una noche de penas y incertidumbre presentada por la luz lunar. La hora de dormir se aproximaba, pero Tamara no hacia más que observar las estrellas desde el dormitorio. Reggie ingresó en pijamas y unos lentes, dirigiendo la palabra directamente a su amiga:
-Bonita vista, ¿no?
-Si... El cielo aquí es mas... "Claro".
-Contaminación lumínica. Como somos pocas personas en este pueblo no muchos usamos la luz a estas horas.
-Es fantástico. Jamás hubiera sabido que un cielo tan hermoso estaba sobre nosotros.
-Ni que lo digas. Isla Frontera es un lugar lleno de maravillas ocultas.
Se recostó en su cama a leer un libro a la luz de su lámpara, pero notaba a su amiga todavía un poco inquieta. No podía ver su cara, ni daba ninguna señal. Pero ella sabía lo que percibía. Se levantó con la idea de ver las estrellas junto a ella, y así fue.
-Hey... ¿Qué pasa?- Decía Reggie.
Tamara estaba pensando que sería lo que le diría a su amiga, no sabía si debía contarle toda la verdad sobre su ser o seguir pretendiendo que nada pasaba. Pero las tristezas de su corazón no podían seguir siendo contenidas.
-Ver las estrellas me pone algo melancólica.
-¿Te recuerda a algo?
-Si... A un viejo amigo. Las estrellas eran uno de los rumores del mundo humano que siempre quise conocer desde muy pequeña. Mamá siempre le tuvo terror a estas cosas, y Greg estaba ocupado todo el tiempo. Pero cuando escapé a la tierra y conocí a Teru, lo primero que hizo fue mostrarme el cielo nocturno. No se veían tantas estrellas como aquí, pero... fue grandioso.
-Eso es un gesto muy dulce.
-El era muy dulce, en general. Es tonto, pero siempre he pensado de él como una estrella. Radiante, especial y fantástica.
-Algunas personas son las mas radiantes de nuestras vidas.
-Si, pero ya no está...
-No me digas que él...
-No, no. Él está bien, o eso espero. Llevamos días sin hablar, y está perdido. Necesito encontrarlo. Quiero verlo, pero no se si él querrá verme a mi. Muchas cosas malas pasaron y todo es mi culpa. Me gustaría haber sido igual de radiante para él, pero solo fui una idiota. Lo eché todo a perder.
-Oye, no digas eso. Se que debe ser duro, pero tampoco tienes que tratarte así.
-¿Pero entonces como debería? dañé a mi único amigo, y lo único que tengo ahora son estas tontas estrellas y las memorias. Pienso que mi lugar nunca fue allá arriba, y que mi destino solo fue caer y caer y caer, como...
-¿Como los cometas?
-Como los cometas.- Decía Tamara mirando nuevamente al cielo. Reggie creía entender lo que su amiga quería decirle. Apoyó sus codos sobre el marco de la ventana, y dejó salir todo lo que pensaba:
-¿Sabes? Aquella chica de la feria era el ser más radiante que pude haber tenido en mi vida. Éramos tan cercanas que pasábamos todo el día juntas... realmente nos sentimos inseparables.
-¿Y que pasó?
-Pues... Caí, tal como tú. Teníamos diferencias, y ella lo aceptaba. Pero la existencia de esas diferencias me hacía sentirme frustrada e "incompatible". Por tanto tiempo me enfoqué en ellas que acabamos discutiendo, y como nunca fui una persona de muchos amigos pensé que quizá era mi destino estar sola para siempre. Ahuyenté a la única persona que me hacía feliz, y mi mundo se estaba acabando. Aunque pudimos reconciliarnos, ya nada fue como antes. Eventualmente tomamos nuestros caminos separados.
Tamara sentía una enorme pena por su amiga, quien ya había cerrado un enorme ciclo con alguien. Al pensar sobre ello, temía a la idea de que este también fuera el destino que le deparaba a su amistad con Teru. No se sentía lista para perderlo, pero tampoco sentía que se merecía su amistad. Al menos, ya no.
-Es triste saber que ya no hablamos como antes, o que en el fondo nunca me perdoné a mi misma por lo que hice. Pero hay algo que aprendí que me gustaría poder decirte.
-¿Que es?
-El destino como tal no existe. Nada está escrito, ni siquiera por cuanto pienses que sufrirás. Y cuando empiezas a ver todo así, el mundo a tu alrededor se siente tan orgánico que si mañana llegas a sentirte bien, será una grata sorpresa. Y si no lo hace, bueno. Siempre habrá alguien allí para ayudarte y hacer grato el día.
-¿Y si no tengo a nadie...?
-Bueno, ahora me tienes a mi.
Tamara no tenía duda, Reggie era quien había ganado la discusión. Y ahora, sus hombros ya no se sentían tan pesados. Sentía el alivio y la calma de un abrazo que nunca se dio, y el apoyo incondicional de alguien cuya amistad no estaba escrita. Lo había decidido decidido, Reggie se había ganado su confianza. Pero no contaba con la presión de su eventual retirada, y el inminente adiós que se darían ante la aventura de rescatar un viejo amigo.
Antes de que aquél día llegara, Reggie y Tamara disfrutaron de la felicidad que les generaba su recién formada amistad; un placer ya no tan pequeño de la vida.
-Para mi, la pesca y mi familia son mi vida. ¿Y para ti?...
-Capitulo 27: Noche estrellada.-

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