CAPÍTULO 26
Tamara deambulaba por su nuevo hogar. Habían muchos cuadros, un suave sofá, y una televisión antigua. Todo era muy similar a su anterior hogar con Greg. pero con un toque rustico y cálido. Aún así, las memorias amargas de su infancia no se querían ir lejos de ella. Estaban impregnadas en todos lados; en cada pared y rincón de la casa. Era una pesadilla total.
La madre hacía figuras de barro sobre la mesa del living. Eran figuras de todas las formas y tamaños. Unas eran mujeres, otras eran hombres. Otras eran parejas, y una era una familia. La chica pelirroja la observó por un largo rato, había algo que la mantenía atenta a esta.
-¿Te gusta?- La madre le pregunta a Tamara
-Si, es muy linda. Creo que todas son muy lindas.
-Gracias, es para venderlas en el mercado. A la gente parece gustarles también.
-Hey mamá, voy a ver si puedo recoger algunos peces. Vuelvo en una o dos horas.- decía Reggie mientras cargaba sobre su hombro su caña y una cubeta.
-Bien, hija. Pero ve con cuidado.- La madre daba un suspiro de cansancio mientras se estiraba un poco en su asiento. Tamara podía notar las bolsas bajo sus ojos. Sus dedos temblaban un poco, pero aún así seguía trabajando. Tamara sintió como algo estrangulaba su corazón y garganta. Quiso acercarse para ver si podía ayudarla, pero la chica demonio le tomó del hombro. Le pidió que la acompañara.
Ambas al salir, se toparon con el pequeño pueblo que Reggie llamaba su hogar: El pueblito rural de Solárne. Solárne estaba escondido en las profundidades del bosque, lejos de la civilización humana. Tenían casas de adobe y madera, árboles y cables de electricidad cruzando los techos. Vendedores y señoras demonio con animales, paseaban con los senderos junto a la gente.
La chica estaba impactada, pues no solo veía demonios, también podía ver humanos. Por primera vez en su vida, presenciaba una sociedad donde los humanos y los demonios estaban conviviendo en tranquilidad.
-¿Fue posible todo este tiempo...?- Se preguntaba a si misma dentro de su mente.
Entonces bajo su nariz vio a una pequeña mancha blanca pasar, era una cabra bebe que la llamaba. Tamara nunca había visto un animal así en su vida, pero ya lo amaba por completo. Se agachó para acariciarle, justo unos segundos antes de que se fuera. Su dueño, un demonio pastor, le estaba llamando a reunirse con el resto del rebaño.
Tamara creía haber encontrado su lugar ideal.
Por el otro lado, Teru se encontraba tirando los sobres vacíos a la basura. Su amigo y el, habían comido demasiadas raciones. Salió de su escondite hacia el domo de la aguja gigante, donde encontró un único basurero. El domo estaba en un peor estado que antes, pues más escombros y huecos se habían formado. Pero el chico parecía estar ignorando todo su alrededor, pues estaba muy sumergido en sus pensamientos.
-Bueno. Creo que me gusta Nick, y además de eso, tengo la tarea encomendada de matar a mi amiga. Está bien, tengo todo bajo control. Quizá hay otra forma de solucionar las cosas...- Decía Teru, intentando calmarse a si mismo.
-Oye, campeón, ¿Cómo vas con la basura?- Nick había aparecido de repente tras la puerta. Teru se estaba tardando mucho, y le pareció extraño.
-Oh, eh... yo...- Teru tenía miedo de mencionar a Tamara nuevamente, porque sabía podría molestar a Nick. Pero rápidamente, este se percató del aparato que se recostaba en el piso inferior de la sala.
El rostro alegre de Nick inmediatamente cambio a uno frio y serio. Sin decir ni una palabra, comenzó a bajar las escaleras. Su compañero le siguió por detrás, mientras veía los afiches de los rostros con cruces. Un aura siniestra estaba envolviendo el lugar, y a Teru no le gustaba para nada.
Al bajar las escalinatas, se toparon cara a cara con la maquina, recostada sobre la tabla de roca.
-¿Que es eso? Parece una enorme jeringa mecánica.
-Es más que eso.- Decía Nick reconociendo el aparato.
-...¿Aún funciona?
-No lo sé, se ve roto. Con los cables que lo sostenían al techo ahora cortados, supongo necesitara repuestos que le alimenten electricidad.
El demonio se dirigió al panel de controles de la sala. Allí, presionó el botón que revelaba la entrada secreta al pasillo congelado. Al abrirse la escotilla del suelo, se desprendió una densa neblina helada.
Ambos caminaron por la espiral de escaleras hasta el salón de las mil puertas. Nick lo guiaba hasta el fondo; el gran portón al final del pasillo. El lugar era silencioso, y los pasos que daban era lo único que podían oír retumbar entre los cristales helados. El chico estaba inquieto, era un camino largo y angosto, y la atmosfera del lugar se había vuelto siniestra.
-Cuando Greg y su esposa aun trabajaban aquí, tuvieron la idea de crear esta maquina. Es increíble que haya sobrevivido tanto tiempo.
-¿Acaso esa cosa...?- El chico tenía escalofríos.
-Es un arma. Hay unas piezas de repuesto cerca de aquí. Debemos repararlo y llevarlo ante el jefe antes de que Greg lo encuentre.
-Pero... ¿Por que lo reparamos? ¿No sería mejor destruirla?
Nick no respondió ninguna de esas preguntas. Adelantó el paso, y se adentró entre la neblina que cubría la ultima puerta. Teru quiso pensar que quizá no le escuchó, o estaba apresurado. El chico tal como su compañero, se adentró rápidamente a la neblina. Esta era cada vez más densa y helada. Todo rastro de ellos se vio perdido en el frio.
En las afueras del bosque, el sol seguía brillando. Y Tamara caminaba hacia los campos fuera del pueblo junto con Reggie. Esta cargaba su red y una caña de pescar, mientras que su amiga cargaba con el peso de su mente:
-Solárne parece ser un lugar amable.- Intentaba decirse Tamara para si misma -Pero...
La chica recordaba como demonios y humanos la veían con completa curiosidad. Algunos saludaban, otros solo observaban. Algunos susurraban entre ellos, otros se asustaban, y otros miraban confundidos. Tamara pudo percibir esto. Los veía a la distancia, delante, a sus costados y detrás de ella.
-¿Que habrán estado diciendo? Ya deben de conocerme...- Pensaba que su cargo como "Guerrera Omega": una luchadora de demonios, le estaba trayendo una mala reputación.
-Ellos conviven en paz, no necesitan una defensora unilateral y violenta como yo.
La chica mientras caminaba, se veía rodeada de su vieja escuela, donde sus compañeros hablaban a escondidas de ella. Murmuraban, susurraban y se reían. Sentía sus miradas sobre ella, y ella hacía su mejor esfuerzo por evitarlas. No estaba enojada con ellos, estaba apenada. No quería recordar todo el daño que causó en ese tiempo.
-¿Qué será de esos niños ahora? ¿Estarán bien? ¿Me seguirán odiando?
Tamara veía las palmas de sus manos, se había transformado otra vez en una niña. Bajo su cuello colgaba la amatista pulida que usaba como collar, el regalo más preciado de su madre. Ella creía que su hija era tan bella y brillante como aquella gema. Pero en ese momento, Tamara no pudo encontrar nada que la hiciera ver como esa amatista.
-Desearía haber nacido como una niña normal.
-¿Tamara?- La voz de Reggie resonaba en las paredes del lugar. La chica había vuelto a la realidad, ambas amigas ya habían salido del pueblo. Estaban en los prados frente al rio, donde Reggie la notó muy callada y perdida en su mente.
-Oye ¿estás bien?
-...Si, no te preocupes. Creo que estaba insolada.
-Oh, haberlo dicho antes. Ten, ponte esto.- Reggie le colocó su enorme sombrero de paja -¡Se te ve muy bien! ven, vamos.
-Espera, es tuyo. Podrías insolarte tu también...
-Tranquila, vengo aquí todos los días y a veces sin sombrero. Ya estoy acostumbrada.
-Pero...
-No te preocupes. Solo ven, vamos a pescar un poco.- Reggie le decía amablemente.
Reggie siguió avanzando mientras Tamara se le quedó observando a lo lejos. Se sentía tocada emocionalmente, pero muy en el fondo no podía comprender nada. ¿Por que ella era tan amable? Secretamente deseaba que Greg hubiera sido así con ella, quería que hubieran pescado juntos aunque fuera una vez.
Reggie se mantenía parada mientras sujetaba su caña con firmeza. Tamara se sentó un poco lejos de ella, desenvolviendo y observando su mano vendada. Su amiga demonio la vio a la distancia, percibiendo la tristeza en ella. Esta se acercó, se arrodilló, y le invitó a tomar la caña de pescar. Ahora, ambas estaban pescando. Lentamente, la tristeza de Tamara se mezclaba con una pizca de felicidad.
-....Oye, ¿sabes algo? Antes no me agradaba tanto pescar, pero con el tiempo le agarras un poco de cariño.- Decía Reggie intentando distraerla.
-¿Que otras cosas te gusta hacer?- Tamara de a poco quería acercarse a la chica.
-Me gusta estudiar química y biología, hay una sensación muy satisfactoria en entender ciertas cosas. Me encantaría haber sido una científica como papá. Pero al ser desterrados, también se nos prohíbe el acceso a otras ciudadelas. No tengo donde estudiar, así que crecí con lo que sabía y los libros que alcancé a llevarme de casa.
-Lo lamento tanto... Pero si ya no pueden estudiar, ¿Qué hará tu hermanita?
-Ella aún va a la guardería y esas cosas. Ahora mismo están terminando de construir una escuela en el pueblo, así que solo espero pueda estudiar apenas pueda. Yo ya no puedo, estoy muy mayor.
-¿Crees que hayan mas pueblos como este allá afuera?
-Ojalá. Si mi hermanita algún día desea irse a estudiar más, por mi sería excelente que tenga un lugar donde pueda vivir tranquila.
Tamara ahora comprendía mejor la situación. Sentía que la vida de Reggie tampoco había sido fácil, pero que hacía un esfuerzo por ver felicidad en otras cosas. Su madre trabajaba demasiado, y su hermana menor aún no parecía entender todo al cien por ciento. Y luego, estaba su padre, quien le observaba de manera muy fría y prejuiciosa. Sentía que lo hacía como si supiera que ella escondía algo. Tenía sospechas, después de todo, también fue un científico como Greg.
-Quizá el también lo conoce...- Se dijo a si misma.
En el cuarto congelado, escondido bajo las ruinas del templo. Teru acompañaba a su amigo Nick por las escaleras. El demonio sobre su hombro cargaba en un bolso las piezas de repuesto. Teru tenía una expresión agotada en su rostro. Las cosas que pudo ver del interior del cuarto lo dejaron pálido y patidifuso.
-Este lugar es un tipo de Morgue...- Pensaba para si mismo, sabiendo que todo este tiempo comía sobre los muertos. Teru sentía innecesario tener que recordar eso cada vez que podía, pero era inevitable. A su mente le gustaba jugarle trucos.
Algo más le llamó la atención; el actuar de su compañero que se había vuelto imponente otra vez. El chico tenía la intuición de que quizá Nick querría ocupar esa arma para aniquilar a Tamara cuando enloqueciera. Y tan pronto como se le cruzó el pensamiento por la cabeza, lo detuvo. El creía que Nick no sería capaz de hacer algo así. El era su compañero; su amigo. El entendería y analizaría una mejor solución al problema. Pero al mismo tiempo, no podía olvidar la conversación que tuvo con ella en el interior del monstruo.
Al llegar nuevamente hacia la cama de piedras, miraron la maquina sin decir ni una palabra.
-Estás sudando mucho.- La voz de Nick se había vuelto tan seria, que la frase sonó a regaño.
-Oh, lo siento... Estoy nervioso.
-¿Te dan miedo las agujas?
-Si, y esta cosa es enorme... Cuando era pequeño nunca podía ir al médico sin mamá.- El chico quería hablar de otras cosas para distraerse -Sacarme pruebas de sangre siempre ha sido un desastre.
-Hm.- Nick no parecía estar muy atento, pero Teru estaba tan sumergido en su recuerdo que no lo notó.
-Recuerdo que cada vez que iba, me acababa desmayando o vomitando del miedo. Mamá siempre tenía que pasar a recogerme o atenderme porque acababa muy mal.
-Ajá.- Su compañero estaba concentrado en otras cosas.
-Y... uhm...- Teru se detuvo un momento, algo no estaba bien. Aquellos recuerdos que veía con risas y dulzura se estaban transformando en culpa. El chico en ningún momento pensó como su desaparición podría afectarle a su madre, la única persona que le esperaba en casa además de Tamara.
-¿Estará preocupada?- Pensaba él -¿Estará triste? ¿Desconsolada? ¿Y si cree que ya estoy muerto?- Teru sentía que había sido egoísta por dejar todo de lado. Sabía que salvar al mundo era importante, pero que el era también el mundo de su madre; después de todo, era hijo único.
-¿En que piensas?- Nick mantenía su tono serio mientras terminaba los últimos reparos.
-...Es mi madre, debe estar muy angustiada.
-No te preocupes por ella, tenemos cosas mas importantes que hacer.
-Lo sé, lo sé.- Teru quería evitar tener un desacuerdo con él. En su mente, una pelea significaba un fracaso en su amistad. -Pero necesito volver, aunque sea un día. Esto es muy importante para mi.
-Terminaremos esto y te irás a casa. Aguanta.
-Nick, no se si pueda esperar un día más después de esto. Por favor... lo necesito.
-¿Necesitas a mamá?- Su compañero preguntaba de manera ominosa, su paciencia se había alterado -¿Que edad tienes? ¿En serio crees que ella te protegerá por siempre? No me digas que cuando te tropieces por ahí irás llorando con ella.
-Nick, no creó que se trate de eso...- Teru intentaba ser cortés con él, pero su voz estaba débil.
-Escúchame. Estás viviendo una vida de adultos ahora mismo, adultos de verdad, y los adultos de verdad sacrifican cosas por lograr lo que quieren. Y si fueras un adulto maduro y funcional, entenderías que ese es el peso de ser un guardián. ¿Acaso no eras un guardián antes?
-Si, lo era.- El chico se sentía intimidado por aquél repentino cambio de actitud.
-¿Eres un guardián de la O.P.P. ahora?
-Si, lo soy.
-¿Y eres un adulto también?
-Si...
-Entonces demuéstrame que estoy equivocado sobre ti.
Aquella reprimenda se perdió entre los pasos de las chicas, quienes regresaban al pueblo luego de una larga sesión de pesca. Reggie pidió a Tamara que le acompañara a la feria, donde podría vender sus capturas del día. La chica aceptó, pero a costa de la incomodidad que intentaba ocultar. Sabía que si iba, sería observada y murmurada tras sus espaldas por su reputación de "guardiana".
Una buena cantidad de dinero se logró obtener, y Reggie no quería desperdiciar ni una oportunidad de conocer más a la chica.
-¿Donde te gustaría comer? ya casi es hora del almuerzo. Tenemos el "Salmón Feliz", "Cueva del Caviar", "Neta-Reineta"..
-Dios mío, suenas como Greg hablando de sus peces- Tamara se ríe -Vamos donde tu quieras, yo te sigo.
-Fantástico, entonces hoy estarás a la merced de mis recomendaciones.- Decía Reggie haciéndole una reverencia cómicamente. Ambas chicas siguieron caminando por la feria, riendo y conversando sin parar.
Pero sin notarlo, Reggie había chocado contra algo. Tropezó y cayo sentada en el suelo. Creyó que pudo haber sido un árbol que no alcanzó a ver, pero ese algo era más bien un alguien. A medida que su visión notaba los detalles de su cara, la reconoció al instante; era una vieja amiga de ella. Cabello largo y liso, con cuernos como flechas, de estatura baja y contextura delgada. La chica demonio y Reggie estaban bastante calladas.
Esta le tendió la mano a Reggie, aceptándola. Ambas aún asi, no se decían mucho. Un aire de incomodidad se había formado entre ellas. Al parecer, nadie sabía que debía hacer.
-Uhm... Hola.- La vieja amiga de Reggie intentaba ser cortés con ella.
-Hola...- Pero el tono de su voz se notaba inquieto. Aunque Tamara pensaba que quizá ella no tenía mucho interés en seguir la conversación, pero era todo lo contrario. Quiso intentarlo una vez más, pero decidió huir de la situación.
-Debo irme, lo siento.- Reggie tomó de la muñeca a Tamara y se fue con ella rápidamente. Su vieja amiga no hizo más que verla con confusión y pena a la distancia. No había mucho que ella pudiera hacer, pensaba.
Las chicas se habían apartado demasiado de la feria, e incluso parecía que caminaban sin rumbo.
-Reggie, espera.- Tamara detuvo a su amiga sin pensarlo dos veces -¿Que sucede? ¿Estás bien?
Pero ella no quiso responder, no encontraba las palabras adecuadas para hacerlo. Su incomodidad pasó a la tristeza, y Tamara pudo notarlo plenamente en sus ojos.
-¿Ella te hizo algo?- Dijo de manera muy seria
-No... Ella no me hizo nada.- Reggie reía nerviosamente, intentando calmarla.
-¿Segura?
-Si. Ella es una buena chica, créeme. Quizá te cuente luego, solo vamos a comer alguna cosa.
Tamara no podía evitar sentir que su amiga quería ocultarle sus emociones. Se veía nerviosa y con ganas de llorar, pero también quería hacerle caso y dejar que se calmara un poco. Le concedió la idea, y ambas siguieron su rumbo hacia el restaurante, intentando recuperar la conversación.
Por el otro lado, Teru estaba teniendo un serio problema comunicándose con Nick. No sabía que decirle, ni que esperar de él ahora mismo. Las conversaciones se estaban volviendo extrañas para él. No comprendía nada, y como si fuera un acto involuntario, se culpó por ello.
Pensaba que quizá su insistencia con ayudar a Tamara le había molestado por ultima vez. O que quizá, su torpeza le había hecho hacer algo mal sin que se diese cuenta.
Ambos estaban nuevamente en la sala oculta tras las paredes. Nick observaba desde el hueco con la impresión de estar esperando a alguien. La maquina había sido ocultada en las cajas del salón, cubierta por las mantas y el polvo. Teru se amarraba a si mismo en una manta frente a la fogata, deprimido.
Creyó que las cosas no podrían ponerse peor, a solo segundos de hacerlo. Como chispas de fuego, su cabeza comenzó a retumbar y arder. Dolía tanto que se recogía a si mismo del dolor, jadeaba y respiraba intentando recuperar su aliento.
-¿Jaqueca?- Nick mantenía su tono serio
-Si... Jaqueca.- Teru anhelaba secretamente que Nick lo atendiera como antes.
-Se te va pasar.- Pero no lo hizo.
El chico suspiraba de la tristeza y del malestar físico. Sabía que si no decía algo ahora, se arrepentiría cuando fuera muy tarde. Pensaba que su amigo estaba muy concentrado en la maquina, y que quizá distraerlo un poco lo haría volver.
-¿Que pasa?- Dijo su compañero como si pudiera leer su mente.
-¿Ah?
-Me estás mirando mucho.
-Ah, bueno... Quería preguntarte algo la verdad.- Teru estaba nervioso.
-Dime.- Pero a Nick no le importaba demasiado.
-Bueno, eh... no se por donde iniciar.
-Dime que pasa.- Su compañero empezaba a fastidiarse nuevamente.
-Ah, claro. Es que... Mira, quería saber que opinabas acerca de... eh...
A medida que las palabras se formaban en su mente, el chico comenzaba a revivir memorias tristes y vergonzosas de cuando era más pequeño. Querían encontrar una forma de escapar, pero Teru se forzó a si mismo a reprimirlas. Sentía que no lograría nada si no lo preguntaba de una vez:
-Nick, ¿Te gustan los chicos?
Un pequeño silencio se formó entre ambos, con el ambiente que se había vuelto aplastante. Teru esperaba una respuesta, aunque fuera una señal. Y como si fuera un regalo divino, sus plegarias fueron oídas. Nick empezaba a sonreír. Eventualmente soltó una pequeña risa a labios cerrados, mientras lo miraba nuevamente a los ojos.
El chico creyó que su compañero estaba regresando, pues ese era el Nick que conocía. Pero esa pequeña risa lentamente se transformaba en una mas elocuente y expresiva. Tanto así, que Teru pudo reconocer de que se trataba.
-Ay Teru... A veces eres tan raro. Es decir, ¿Cómo se te puede ocurrir una estupidez así? ¿Qué crees que soy?
-No lo sé, solo era una broma... es gracioso, ¿verdad?- Dijo el chico fingiendo una sonrisa con el corazón destrozado.
-No me digas que a ti si te gustan.
-No, es una tontería. ¡Oye, estás haciéndome lo mismo a mi! ¿Por quien me tomas?- Teru intento seguirle el hilo, bromeándole y riéndose, pero sabía que se traicionaba a si mismo haciéndolo.
Nick no hizo nada más que sonreír, regresando su mirada hacia la salida. Teru tuvo la idea de que Nick era así todo este tiempo. Ahora que conseguía lo que quería, ya no debía fingir ser su amigo.
Nick percibía la presencia de alguien entrando al templo. No era un demonio, pero tenía intenciones de luchar y estaba muy molesto. El arma que arrastraba provocaba filosos chirridos por el suelo, y su respiración emanaba furia y cansancio.
-Volveré en seguida.- Dijo Nick de manera cortante
-Déjame ir contigo.- Teru quería sentirse útil
-No. Tu te quedas aquí.
-Nick, estamos juntos en esto. ¿Recuerdas? Somos compañeros...
-Dije que te quedaras aquí.- Nick no pensaba repetirlo una tercera vez más.
Teru aceptó rendido las ordenes de su compañero, quien saltó fuera del agujero del escondite. El chico no hizo más que abrazar sus rodillas mientras veía el fuego con sus ojos cristalinos. Estaba cansado, triste y adolorido por las heridas.
-Pensé que las cosas serían diferentes con él.
En el destruido salón principal, J deambulaba arrastrando su guadaña. Buscaba a Teru, quería venganza y la quería concretada lo mas pronto posible. Se veía agotado, pero furioso. De sorpresa se topó con Nick, quien lo miraba ominosamente desde el otro extremo del salón.
-Tu eres el amigo de ese muchacho. Si tú estas aquí, el también debe estarlo. Así que, dime donde se esconde. ¡Ahora!- Demandaba el ninja.
Nick no respondía. La paciencia del ninja se estaba colmando, pero por orgullo quiso mantener su perfil demandante y misterioso.
-Por supuesto que no dirás nada, es tu amigo después de todo. Escucha, ustedes niñatos me quitaron el único puesto que valía la pena en esta mugrosa organización. Tu no sabes nada... escale de un puesto de mierda, a uno menos mierda. Pero aún así mierda en el fondo. ¡Yo era el numero uno, la estrella del show! y sin embargo aquí estuve... comiendo ranas, culebras con mas colores que un semáforo, y tomando de aguas de dudosa salubridad. ¿¡Y todo para que!? ¿Para enterarme que en pleno auge de mi horrible cólera rectal, existían ríos de agua limpia a unos pocos pasos de mi? Te juro vi a un pez sonreír ante mi desgracia, voy a hacer ceviche con ese maldito hijo de perra.
J había perdido el punto, y Nick el interés.
-Ahora que el jefe los ama tanto a ambos se ha olvidado por completo de mi. Llevo días desaparecido y a el ni le importa... Así que por eso, debo acabar con ustedes- J intentaba ser dramático, pero notó como sus palabras y amenazas no tenían ni un efecto sobre el demonio.
-¿¡Te burlas de mi, el gran J!? ¡Vamos, di algo de una vez!
Pero ni una palabra se dijo. J, decidido, tomó el tronco de su guadaña y lo lanzo por los aire. Desde el otro extremo hacia su mano, se estiraba una alargada cadena y bola de acero. El filo del arma cayó firmemente en el suelo, mientras que en su mano giraba su maza de acero, listo para combatir
-¿Quieres seguir jugando conmigo, niñito tonto?
Nick seguía totalmente mudo con la intención de hacerlo enfadar. Sus caprichos se cumplieron al ver al ninja temblando sus puños del enojo.
-Tu te lo buscaste ¡Ahora cómete mi acero!
El ninja fue corriendo hacia Nick, desclavando su arma. Este aún no reaccionaba para nada, y a centímetros de ser atacado, el demonio finalmente hizo su primer movimiento. De un chasquido, se envolvió a si mismo y a J en un domo de oscuridad. El ninja había perdido todo el rastro de Nick, quien ahora le asechaba desde las sombras.
Copias del demonio aparecían de diestra y siniestra de entre las tinieblas, dispuestos a atacar a J con sus garras. Pero este con el filo de su guadaña los partía en dos, convirtiendo sus cuerpos fantasmales en neblina. Varios espejismos mas se abalanzaban contra él, aparecían sin descanso ni aviso. Sus brazos seguían girando su maza y lanzando su guadaña con una energía implacable, pero nadie parecía ser el verdadero demonio. El quería enfrentar a Nick cara a cara lo mas pronto posible. Y entonces, como si su mente hubiese sido leída, Apareció.
El demonio lo esperaba detrás suyo, J pudo sentirlo. Y al verlo sin intenciones de atacar, saltó hacía él con su guadaña en mano. Dirigió su filo a atacar su hombro, pero el demonio fue más rápido. Interpuso su brazo izquierdo como defensa, dejando el arma incrustada en su muñeca. J tomó esto como un ataque certero, riendo lleno de orgullo.
Pero la alegría del ninja duró muy poco, pues comenzó a notar algo extraño. Nick no se veía afectado por el ataque, y el arma parecía haberse quedado atorada en su muñeca. J intentaba jalarla de vuelta, pero no tenía resultado.
Y entonces lo notó; pequeñas gotas de color plateado se derramaban por el brazo de Nick. El muchacho sintió una fuerte ola de calor azotar su rostro, y provenía desde el mismo demonio frente a él. El arma se estaba derritiendo sobre su muñeca, y también lo hacía su cadena. J soltó rápidamente su arma por el calor, quedándose anonadado.
-¡Ya deja de jugar con tus ilusiones, pelea de verdad!- Decía intentando convencerse de que todo era un truco.
De entre sus dedos, lanzó rápidamente unas estrellas de acero. Pero Nick las atrapó con la palma de su mano, derritiéndolas sobre esta. J notó que el brazo ardiente del demonio se estaba agrietando, y desde su interior empezaba a gotear un espeso y brillante fluido amarillo.
-¿Crees que esto es falso?- Decía Nick casi susurrando.
El demonio, moldeando el acero derretido sobre su palma, extendió sobre su otra extremidad un alargado sable de metal caliente. Lentamente se acercaba hacia J, intimidándolo. Sus clones lo rodearon, con sus rostros cubiertos en sombra y sus ojos brillando como faros.
El ninja retrocedía gateando en completa desesperación. Gritó pidiendo ayuda, pero nadie le escucho. Ni en el escondite, ni a las lejanías del templo. No estaba seguro si todo lo que veía era una ilusión o era completamente real. Pero de ser real, J sabía que había hecho enfadar a un ser que nunca debió en primer lugar; una fuerza imparable y con un poder en constante evolución.
Aquel día, J deseó nunca haberlo subestimado.
-Capítulo 26: Con los rostros ocultos.-


Comentarios
Publicar un comentario