CAPÍTULO 17

En una noche nublada en medio de la nada, se oían las húmedas pisadas de un par de botas a la distancia. Era la chica pelirroja, quien corría a través de la niebla con su aliento congelándose. Miraba hacia atrás, y luego miraba adelante. Algo la perseguía. Desde la niebla, unas enormes garras huesudas se extendían sobre su cuerpo, atrapándola. Mientras la levantaban en el aire, la chica forcejeaba por escapar. A miles de metros sobre el suelo, sintió un aliento caliente recorrer su rostro. Alzando la mirada, cara a cara se topó con una enorme bestia: una bestia oscura, esquelética y con enormes cuernos curvados. Tamara revivió su peor pesadilla: era aquel monstruo esqueleto de sus espejismos. Su mandíbula inferior se partía en dos, lista para devorarla. La chica seguía forcejeando, no pudo escapar de sus garras. Dentro de la oscuridad de su boca, vio la guadaña, el charco de sangre, y el símbolo del anillo tintinear como luces frente a sus ojos. Su cabeza estaba a punto de estallar del dolor, y con las manos tirando su pelo, dio su ultimo grito antes de que los dientes del monstruo cortaran su cuello.

Tamara despertó de su sueño en un grito que resonó por todo el bosque. Las aves volaron sobre ella, y los zorros escapaban por los arbustos. Estaba pálida y sudando a litros. 

-Otra vez ese monstruo...- Se dijo a si misma recuperando el aliento, intuyendo que todo fue un sueño. Se quiso pellizcar para comprobar si efectivamente había despertado. Para su suerte, estaba de vuelta en la realidad.

Desde los arbustos frente a ella, algo o alguien la acechaba. Las hojas se movían y el ruido de estas aumentaba cada vez más. Tamara levantándose y poniéndose en posición para la pelea, bañó sus puños en ondas psíquicas. El ente se acercaba más y más, y a medida que se alzaba desde los arbustos, revelaba un único cuerno rojo, acompañado de otro cuerno roto.

Era Greg, quien cargaba en sus manos una roca plana. En la roca, había un pescado cocido y unos huevos fritos. No llevaba su armadura ni capa, esta vez llevaba una polera blanca con el estampado de una marca de soda americana. Parecía haberla recogido del basural. Ambos mirándose en silencio, tiesos como roca, decidieron romper el hielo:

-Uh... buenos días, niña- El demonio decía finalmente saliendo del arbusto.

-Oh, buenos días...- Dijo Tamara respondiendo por instinto, pero con el pasar de los segundos, se dio cuenta que era Greg quien le dijo esto.

-¿¡"Buenos Días"?!- La chica estaba impactada, aterrada, e incluso más confundida. Volteó a verlo y notó entre sus garras la roca con el pescado y los huevos. Ella creía saber para que eran, pero no quería adivinarlo.

-¿Que pasa? ¿No te gusta el pescado?

-...¿Qué es esto?

-...El Desayuno- Greg le repetía en un tono tranquilo.

-¿Quien eres tu?

Más tarde ese mismo día tras desayunar, El demonio y su hija debían cruzar un pequeño arroyo. Los peces daban pequeños brincos en el aire, yendo contra la corriente del agua. No era un gran obstáculo, así que Tamara dispuesta a caminar sin ningún esfuerzo, vio a Greg interponerse ante ella. Le movió la cabeza en negación, y se colocó de espalda contra los peces. Con sus brazos estirados, usó su capa para evitar que los peces saltaran hacia ella. Tamara confundida por sus acciones, simplemente camino por el arroyo sin decir ni una palabra. Al terminar, el demonio la siguió por detrás.

Ya quedaban pocos minutos para las once de la mañana. El sol se acercaba al centro del cielo despejado, por debajo de las cabezas del demonio y su hija. Tamara intentaba hacer una pirueta, era un tipo de rueda con los brazos extendidos sobre su cuerpo. Greg estaba sentado en un árbol, mirando las hojas y las aves. La chica se dio impulso, y con sus manos se apoyó en el suelo. Sus piernas ya estaban en el aire, pero no lograron terminar la rueda. Estaban estancadas en su posición por el peso. La chica haciendo esfuerzos, cayó de espaldas al suelo. Había fallado. Se quedó mirando al cielo los rayos del sol atravesar las copas de los arboles.

-¿Que estoy haciendo mal?- Se preguntaba a si misma dentro de su mente.

-La acrobacia de tu mamá, ¿eh?- Greg se dirigió hacia ella, mirándola acostada en la tierra. -Quizá te falta algo de energía.

-¿Energía?

-Ayunar. Ya desayunamos hace unas 3 horas. Creo que tu cuerpo ahora necesita algo de comer para que tengas energías- El demonio seguía hablándole en un tono tranquilo. Aquel tono le erizaba la piel a la niña.

-¿Por que me aconsejas tan de repente?.- Tamara a pesar de la charla del día anterior, seguía dudosa ante las intenciones del demonio.

Ese mismo mediodía fueron horas de constantes buenas acciones de Greg. Un pequeño monstruo cuadrúpedo había mordido el brazo de Tamara en una pelea. Su padre se acercó hacia ella y le puso unas vendas rojas para cubrir su herida. La chica aún mas confundida, pudo notar que las telas eran en realidad trozos de su capa que arrancó. Dentro de una cueva, la chica se topa con una enorme bestia escamosa de cresta y colmillos. Tamara estaba lista para pelear, pero Greg se opone ante ella, dispuesto a protegerla. Con su espada en mano, corre a atacar a la bestia, que también se abalanzó contra el demonio. La sangre del monstruo era salpicada por las paredes de la cueva, y la petrificada cara de la chica. A la hora de almuerzo, Greg con trozos de madera, telarañas y más tela de su ya rasgada capa, construyó una guitarra. Le cantaba canciones de pescadores a su hija, quien lentamente iba perdiendo lo poco que le quedaba de cordura. Luego de varias baladas sobre peces y botes, Greg y Tamara caminaban un sendero del bosque, las orillas de una meseta. 

A la lejanía se podían ver las montañas hechas de mármol. Y bajo ellos, un gran lago rodeado de gravilla. Los pensamientos de la chica se vieron interrumpidos por la voz de su padre:

-¿Has tenido un buen día?

-...Si, supongo- Tamara respondía con duda, aún no entendía nada de lo que estaba sucediendo.

-Excelente.- El demonio dejaba su guitarra de lado, y se preparaba para hacer una fogata. Ya era hora de almorzar, y las canciones acerca de pescados le levantaron el hambre. La chica viéndolo frotar varillas para prender fuego, quiso dejar sus dudas salir de una vez:

-Greg, algo está mal.

-¿Que pasa? ¿la venda de tu brazo está muy apretada?

-No, no es eso. Es contigo. ¿Qué te sucede? ¿Por qué estás siendo bueno tan de repente?- Preguntaba con una voz insegura y preocupada.

-No es nada, yo... uhm... bueno...

-Greg. Dime la verdad.

-Ehm...- Greg dio un fuerte soplido para liberar el peso en su pecho -Bueno no se como poner esto en palabras, la verdad.- Dijo mirando a su hija, quien la veía paciente, pero confundida. Llevando su garra al mentón, pensó en una buena forma de explicar que pasaba:

-Creo que... finalmente comprendo por que te gusta salvar al mundo.

-¿Que?

-Me siento bien cuando soy... "Bueno". ¿Entiendes?- El demonio seguía explicando

-¿Que?- La chica alzaba más su voz en incredulidad.

-Tenías razón, no es tonto el querer ayudar a otros.

-¿¡Que!?- Tamara no podía creer lo que estaba oyendo salir de la boca de su padre, el mismísimo general de las tropas del maestro.

-Ya me oíste, no pienso repetirlo.- A pesar de esto, la irritabilidad en Greg no parecía irse tan fácilmente. Tamara miraba sorprendida en todas direcciones, buscando respuestas de alguien o algo, lo que fuera. Intentando analizarlo todo, seguía sin decir ni una palabra:

-¿No me crees, verdad?- Greg preguntaba sereno.

-Es que, vaya... Bueno, esto es nuevo. Bastante nuevo- La chica rascaba su cabeza mirando al suelo -Mira, no entiendo bien porque quieres hacer esto tan de repente pero... Si quieres comenzar a hacer el bien, tienes que pensar más allá del "porque me hace sentir bien". ¿Entiendes?

El demonio parecía comprender a que se refería su hija, pero no quiso admitirlo. 

-Greg, has causado miles de destrozos en la ciudad, incursiones, gente inocente ha sido separada de sus familias, e incluso otras han muerto... Yo pude haber muerto, en varias ocasiones. Todo esto es así por lo que has hecho ¿Entiendes? No se como piensas compensarle al mundo todo esto- Tamara dio un suspiro algo desanimada -La verdad no se como se supone que compensas una muerte.

-Eso... eso no suena muy bien- Greg comenzaba a retractarse de sus buenas acciones. -Creo que el mundo entero es mucha responsabilidad para mi.

-Oye, si realmente quieres cambiar. Demuestra que lo harás.- Su hija le regañó.

Tamara se puso a caminar, pasando de largo de él. El demonio seguía observándola, sentado.

-Iré a buscar algo de comer. Estaré allá abajo por si acaso.- Dijo apuntando al lago bajo sus narices.

-Espera, niña.- El demonio dijo todavía tranquilo. Su hija se detuvo, pero no lo miró a los ojos. Se mantuvo de espaldas escuchándolo.

- ¿Cómo puedo arreglar las cosas entre tu y yo?

La mirada seria de Tamara se había vuelto débil, esas palabras habían tocado su fibra mas delicada. ¿Por que Greg querría arreglar las cosas entre ellos? ¿La estaría persuadiendo solo para poder capturarla?, eran todas preguntas las que rondaban en la cabeza de la chica. Dando un suspiro y negando con la cabeza, lo miró por sobre su hombro:

-...Greg, No se si quiero que me compenses algo luego de tantos años... El tiempo perdido es tiempo perdido. Quiero estar sola un momento, ¿si?

El demonio se quedó callado, sin decir nada. Su expresión no se veía afligida ni tocada por el momento. Solo observó el fuego que había logrado encender de la fogata. Tamara sin decir nada más, se fue por el bosque, buscando una bajada por la meseta. Greg utilizaba todo la energía de su mente para hallar una forma de ser realmente bondadoso, pero dentro de él no podía evitar pensar en la gratificación y como podría salirse con la suya.

-Tomar responsabilidad... ¿Qué debo hacer?- El demonio estaba teniendo otro conflicto interno. Sus ambiciones codiciosas luchaban contra lo que sabía que era correcto hacer. Pero no podía evitar ceder ante el agujero negro que era su egocentrismo, sus deseos egoístas, y las emociones a las que intentaba aferrase. Entre las llamas de la fogata, intentó buscar algo, una señal. Una emoción cálida que al final del día no se volviera fría.

Sus dilemas fueron invadidos por un sonido que provenía de sus espaldas, eran los arbustos que se sacudían a lo lejos. El demonio se sentía observado por una presencia mayor. sus fuertes e inmensas pisadas resonaban por la meseta. Desde las sombras de los pinos, se alzaba una figura alta y robusta, cubierta en una armadura, una capa real y una mascara cornuda. Greg no podía creer lo que sus ojos veían, estaba atónito, y metido en un serio problema. Era el mismísimo maestro sombra, quien había llegado a buscarlo junto a dos soldados armados con armas de fuego.

-¡Greg!- El maestro expresaba enojo con su profunda voz.

-¡Maestro!

-Asi que aquí estabas todo este tiempo. Vacacionando... Todos estos días preocupados por donde podías estar y ahora te encontramos aquí.

-Yo... Eh...- Greg quería explicar la situación, pero los nervios le ganaban.

-Pasando tiempo de caridad con tu hija, ¿eh?...- El maestro se llevo su mano a la cara, irritado -Greg. Este es el peor momento para hacer eso. ¿¡Acaso ya olvidaste tus principios?! ¡¿Donde está tu honor?!  Nuestras tropas han estado sin un líder por una semana, Las invasiones están fracasando mas de lo que hacían antes, ¡Y aún eres incapaz de recuperar nuestro libro! Quiero una explicación de que está pasando. Aquí y ahora.

-Maestro, realmente lo lamento. El libro está perdido y he tenido que atender algo mas importante-

-¿¡Que?! ¡Perdiste el libro!- El maestro se acercaba gritándole al demonio, quien retrocedía cada vez más de la inquietud -¿Tienes idea de lo que acabas de hacer? ¿¡Ahora como esperas que le ganemos a los humanos?!

-Señor, lo lamento mucho. Pero hay cosas mas importantes ahora; es Arzon.

-¿Arzon? Ay... Greg, No puede ser...- El maestro miraba a otro lado decepcionado de él.

-¡Es en serio! Ese sujeto está haciendo algo raro, y debo pararlo ahora mismo.

-Greg, el Anillo Escarlata es tema del pasado... Son una bola de don nadies, son mas indefensos que una mosca y ese Arzon es un completo lunático.

-¡Señor, por favor escúcheme!- El demonio le rogaba.

-No, ya oí suficiente... ¿a que carajo estas jugando? Mírate. En el bosque, con tu hijita pasando tiempo en familia. ¿Es que no lo ves? ¿Soy el único que lo ve?- Le pregunta incrédulo a sus soldados -¡La niña está en tus manos, Greg! Es la oportunidad perfecta para al fin capturarla.

El demonio empezó a sentir la semilla de la malicia nuevamente nacer en su corazón. Su idea de la bondad se desmoronaba lentamente ante sus impulsos primitivos. Pero sujetando su cabeza, intentó negarse ante ellos.

-¡No, no haré eso!

-¡Debes hacerlo, Greg! ¿No quieres venganza?... Honey ya no está por su culpa, ¡su existencia es la razón de su muerte!

Greg comenzó a asimilar las palabras dentro de él, pero negligente ante sus impulsos, siguió negándolo todo

-¡No es cierto!

-Piénsalo ¿No crees que es una perfecta oportunidad? Nuestro momento está aquí y la tomaremos ahora. Captura a Tamara, usaremos sus poderes y te daré ese cargo que tanto deseabas... Olvídate del libro, con sus poderes seremos imparables. Todas las riquezas y comodidad del mundo, serán tuyas... suena bien, ¿verdad?

Greg ya no podía responder. Su mente dudaba, ya no sabía que era correcto hacer. 

-Vamos, Greg... Al fin y al cabo, su llegada arruinó tu vida. ¿Lo recuerdas?

Ese fue el ultimo clavo que Greg necesitó para reaccionar. Quizá no sabía que era correcto en el momento. Pero hacer lo incorrecto era lo que mejor sabía hacer. Su corazón lo llamaban a seguir su camino. El camino que el había escogido. Cegado por la ambición y la tentación de ser inconsecuente, miró al maestro con enojo.

-Si... Lo recuerdo- La malicia en el demonio nacía una vez más. Tomó su espada, desenvainándola ante el pasto que se tornaba oscuro. El cielo sobre ellos se estaba apagando, cubierto en nubes. El maestro se reía ansiosamente:

-¡Excelente! sabía que reaccionarías. Entonces, ¿Qué dices?

-...Esa niña es mía.

-Nuestra, Greg. Nuestra...- El maestro complementaba.

Lo que ambos demonios no sabían, era que Tamara desde los arbustos sin éxito de encontrar comida, escuchó toda la conversación. Oyendo todo confirmó aún mas sus dichos, Greg no estaba dispuesto a cambiar. Era egoísta y codicioso. La maldad estaba implantada hasta en la medula de sus huesos. Quebrándose y sintiendo el alma hecha añicos, salió corriendo de la escena con lagrimas en los ojos. El cielo gris comenzó a llorar junto a ella, deslizándose por el filo de la espada del demonio, y su cabello alborotado. Se miraba cara a cara con su maestro, quien estaba orgulloso de él.

-Escúchame bien, Gregorio. Yo, soy tu único líder. ¡La única voz que debes obedecer! Ahora ve por ella, y enséñame que naciste para este trabajo.

El maestro al terminar su frase, escuchó la espada de Greg cortar el aire, y algo más consigo. El demonio se encontraba detrás de el, cargando su espada silenciosamente. El maestro no podía comprender que era lo que acababa de suceder, hasta que sintió un fuerte ardor en su cuello. Se arrodilló ante el suelo, estaba perdiendo la respiración. tomando con sus garras su cuello, vio en ellas su sangre purpura, que ahora manchaba el pasto bajo su rostro. El maestro se ahogaba, y los soldados preparan sus armas para disparar.

-Perdón maestro. Pero Honey no murió solo por culpa de la niña. Y creo que lo dejé muy claro, ella es mía.

-¡Tu! ¡Imbécil!...- El maestro no podía hablar con normalidad, su voz estaba ronca y ahogada en sangre -¡No disparen! llévenme con el medico... ¡Rápido!- Los soldados bajaron sus armas de lado y corrieron a atender al maestro, pero Greg con su espada a una velocidad vertiginosa, rasgó los torsos de los soldados. Cayeron adoloridos, mirando a Greg con un miedo que nunca antes habían experimentado. El demonio con la cabeza, les hizo un gesto de que se marcharan. Estos levantándose temblorosos, corren espantados a las profundidades del bosque, abandonando al maestro. Quien ahora se encontraba en el suelo.

-¡No! ¡vuelvan, cobardes!- Este se volteaba a mirarlo. Los ojos de Greg lo observaban desde las alturas, con un aura castigadora -¿¡Tienes idea de lo que acabas de hacer?! Todos en el mundo sombra sabrán lo que hiciste, ¡criminal!

-¿Y eso que?

-¿¡No te importa!?

-¿Debería? Tienes razón, maestro. Yo nací para esto, lo sé perfectamente. Pero entre tu y yo, tu eres una escoria mayor. Y ahora que al fin te tengo aquí arrodillado ante mi, quiero que me digas...- Greg le pisó la espalda, empujándolo aún mas contra el barro -¡Di que tú mataste a Honey!

-¿¡Qué?! Yo no la maté ¿por que haría eso?

-Que audacia tienes. Que maldita audacia tienes- El demonio lo pisó con mayor fuerza contra el lodo -Ella me contaba lo que hacías y como lo tratabas...

-¿Todo?- El maestro decía nervioso y tartamudeando

-Todo- Greg apuntaba con su espada el rostro del maestro -Yo se que fuiste tú. Cuando murió, te oí reír a carcajadas en tu oficina, celebrando con tus asistentes. Te vi salir del cementerio, con tus manos cubiertas en pétalos marchitos. Los pétalos de flores destruidas, ¡las flores de su tumba!... ¿Me equivoco?

-¿Que le pasa a tu maldito cerebro hoy? ¿¡No que ibas tras Arzon?!- El maestro intentaba cambiar el tema, pero a cambio solo recibió otro fuerte pisotón de Greg. Estaba perdiendo el aliento poco a poco.

-Responde mi maldita pregunta.- El demonio sacó su bota de la espalda del maestro, y caminó a su alrededor con la espada en su hombro -Y si, voy tras Arzon. Pero esto es tentador... Acabar contigo, Acabar con Arzon… Me voy a librar de dos asquerosas ratas de un solo tiro. Y me quedaré con aquello que tanto quieres. Es realmente tentador.

De sorpresa entre los arbustos, los soldados del maestro regresaron con sus armas en mano. Al parecer, nunca se habían ido. Con sus armas cargadas, comienzan a disparar una lluvia de balas sobre Greg. Este con su arma, desvió las balas con miles de movimientos. Con el filo de la espada, retenía las balas que se estancaban. Y de un solo corte al aire, las regresó directo a los soldados, quienes cayeron adoloridos por los impactos. Finalmente, viendo que no tenían oportunidad, decidieron retirarse de verdad. 

El maestro se levanta con sus últimos esfuerzos, e intenta atacar a Greg por la espalda. El demonio sin percatarse, es tacleado por el maestro contra un árbol. Con sus enormes garras sujetando su cabeza contra el tronco, hacía presión en su cráneo.

-¡El poder de la niña es solo mío para usar!

El demonio con sus piernas, pateó la entrepierna del maestro quien se arrodillaba adolorido. Greg tomó la oportunidad y comenzó a apalizar su rostro a medida que retrocedía. Trizando lentamente su máscara. El maestro alzaba sus garras pidiendo que se detuviera, y así lo hizo Greg. El maestro debilitado completamente, nuevamente cayó sobre sus manos. Ahogándose y tosiendo. Mucha sangre había sido derramada en su trayecto. La visión del maestro comenzaba a nublarse. Dispuesto a escapar, sintió el filo helado de una espada en su nuca. Era Greg, quien parecía no haber acabado. El maestro comenzó a reír para si mismo en voz baja. Dando sus últimos suspiros, le dijo:

-¿Es así como acaba todo? Derrotado por mi propia mano derecha, empapado en el barro por la lluvia y mi sangre... Greg, óyeme. Yo no lo maté. Olvidemos todo este asunto ¿Si?

-Lo hayas hecho o no, robaste su felicidad por mucho tiempo. Y ahora pagarás por ello.

-¡El mundo de las sombras se irá a la ruina! No puedes privarlos de mi liderazgo y mi gran poder, no puedes ser asi de injusto... ¡Yo soy el maestro!- La voz del maestro se quebraba en desesperación.

 -Quizá aun no se lo que es justo, pero tu tampoco lo sabes -Greg alzaba su espada en el aire, dejando que las gotas de lluvia corrieran por ella, dispuesto a dejarla caer como el martillo de un castigo divino.

-¡¡¡Greg!!!- El maestro dio su ultimo grito para hacerlo entrar en razón, pero el ya estaba ensordecido. Había tomado su decisión.

El eco metálico de una espada se esparció sobre los arboles, sus hojas, el aire y las praderas, que ahora vestían de purpura. Las nubes todavía llorando, dejaron caer sus truenos sobre las tierras de la isla. Castigando a los dos seres que ahora yacían en la meseta.

Tamara llegando de correr hacia el lago, se dejó caer sobre sus rodillas por el peso de sus lagrimas. La amargura quemaba su cuello, y su cara se arrugaba como un papel. En sus manos, veía la muñeca que recogió del basural. Ella la recordaba con claridad, era la muñeca que Greg le dio cuando era pequeña, y la misma muñeca que el decidió tirar años después. Con la ira volviendo a retomar control, lanzó la muñeca de trapo por los aires, ahogándola en las olas del lago.

-¡Ese!... ¡No puedo creerlo! Lo voy a... -Tamara no podía terminar sus propias oraciones, estaba ahogada en tristeza y negación -Lo sabía... Lo sabía...- La chica pensaba que todo era demasiado bueno para ser cierto. Pensaba que su padre ya no podía ser como antes, que nada podía ser como antes. Que aquella charla que tuvieron frente al atardecer fue toda una mentira. Que esas buenas acciones si eran para persuadirla. Esa felicidad que tenía en su infancia se había esfumado junto a sus muñecas, sus vestidos, y su madre. La única oportunidad de recobrar lo que Honey mas atesoraba, se estaba perdiendo. El antiguo Greg lentamente se desvanecía no solo del corazón del demonio, sino que también de sus memorias, de su ADN. 

-Quizá, yo tampoco soy muy diferente.- Se dijo a si misma, reviviendo aquellos recuerdos que tanto la atormentaban: los malos tratos hacia su amigo. Lloraba en silencio intentando encontrar consuelo cuando nadie estaba cerca suyo.

Algo se acercaba por detrás. Con su katana siendo arrastrada por el suelo, el demonio se acercaba a paso de tortuga. Dejaba un delgado rastro purpura en las rocas con la punta de su arma. Alzando su espada en el aire, los truenos la iluminaron desde los cielos. La chica a sabiendas que su padre había llegado, no hizo nada al respecto. No atacó, no le gritó, nada. 

El demonio clavó su espada a un lado de ella, usándola como apoyo para sentarse en el suelo. Acompañándola, Greg volviendo a su tono serio y tosco le preguntó:

-¿Y bien? ¿y la comida?

-Cállate. No me hables.- Tamara dijo cortante.

-¿Ahora que te pasa?

-Dije que calles.

Ambos se quedaron silenciosos viendo el lago, como las pequeñas gotas salpicaban y hacían sus delicados sonidos al caer. El demonio estaba agotado e inexpresivo. Y la chica, enojada y afligida; llena de culpa. Tomando aire, decidió que las cosas volverían a ser como antes. No mas juegos, ni intentos de confianza. Encontrarían a Teru, derrotarían a la agencia, y todo volvería a la normalidad.

-Greg. Créeme que cuando todo esto acabe...-

-¿Si?

-Voy a pelear contigo como nunca antes.

Las gotas de lluvia caían en el lago, los truenos caían a la distancia, y el cielo parecía querer mantenerse gris. Algunas cosas, efectivamente nunca cambiaban.


-Capítulo 17: Un padre ejemplar-

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