CAPÍTULO 15

Sumergida en la oscuridad, una misteriosa sala era iluminada por un único foco de luz. Entre la luz revoloteaban las partículas de polvo, y bajo ellas, el hombre del traje blanco se arrastraba por el piso. Respiraba ahogado y con sus manos temblando gateaba. Su rostro estaba más pálido que antes, sus arrugas se notaban con mayor claridad, y sus ojeras caían como bolsas pesadas bajo sus pupilas. Intentaba escapar, de algo o de alguien. Mientras más se alejaba de la luz, más podía sentir el frio del peligro correr sobre su espalda. Su brazo derecho que se esforzaba en gatear, fue sujetado por una filosa garra oscura. George entre el miedo y la sorpresa, tragó saliva junto a sus últimos deseos.

-Aun no hemos acabado, George.- Dijo el ente que se escondía en las sombras. Su voz era susurrante.

-Señor, por favor, necesito descansar. Mi cuerpo no se siente bien...- El señor del traje decía con poco aliento.

-No hay tiempo que perder, nuestro plan debe seguir.

-¿En serio debe hacerlo?... Porque creo que ya no puedo más. ¿Realmente vale la pena todo esto?

-Vamos George... ¿No querías vengarte de esos niños?- El ente de oscuridad comenzaba a recordar a George algo que el omitía por el agotamiento -¿No quieres verlos sufrir? ¡Ellos te hicieron esto! Los supuestos "defensores de la humanidad" hicieron tu vida miserable. Yo solo te estoy haciendo un favor, pero si no quieres...

-¡No! no te vayas. Esos chicos... Si... ¡Hicieron mi vida un infierno!- La amargura en el hombre del traje crecía desde su pecho, cambiando su cara de cansancio por molestia.

-¿Entonces que estamos esperando?- Decía el ente escondiendo su garra de vuelta a la oscuridad. Entre el silencio y el polvo que se alzaba, desde las sombras se movían con rapidez dos luces rojas que dejaban un rastro al pasar. Eran dos enormes y rojos ojos de serpiente, que comenzaban a alzarse sobre el desplomado cuerpo del hombre. Entonces, aquellos ojos se dispararon contra él, haciendo que los gritos del George embrujaran los pasillos del Anillo Escarlata.

Teru se despertó de golpe, entre su enorme cama y una fuerte jaqueca. Mirando a su alrededor, creyó que aquel grito no fue más que un mero sueño. El eco en los pasillos había cesado. La televisión frente a él le bañaba el rostro en luces verdes y azules. Teru con el control remoto a su costado, apagó el televisor, y frotando sus parpados decidió levantarse de la cama. Con un mal sabor de boca y algo de sed, intentó abrir el gigantesco portón de su cuarto, pero este no quería abrirse para él. Dando unos pocos empujones más, notó que la puerta estaba cerrada desde afuera. Algo confundido, golpeaba la puerta llamando a alguien:

-¿Hola? ¿Hay alguien? ¡la puerta se atoró!- Decía el chico

Intentando buscar una salida, vio que cerca de él en una esquina del cuarto había una gran ventila. Arrastrando una elegante silla y tomando el tenedor de la tarta que comió en la cena, desatornilló el marco de esta. Parado sobre su velador y tomando impulso, comenzó a arrastrarse al interior del ducto de ventilación.

Su gateo hacía crujir el metal levemente entre los muros de las facilidades, y el aire tibio que cruzaban los ductos lentamente se iba tornando frio como una ventisca. El chico sintiendo el hielo hasta en sus huesos, asomaba la mirada por las ranuras del ducto, revisando si el suelo era seguro para bajar.
Abriendo una de las escotillas bajó su mirada, se dejó caer sobre los desconocidos pasillos. Los alrededores de la O.P.P. habían cambiado mucho. Los elegantes pasillos se habían vuelto sombríos, musgosos y descuidados. Las cortinas se habían caído, los cuadros se habían roto y las ventanas reflejaban un oscuro cielo purpura.  El olor que flotaba por los aires era un olor putrefacto: un olor a carne muerta.

Cubriendo su nariz y vagando por los pasillos, en la esquina de su mirada se topó con aquella luz verde que pudo reconocer casi al instante. Era la luz de la sala de los tubos gigantes, la sala donde él y Nick fueron llevados. La puerta estaba medio abierta, y aquella luz intentaba escapar de su cautiverio.

Teru consumido por la curiosidad, abrió el portón oxidado sin hacer ningún ruido. Asomando sus ojos sobre el borde de la puerta, vio a un hombre en túnica roja. Este estaba frente a los tubos gigantes, alzando sus brazos al cielo. El chico notaba que en aquellos tubos se estaban formando entes hechos de oscuridad, seres de apariencia demoniaca. Sincronizados, todos se voltearon a mirar al chico, revelando sus enormes y redondos huecos de ojos y boca. Teru espantado, soltando un grito ahogado se resbaló lejos de la puerta. El hombre de la túnica bajaba sus brazos, volteándose al notar el sonido que provenía de sus espaldas. El chico entre la ranura de la puerta, percibió como el ente de rojo se acercaba lentamente hacía él. Teru retrocediendo del susto y gateando en reversa, sintió como su espalda se había topado con algo o alguien. 

-¡Teru! Ey, ¿Estás bien, viejo?- Una voz familiar tomaba de los hombros al chico. Era Nick quien sentía el terror y la sorpresa recorrer el cuerpo de su compañero. Este aterrado, lo tomó de la manga de su pijama y comenzó a apuntar reiteradas veces a la puerta.

-¡Adentro! ¡Ahí!-

-¿Que pasa?- Nick se veía preocupado por su amigo, pero al mismo tiempo no podía comprender que ocurría.

-E-en esa sala, los tubos gigantes. ¡Habían m-miles de... "monstruos" y un hombre en-!

Teru se detuvo al ver que sus alrededores habían vuelto a cambiar. Los lúgubres pasillos se habían transformado otra vez en los elegantes pasillos blancos, bañados en la luz de la luna. El fétido olor se había esfumado, y la sala dejó de emitir sus brillantes luces verdes.

-Túnica... ¿roja?- Teru terminó la frase anonadado.

-¿Túnica roja? Déjame ver eso- Nick reconociendo esas palabras, se acercó valientemente al portón y le dio un vistazo. Al entrar, vio que los tubos gigantes estaban vacíos. La sala estaba totalmente oscura y sin rastros de ningún hombre de rojo. Teru estaba perplejo, el sabía lo que había visto.

-Estaban ahí... ¡Lo juro Nick! ¡Estaban ahí!- El chico rogaba por ser creído.

-¿Crees que sea un invasor?- El chico sombra le preguntó regresando a su compañero.

-No lo sé. De verdad no lo sé.

-Ven, vámonos de aquí. Tenemos que decirle a George.

Teru y Nick iban camino hacia la oficina de su jefe en busca de ayuda, pero el chico nuevamente tuvo unos fuertes dolores de cabeza. Con la visión y el sonido desvaneciéndose de sus sentidos, su cuerpo se desmayó frente a los ojos de Nick.

-¡¡Teru!!- El chico sombra exclamó atendiendo a su compañero, agachándose a su lado.

Minutos mas tarde, ambos chicos ahora se encontraban en una pequeña cocina de la agencia. Teru estaba envuelto en una manta mientras agarraba una taza de té, sentado frente a una mesita. Sus ojos se dirigieron a su compañero que ingresaba por la puerta.

-¿Te encuentras bien? Ya avisé a George de la situación.

-¿Y que tal?- Preguntó Teru con una voz débil.

-Estarán haciendo guardia hasta encontrar al sujeto. Ya ha estado aquí antes. 

Teru mirando su reflejo distorsionarse en las olas del té, se atrevió a preguntarle a su amigo intuyendo que tenía los conocimientos del tema.

-¿"Ya ha estado aquí antes"? ¿Quién es el?

-¿No conoces la leyenda? ¿"El fantasma en la túnica roja"?

-No, cuéntame.

Nick tomó un poco de aire, y se preparó para contar una historia. Apoyó su espalda contra una pared, mientras llevaba sus manos detrás de la cabeza.

-..."Arzon", el fantasma de un hombre traicionado, olvidado y desterrado por su propio pueblo.  Adolorido y con el corazón vacío, ocupa una capa roja para advertir su presencia ante sus victimas. Lleno de dolor y rencor, se dedica a recolectar los corazones de sus victimas... Para comérselos. Solo así puede llenar el hueco del suyo.

-Eso suena... tétrico.- Decía Teru buscando en su lengua una palabra para describir la historia.

-Así es. Y ahora, el tiene un ojo sobre nosotros también.

-¿Pero no que era un fantasma o una leyenda?

-Si lo hemos visto es porque ya no es una leyenda.

Teru se quedó pensando un momento, nuevamente viendo las olas en su taza de té. Confiado y con una sonrisa en su rostro, se dirigió a su compañero.

-No pasa nada. Seguro cuando nos mezclemos seremos capaces de derrotarlo.

-Bastante confiado, me agrada esa actitud- Nick lo aprobó con un pulgar arriba.

-Tamara me lo ense...- El chico se detuvo a si mismo. Se había percatado que había mencionado a aquella chica de nuevo. Entre su silencio, se desanimó un poco, y miró la ventana en busca de distracción.

Nick percibiendo sus emociones, decidió sentarse a un lado de Teru para poder comenzar a descifrarlo mejor. Con los brazos cruzados tras la cabeza y la silla inclinada, empezó a interrogar.

-¿Ya me dirás que ocurre con esa chica?

-¿Como sabes de ella?- Dijo impactado.

-Cuando nos mezclamos, nuestras mentes se conectan. Pude ver los recuerdos que venían a ti cuando ella te habló allá en el bosque... pero, si no me explicas, no los podré entender. Así que si quieres, cuéntame ¿Qué ocurre con esa chica?- Dijo el chico sombra 

-Bueno... Ella y yo éramos amigos, muy cercanos.- Teru dijo mientras revivía memorias 

-Recuerdo cuando nos conocimos. Durmió en mi casa unos días y cuando desayunábamos siempre pedía huevo frito. Le gustaba la yema porque decía que parecía como "un rio de miel". Íbamos al puerto a ver los lobos marinos, al parque de atracciones... Comíamos hamburguesas, íbamos al cine.- Una pequeña sonrisa se formaba en la cara del chico -A veces, ni siquiera teníamos un plan, pero aún asi la pasábamos bien... Pero, hubo un tiempo en el cual estuvo actuando muy raro.- La sonrisa del chico se iba apagando. Su tono se volvía melancólico, y aquellas memorias felices se incineraban mientras la extrañeza y la confusión invadieron su mente -Antes solo era terca y algo fría... Pero, luego se volvió algo brusca y muy explosiva. O cuando cometía errores o tenia mis tropiezos...- Teru se interrumpía al recordar aquella vez que Tamara lo empujo a un rio a buscar una "gema mágica". O las veces que Tamara le golpeaba su cabeza al fallar alguna misión. Aquellas veces que lo insultaba o denigraba sin razón alguna. O las veces que ella le gritaba y humillaba por no hacer lo que ella quería. El corazón del chico se ahogaba en pena, viendo como aquella chica se había transformado.

-Recuerdo que estábamos en una misión. Tamara tenía un plan para atacar a Greg... Era sencillo, ella se lanzaría a atacarlo desde las sombras mientras yo lo distraería. Intenté distraerlo, pero me acabó persiguiendo con su espada. Cuando Tamara se lanzó de sorpresa desde el callejón, estaba rodeada de soldados. Nos dieron una paliza, fallamos. Estaba muy molesta ese día, y ambos totalmente adoloridos.

Teru cerrando sus ojos, pudo ver los de la chica. La decepción y el enojo se reflejaban en ellos, su cara con heridas y rasguños, y su cabello desordenado. Ella mostraba sus dientes al respirar agotada, el vapor salía de su boca. Mientras mas profundizaba, mas suave y apagada se volvía la voz del chico.

 -Intenté disculparme con ella, pero parecía que ya había tocado fondo. Me gritó de nuevo, me dijo un montón de cosas que me dolieron... "Eres un completo estúpido", "¿Que pasa contigo?" "¿Que tienes mierda en la cabeza o que"?... Todos miraron, toda la ciudad miró. Hablaban y hablaban entre ellos...- 

El chico podía sentir aquellos insultos y palabras dando vueltas en su interior, como agujas que lo pinchaban tal como un muñeco vudú. Recordaba las miradas de la gente y los murmullos entre ella. Un extraño terror y escalofrió envolvía su corazón en espinas.

-Pero entonces, algo ocurrió. El brazo de Tamara se había envuelto en oscuridad. Le crecieron garras, todos a su alrededor corrieron, todos gritaban. Tenía mucha fuerza.

-¡¿Fuerza?! ¿Tú como sabes eso?- Nick comenzó a interrumpirlo, intuyendo a que dirección estaba apuntando todo este problema. Se levantó de su silla y se paró a su lado. Tomó su hombro con delicadeza y preocupación, intentando hacer que el chico lo viera a los ojos. No obtuvo resultados. La mirada de Teru estaba clavada en la mesa, aún sin poder asimilar bien las palabras que saldrían de él.

-Me atacó.

Ambos muchachos se habían quedado sin palabras, y el aire del salón parecía estrecharse. Nick estaba atónito ante la revelación. Mientras que el otro chico solo seguía mirando la mesa, en busca de algo que pudiera quitarle la pena.

-Parecía estar cegada. Evité sus ataques varias veces, pero acabo rasguñando mi brazo. Apenas ella se enteró de esto, se espantó... y yo también. Ambos nos fuimos corriendo y nunca más nos vimos. 



Aquella noche salí a buscarla. No la pude encontrar, así que me fui camino a casa. Y bueno, aquí estoy ahora- Decía Teru entre risas apagadas buscando algo bueno en toda la situación. Nick seguía perplejo, sin ninguna palabra aún. -Se que algo está mal con ella, debo arreglarlo y-

-Oye, Mira. Se que quieres entenderla y todo pero... ¿En serio tienes que hacerlo?.- Nick luego de digerir todo lo que había ocurrido, decidió atacar con las preguntas fuertes. Todo en un intento de hacer que su compañero entrara en razón.

-...Pero, ella es mi amiga.

-Quizá tu la veías como tu amiga, pero, nada nos asegura que ella te viera igual... Piénsalo un poco Teru, ¿Un amigo te trataría como ella te trató?. 

El chico alzaba su cabeza hacía el techo, ahora pensando con los parpados caídos.

-Cuando la viste de nuevo, pude ver todas las memorias que llegaron a tú mente. Esto no es algo de una única ocasión, esto no es algo de unos días... es algo de semanas, meses... quizá años.

Teru tragó saliva al comenzar a ver la verdad, pero siguió negligente ante sus pensamientos.- Pero... yo también soy un tonto. Arruino todo y soy muy despistado, entiendo que se enoje conmigo.

-Eso solo te hace poco apto para el trabajo, pero no poco apto para ser su amigo.- Nick tomó los hombros de Teru y lo vió a los ojos con seriedad -Oye, la gran diferencia entre tu y ella, es que tu por lo menos lamentas tus tropiezos. ¿Ella aunque sea una vez te ha pedido perdón por lo que hace? o si quiera, ¿te ha dicho lo mucho que te valora?

Los ojos del chico estaban irritados y cristalinos, Nick pensaba que había ido muy lejos. Mirando al suelo, tomó algo de aire y preparó sus siguientes palabras:

-Oye... yo no creo que seas un completo tonto. Cuando nos mezclamos, debo admitir que sabes manejar bien las situaciones. Vez todo de todos los ángulos posibles...Tal vez, deberías dejar de pensar que es lo que Tamara quiere de ti, y comenzar a ver que es lo que quieres tu de ti.

Teru luego de mucho tiempo, había comenzado a sentir nuevamente la calidez dentro de él. Ni la Tamara actual, o sus amigos en la universidad lograban tocar su fibra emocional como Nick. Teru alzando sus ojos a los de la sombra, con una sonrisa tranquila y los ojos caídos, agradeció aquel regalo a su compañero:

-Gracias Nick... Creo que tienes razón.

Mirando su rostro bañado en la luz de la luna, Teru buscaba algo entre sus pupilas; el alma de su compañero. Era algo que no lograba comprender, pero era algo que le indicaba que este era el compañero correcto; el verdadero segundo "Guerrero Omega".

-Creo que será mejor ir a dormir. Toma ese té y de vuelta a la cama, campeón.- Nick dijo soltando los hombros de Teru, caminando por la sala hasta la puerta por la que entró- Mañana es otro día de trabajo. Si tienes más dudas puedes contármelas.

-Ok.

Nick sin decir más, cerró la puerta tras de él cediendo un momento a solas al chico. Teru bebiendo pequeños sorbos de su té, miraba por la ventana pensativo. Aunque miles de preguntas invadieran su cabeza, la paz también venía con ellas. En su interior, el sabía que no estaría solo para enfrentarlas esta vez.

-Señor...¿Dónde va?- J veía a su jefe caminando en circulos frente a su escritorio. El ninja le preguntaba algo preocupado, y el señor del traje blanco se mostraba pensativo, y a la vez inquieto. Mientras mas vueltas daba, más murmullos decía. Lentamente, aquella inquietud se destapaba revelando su verdadera cara; obsesión, impaciencia, y emoción. El se reía entusiasmado entre sus murmullos. Sin ignorar al ninja, pero sin mirarlo a los ojos le respondió:

-¿A donde voy? a comenzar la siguiente fase de mi plan... Tamara es débil, y es momento de aprovechar esa debilidad. Se a donde se dirigen ahora, y no hay nadie más indicado para esta tarea que mis defensores...

J se sobaba las manos mientras reía algo nervioso. No comprendía de que cosas hablaba su jefe. Pero al ver su entusiasmo, mantenía la fe en que honraría el nombre de la organización. 

-¡Excelente, señor! dígame que debo hacer.

-¿Tu? Tu no irás a ningún lado.- Decía George burlesco y sarcástico.

-¿Eh?...- El ninja decía desilusionado y sorprendido por la respuesta.

-Robin dirigirá esta emboscada. Atacaremos con todo lo que tenemos... Esa niña y Greg no tienen idea de lo que les espera. Sus días están contados.- Dijo mientras estiraba su palma vacía al aire, mirándola con sus pequeñas pupilas y sus temblorosos dientes que sonreían.-Ya casi puedo sentirlos en la palma de mi mano...¡Estamos tan cerca!- George seguía riendo con entusiasmo, apretando con fuerza su puño alzado, ahogándose en las fantasías de sus planes realizándose. Babeaba y empujaba sus ojos a los limites de sus cuencas. Tomando aire para relajarse, limpió su garganta a tosidos.

J sentía como su sangre hervía de la rabia. Estaba molesto por las decisiones del jefe, recordando cuando aún era apreciado por él:

-¿Robin? ¿El chico nuevo? ¿¡Es en serio!?… Yo llevo aquí desde el día uno de la fundación, cumpliendo mis misiones y entrenando ¿¡Y aún asi lo prefiere a él antes que a mi?!- Decía el ninja gruñendo en las profundidades de su mente. En una nube de humo, su presencia se esfumó.  Reapareciendo en los pasillos de la agencia, la luz de la luna lo iluminó. Su voz siguió retumbando en la oscuridad de su interior:

-Vete a comer mierda, jefe. Te voy a demostrar quien es el numero uno... ¡Voy a acabar con Greg, Tamara, y Robin!


-Capítulo 15: Pesadilla de Media Noche-



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