CAPÍTULO 25
Había pasado un día desde que Greg revivió las memorias de su vida, y aún no tenía rastros de su hija desaparecida. Bajo la meseta, en el bosque, el sol atravesaba con sus rayos las copas de los árboles hacia el sendero. Y Tamara continuaba vagando sin plan ni rumbo alguno por este. La chica tenía demasiado en su mente; palabras y frases familiares no hacían mas que dar vueltas y vueltas dentro de ella. Sentía que pronto iba a estallar.
-"...Honey y yo acordamos no decirte nada."- Le decía la difusa voz de su padre
-"Un ejemplar casi perfecto."- Le decía la difusa voz del chico escorpión.
-"...Tu ya eres como yo. Solo que aún no te quieres dar cuenta."
La chica sujetaba sus brazos, en un intento de consuelo para no desmoronarse. Era el fin de su mundo tal y como ella lo conocía, pensando que todo era producto de la maleza de su padre y una guerra inconclusa.
-Siempre fui como él...-Se lamentaba por si misma. Su brazo purpura comenzaba a temblar de la frustración y le pena -Todo es su culpa, ¡Todo es su culpa!.- decía pensando en su padre.
Su brazo derecho tomó esto como una orden, y se volvió a transformar. Golpeó el suelo como un tambor, destruyó rocas con un solo puñetazo, arañó árboles quitándoles la corteza y la carne, partiendo incluso uno a la mitad... Todo lo que tocaba en su alrededor estaba condenado a la destrucción.
Gritaba de la frustración, admitiendo finalmente lo que creía ser; una bestia. Su alarido liberó una onda psíquica tan poderosa, que alzó por los aires todos los escombros. Pero su mente intranquila no le permitió transformarse otra vez. Dentro de ella, retumbaba un peculiar llamado. Ahogada entre el estado desenfrenado de la chica, la voz familiar le volvía a llamar:
-¡Detente! ya basta, por favor...
Tamara pudo oírla una vez más, era esa chica otra vez. Pero ahora, su visita le ocasionó una fuerte jaqueca. La chica luchaba por el control de su mente, con las nauseas haciendo un nudo en su garganta.
-¿Quien eres? ¿Eres el demonio? ¿¡Que mierda quieres de mi!?
Su cerebro se había vuelto un batido de ideas, sensaciones y emociones que no quería revivir. Rendida ante la voz, cedió con su cuerpo ante el suelo. Su brazo monstruoso regresó a la normalidad mientras recuperaba aire. Miraba a sus alrededores. Todo lo que estuvo a un metro de ella se había ido volando. Todo lo que subía, debía bajar. Y en orden, los escombros comenzaron a caer desde el cielo.
Las rocas se estrellaban obstaculizando su huida, mientras que las cortezas del árbol se clavaban como estacas a su alrededor. Estaba acorralada, y una enorme sombra se comenzaba a formar sobre ella. Cada vez crecía más.
-¡Cuidado!- le gritó su voz interna.
La chica sin pensarlo dos veces, saltó lejos de la sombra. Era el árbol que había descuartizado, impactó contra el suelo disparando sus astillas. Tamara al saltar, cayó sobre los arbustos, que se desenvolvieron en una colina empinada. Rodando tal neumático, se golpeó contra rocas, hiedras y arboles. La bajada fue tan larga y dolorosa que cuando llegó a los pies de la colina, sus sentidos ya estaban fallando. Su visión se difuminaba, sus oídos chillaban, y sus manos tiritaban.
Con sus ojos girando sobre si mismos, vio un rio cristalino bañado ante la luz del sol. A lo lejos habían más árboles, y entre ellos, caminaba un ser oculto en las sombras. Cargaba una enorme mochila, lo cual asustó a Tamara, quien creyó que podría tratarse de Greg.
-No...
El ser se acercaba hacia ella. Tamara intentó correr, pero su cuerpo se apagaba ante cada movimiento. Ya no sentía sus extremidades, y su pecho se hundía en su ultimo aliento. Toda su visión se fue a negro, desmayándose, y quedando a la merced de la entidad que la buscaba.
En las ruinas del templo, Nick y Teru se escondían para descansar. Habían encontrado un pequeño cuarto oculto, tras la murallas de la sala de los tubos cristalinos. Los temblores que provocó el monstruo de Tamara debieron de haberlo descubierto.
Pasando por aquel agujero, se encontraban cajas tapadas en mantas, ductos metálicos que colgaban del techo, junto a escombros de roca y telarañas. Teru se sentaba en el suelo con su uniforme puesto, viendo las heridas en sus irritadas piernas. Desde el hueco en el muro, se asomaba Nick, con un pequeño botiquín de emergencias.
-Tranquilo amigo, encontré esto afuera.- Dijo acercándose a su compañero rápidamente.
-¿Está bien así? Espero la venda no aprete demasiado.
-Si, está bien. Gracias, Nick.- Decía Teru aliviado.
-No es nada.- Nick se sentaba junto a él.
Las heridas estaban atendidas, pero el cuarto parecía ser bastante frio. El chico sombra veía como su compañero calentaba las palmas de sus manos con el aliento. Nick lanzó un rastro de neblina purpura, y frente a ellos, se formó una fogata. Teru sin dudarlo colocó sus frías manos frente a esta, para ver si podía sentir su calor.
-...Para ser una ilusión, este fuego se siente bastante real.
-Gracias. Con el tiempo, aprendes a perfeccionar tu poder.- Dijo Nick presumiendo para molestarle.
Las heridas y el frio estaban atendidos, pero ambos empezaron a sentir como el hambre les atacaba. Aún no habían desayunado, y el chico sombra había olvidado que debía buscar la comida junto al botiquín.
-Hey, ya se. ¿Qué tal si esta vez yo voy a conseguir la comida?- Teru quería compensar a su amigo.
-Tranquilo, yo me encargo de eso. Tú estas herido y hecho un muñeco de nieve. Quédate aquí, veré que encuentro.- Dijo Nick con una sonrisa en su rostro.
-Oh, bueno. Gracias.- Le decía su compañero devolviéndole la sonrisa.
Sin decir más, se retiró a buscar en los escombros de otro cuarto. Teru no podía evitar pensar en lo valorado que se sentía junto a él. Se sentía como un amigo real, quizá el único que había tenido de verdad. Sentía que serían amigos un buen tiempo, quizá hasta viejos.
-Cuando todo esto acabe, no puedo esperar a que salgamos. Podríamos ir al cine, tomar algo de café... ¿Pero le gustará el café? no lo sé. Quizá jugar voleibol en la playa, al atardecer. Si... La playa...
Teru sentía el calor de sus manos llegar a su pecho. Su estomago se hacía un nudo, y sus suspiros le hacían sonreír. Lo imaginó tomando su garra como cuando lo salvó. Soñó con que algún día pudiera cargarlo en sus brazos, o que pueda acurrucarse sobre su hombro.
Y en aquel atardecer que imaginaba, quiso poder verlo a los ojos. Y que sin titubear, sus labios se entrelazaran con los suyos. La mente de Teru se había vuelto una bomba de emociones intensas y magníficas para él. Pero a medida que reconocía estas sensaciones, más doloroso se tornaba volver a poner los pies sobre la tierra:
-Ay no... No, no... No esta sensación otra vez. ¿En que estoy pensando? Nick es mi amigo, y un demonio... ¿Un humano y un demonio juntos? Eso es imposible ¿Qué tal si le hacen algo? ¿Qué tal si me hacen algo a mi?...
Los pensamientos del chico se volvieron un veloz huracán, mientras los temores del pasado y el futuro le atacaban al mismo tiempo.
En el otro lado de la isla, escondida en una casona en la oscuridad del bosque, Tamara despertaba nuevamente. Esta abrió sus ojos, contemplando la nueva habitación. Las murallas eran de adobe con musgos y plantas creciendo de ellas. La cama era de madera y las sabanas estaban tejidas con un suave algodón.
-Es un cuarto similar al mío...- Pensaba ella, viendo las murallas con repisas llenas de peluches.
Tamara se levantó de la cama, pero cayó inmediatamente al suelo. Algo ataba sus brazos contra su cuerpo. Era una densa soga de jungla. Intentó liberarse de ella, pero sin ninguna herramienta a la mano no habría ningún resultado. La chica pensó en ocupar sus poderes, pero ya estaba muy exhausta. No podía generar ni una sola onda psíquica, ni aunque quisiera.
En un rincón del cuarto, pudo sentir una mirada clavarse sobre ella. Era la misma figura ominosa que se acercó a ella en el bosque. Sus ojos eran de un brillante color rojo. La chica se levantó rápidamente, y se preparó para el combate. Pero la figura no parecía querer pelear, protegía su rostro con sus garras.
-¡Alto! no quiero dañarte.- Era la voz de una chica.
-Tu nombre, dímelo ahora- Demandaba Tamara.
-Me llamo Reggie, Yo... sané tus heridas. Estabas muy golpeada. La verdad quería pasar de largo, pero me iba a sentir fatal si lo hacía. Tú eres una recluta, ¿no? tienes el uniforme del maestro.- Decía el demonio apuntando a la bata negra de la chica
-Es una rareza total ver a un humano trabajando para los demonios... Si me haces algo, gritaré tan fuerte que la policía vendrá por ti. Así que por favor, solo vete.
Tamara suspiraba del alivio, al ver que el demonio no tenía malas intenciones.
-Calma, tampoco voy a dañarte. No soy una recluta, al menos ya no... Fui forzada a unirme a las fuerzas militares del maestro hace años, y escapé. Además, esto es todo lo que uso, es lo único que tengo.- respondió algo avergonzada.
-...Entonces, tu eres una fugitiva como nosotros.
-¿También escaparon?
-El maestro no solo desterraba a la gente que se opusiera ante sus ordenes, desterraba a la gente que se interpusiera en su camino...
La chica en el rincón se alzó, y se acercó lentamente a ella revelando su apariencia. Era un demonio de cuerpo rellenito. Sus mejillas eran pecosas, y su cabello era sujetado en un moño redondo. Usaba jardineras de mezclilla con una polera amarilla debajo. Sus botas eran marrón, su piel grisácea y sus cuernos rojo carmesí; tal como Greg. Esta se sentó en la cama, interesada por saber más de la rebelde.
Pasaron los minutos, y Reggie ya estaba totalmente actualizada con la vida de su nueva amiga. La chica rápidamente supo sobre los "Guerreros Omega", sus aventuras, y su padre, pero no le contó acerca de su identidad como un experimento. La libertad con la que se burlaba de Greg y el maestro, hizo que la confianza creciera dentro de Reggie.
-Mi padre solía trabajar para el maestro, pero renunció por motivos que nunca me contó. Mi madre le apoyó en todo junto a mi hermana menor. Y cuando fue mi turno de unirme en las fuerzas militares, escapamos antes de que el destierro fuera oficial. Creímos que caeríamos en la miseria al no encontrar donde vivir... Mi hermanita no iría a la escuela, y mis padres no tendrían trabajo. Pero ahora, vivimos una mejor vida. Soy pescadora por hobby, pero aún así vendo mis ganancias al mercado.
-Vaya... Me imagino tu familia es muy linda- Decía Tamara algo deprimida, intentando ser gentil con su nueva amiga.
-Entiendo lo duro que ha sido todo. Lamento haber dudado de ti.
-No pasa nada, es normal. De todas formas, ¿Por que el nudo?- Tamara aún estaba atada de brazos.
-Ah, iba a quitarte el uniforme para venderlo a la tienda de antigüedades. Mi red de pesca no se va a comprar sola.
-Una completa inversionista.
Entre las risas, Reggie escuchó a la distancia el abrir y cerrar de una puerta, los pasos de una niña pequeña y unas bolsas de papel crujir.
-Ay no, es mi familia. Ya llegaron de las compras.- Reggie se levantó rápidamente a revisar su armario. De él, retiró unas cómodas y suaves prendas; un delgado pantalón de tela marrón, junto a un abrigo negro y un par de zapatillas rojas.
-¡Ponte esto, si ven tu uniforme estás frita!
En los ruinas del templo abandonado, Teru se daba vueltas sobre si mismo al rededor de la fogata. Pensaba y pensaba sin parar, pero ninguno de esos pensamientos era claro al cien por ciento.
-Muy bien Teru, no pasa nada. Nick es tu compañero, eso es todo. Quizá solo fueron pensamientos intrusivos... Si, es cierto. Nadie hace caso a lo primero que se le viene a la mente, ¿verdad?
Teru sentía que estaba enloqueciendo lentamente.
-Ay, santa madre de dios... ¿Por que siempre que hago amigos hombres me acabo enamorando de ellos? ¿De verdad soy tan patético? No, no... Alto. A mi no me gusta Nick. Si, a mi no me gusta. Es normal tener pensamientos románticos sobre tus amigos, eso dicen. Pero... ¿Por que al mismo tiempo se siente tan diferente?.- El chico pensó que se había vuelto un caso perdido. Nada le hacía sentido.
-No sabía que hablabas solo.- Nick lo interrumpió, asomándose desde el hueco en la muralla. Teru se espantó, creyendo que quizá escuchó todo lo que dijo.
-Tranquilo, no oí nada. Solo murmullos a la distancia.- Dijo el chico sombra riéndose para si mismo -Toma, atrapa esto.- Nick le aventaba lo que parecían ser raciones militares. Eran galletas de vainillas.
-¡Raciones para militares! Siempre he querido probar de estas. Los videos en internet dicen que son una delicia.
-Estás de suerte, encontré una caja entera y otras comidas más.- Decía el chico sombra enseñando las bolsas selladas.
-Tienes un buen ojo para la comida.- Dijo Teru intentando ser sarcástico, pero se avergonzó inmediatamente de haberlo hecho.
Nick había dejado unas bolsas de comida calentarse cerca de la fogata, mientras el chico humano se zampaba las galletas una por una. Estaba dejando migajas por todos lados, incluso su cara.
-Oye, Tienes un poco aquí- Nick apuntaba un sector de su boca, abajo del labio.
Teru se pasó la manga de su chaleca por la boca, intentando limpiarse. No se dio cuenta que su chaleco estaba manchado en tierra, así que se ensució más la cara.
-...Ahora está mucho peor
Rápidamente, se limpió la cara con el cuello de su chaleco. Intentaba reír junto a su compañero para olvidar la vergüenza.
-Que gustos mas raros tienes tu la verdad.- Le decía su compañero demonio.
-Bueno, créeme que no es lo mas raro que verás venir de mi.- El chico se dio cuenta de que había dicho algo que no debía.
-Ya, ya... no juegues al misterioso conmigo. Se que escondes algo por ahí. Ya se, empecemos con algo simple ¿Te gustan ver tele?
-...Si, me gusta- Teru sintió ese "comienzo simple" como una jugada de mala suerte. Estaba temblando con una sonrisa nerviosa en su rostro
-Excelente, ¿Y que te gusta ver?
-Eh... Bueno...- Teru se había vuelto un manojo de nervios, pero al mismo tiempo estaba entusiasmado. En un acto de impulsividad, dijo el nombre de su serie favorita:
-Chica Sideral S.
Esperó una respuesta negativa, aunque fuera una pequeña burla. Pero realmente nada ocurrió. Solo un silencio incomodo. El chico pensaba que esto era mucho peor que cualquier mofa que pudiese imaginar. Pensaba que ahora su compañero lo vería como un rarito. Arrepentido, imaginaba como se golpeaba el rostro a si mismo.
-Vaya, ¿En serio?- Nick estaba sorprendido. Teru le enseñó el llavero de la protagonista que traía en su billetera. No lo había mencionado, pero ella era su ídolo a seguir.
-Muy en serio ¿eh?, nada mal. No soy muy de caricaturas, a mi me gusta más "El Vidente". ¿No es gracioso? Tu con la fantasía y yo con los dramas policiales. Creo que podrías enseñarme una que otra cosa de Chica Sideral S.
-¿Y que podrías enseñarme tú? ¿Enterrar un cuerpo?- Decía el chico recuperando su confianza y lado sarcástico.
-Si vas a patear chicos malos, debes limpiar después.
Ambos chicos seguían riendo, y lo hicieron por un buen rato. Teru estaba sorprendido, Nick fue el único hombre que sintió que no le juzgaba con la mirada o sus palabras. Sus ojos irradiaban alegría, y su voz hacía que su corazón danzarín se derritiera poco a poco.
-Realmente soy un caso perdido...- Dijo el chico para si mismo, disfrutando del momento y sus emociones.
Mientras tanto, Tamara se alistaba para salir del cuarto de su amiga, desatada y en sus nuevas prendas. Su brazo purpura había sido vendado por Reggie, quien le creyó cuando dijo que solo se trataban de marcas de quemaduras. Esta no quería bajar las escaleras al living, pues sus dudas le detenían.
-¿Estás segura de esto?... soy una chica humana.- Decía Tamara preocupada.
-No te preocupes, mis papás no juzgan.
En el living, vio a una familia completa de demonios. La madre era una mujer púrpura, alta y delgada. Tenía el cabello largo y unos finos y alargados cuernos rojo neón. Vio sus garras, eran enormes y afiladas, como su brazo mutante.
-Oh, ¡hola linda! ¿eres amiga de Reggie?- Dijo la madre entusiasmada -Querida, nos hubieras dicho que tendríamos visitas.
-Lo siento, Mamá. Fue algo inesperado. Ella es Tamara.- Dijo Reggie introduciendo a la chica pelirroja.
-Un gusto conocerla.- Tamara de repente se había vuelto muy educada y gentil. Aún así, estaba sorprendida de que su madre no reaccionara con odio o desprecio.
-Ven siéntate, haré unos huevos para desayunar. ¿Te gustan?
-Son mis favoritos.- Respondía Tamara con los ojos iluminados.
Las pequeñas pisadas que escucharon le pertenecían a la hermana menor de Reggie. Una niña grisácea de dos moños y un par de cuernos apenas visibles. Usaba un vestido que le quedaba algo grande, y siempre cargaba consigo una muñeca de trapo.
Ella estaba asustada de acercarse a Tamara, pues era algo tímida. Esta le sonrió para inspirar confianza, y así la niña se acercó lentamente para mostrarle su muñeca. Tamara la tomó en sus manos. De repente, se había puesto algo nostálgica. No podía evitar recordar a Molly. Estaba arrepentida de haberla tirado al rio aquel día.
-Es muy bonita, ¿tu le hiciste el vestido?
-Si, se llama Clarisa.- Dijo la niña con una voz murmurante. Aun estaba nerviosa.
-Cuida muy bien de Clarisa, ¿si?.- Tamara le devolvía la muñeca en sus manos, con el corazón cálido.
Alguien estaba regresando por la puerta, cargando más bolsas de papel. Era una figura enorme y tosca. Tenía músculos por todo su cuerpo, menos sus piernas. Usaba una camisa blanca y pantalones beige, que acompañaba con sus brillantes zapatos negros. Este se sentó silenciosamente frente a Tamara, donde observó cada movimiento y palabra que hablaba con Reggie.
Tamara se percató de esto y también se le quedó observando. La tez de este demonio era de un azul oscuro. Sus cuernos estaban bañados en completa oscuridad, tal como sus ojos. Sus pupilas blancas perforaban la mirada de Tamara. Este creía reconocer el rostro de la chica, pero no estaba completamente seguro. Tamara negó toda coincidencia, riendo con nervios. El padre pudo ver su brazo vendado, viendo como las puntas púrpura de sus dedos escapaban. Pero la chica rápidamente bajó su mano de la mesa, avergonzada. Ninguno de los dos sabía que escondían, pero tenían curiosidad por averiguarlo pronto.
-Así que estas son las especies de demonio- Decía Teru a su compañero, de vuelta en su escondite en el templo.
-Si, leíamos estos libros en las clases de biología hace años.- Nick le mostraba un viejo libro de biología que había encontrado.
-Cuerpo gris con cuernos carmesí; demonio blindado. Morado con rojo brillante; demonio cazador. Azul oscuro y negro; demonio nocturno.
-Vaya... ¿Y en que se diferencian?- El chico tenía curiosidad.
-Solo cualidades físicas. Los demonios blindados son muy comunes, y tiene una gran resistencia al daño. Los demonios cazadores tienen garras mas grandes, lo cual les permite atacar con facilidad. Los demonios nocturnos son extremadamente silenciosos y hábiles, sin importar el tamaño de su cuerpo. Tal como dice su nombre, se camuflan bien en la oscuridad.
Teru estaba fascinado en comprender mejor a los demonios y su fisiología. Pero algo llamó su atención, las garras del demonio púrpura eran iguales al brazo monstruoso de su amiga. El chico sentía como su mente se inundaba por las dudas y la incertidumbre, pero ahora sabía que tenía alguien en quien confiar. Intentó relajarse y así fue directamente con su compañero.
-Oye, tu sabes mucho de demonios, ¿cierto?... ¿Es Tamara uno de ellos?
-¿Aun sigues preocupado por esa chica?- Nick empezaba a verse algo molesto.
-Claro que no.- Teru mentía, seguía preocupado y se vio intimidado por Nick. Se sintió incomodo al recordar todo la charla que le ocurrió dentro del monstruo. Pero quiso pensar que su amigo solo lo estaba protegiendo. Quiso creer en el y que tenía razón.
-Solo tengo curiosidad. Yo vi cuando su brazo se transformaba, era una garra enorme y filosa, como la de un demonio cazador. Pero cuando ella se transformó por completo, parecía ser otra criatura. No se parecía a ningún demonio que había visto antes.
Nick tomó un poco de aire, era una pregunta que sabía iba a tener un resultado desagradable. Pero tenía que saberlo, iba a hacerlo tarde o temprano.
-Tamara es tal como nosotros cuando somos "Robin", ella es una fusión. Pero en algunos casos cuando el poder del demonio se vuelve incontrolable, este se empieza a filtrar por el cuerpo humano... Pero, los rasgos de transformación de tu amiga son distintos, incluso más fuertes.- Nick continuaba explicando -No conozco ningún demonio o fusión que pueda mutar en un monstruo así. Es algo... biológicamente imposible.
-Ella tenía un demonio dentro suyo ¿y ella no lo sabía?...- Teru aún no podía comprender la situación del todo, quería respuestas.
-Hay humanos que son mezclados con un demonio desde muy tempranas edades. Algunos se vuelven conscientes de ello más adelante, y otros tienen toda una vida sin saberlo.
-Quizá Tamara está siendo controlada por el demonio dentro de ella. Espero eso no signifique algo malo para nosotros...
-Puede que lo sea en un futuro. Ese monstruo se veía amorfo. Sus habilidades de demonio entrarán en una constante evolución que harán que se vuelva más poderosa, y por ende, más completa. Cuando llegue el día de enfrentarnos otra vez, solo tendremos dos opciones. O aniquilarla, o dejar que siga evolucionando hasta que sus dos cuerpos ya no aguanten más.
Teru estaba tragando saliva del miedo. Nunca pensó que algún día tendría que apuntar su arco y flecha para matar a su propia amiga. Aunque reconsideraba las fundaciones de su amistad, el chico no quería llegar a esos extremos. Nuevamente, Teru era acorralado en los callejones de su mente. Pensaba que quizá otra salida debía existir. Pero hasta que no la averiguara, la única salida era presenciar su muerte sin haber hecho nada, o haber tomado su vida con sus propias manos.
-Capítulo 25: Una Vida Deseosa.-

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