CAPÍTULO 6

-¡540 botellas hay en la pared, 540 botellas hay!~ ¡Si una de ellas llegase a caer, 539 botellas quedan en la pared!~

Greg caminaba ligeramente molesto sobre un enorme tronco. El tronco funcionaba como un puente que evitaba la caída a un rio de liquido venenoso que estaba bajo sus pies. Entre el liquido flotaban cráneos que parecían ser de humanos. Ambos se encontraban en un segmento del bosque muy oscuro, lleno de sauces llorones que cubrían el sol e invitaban a la oscuridad. Mientras tanto, Tamara le cantaba una canción desde su mochila de saco, intentando hacer que el demonio se rindiera y dijera la verdad. Luego, una dos horas pasaron:

-¡318 botellas hay en la pared, 318 botellas hay!~ ¡Si una de ellas llegase a caer, 317 botellas quedan en la pared!~

Ahora Greg escalaba el manto de una montaña helada con sus afiladas garras. No había rastros del sol y el cielo estaba gris, El aire era sofocado por la violenta ventisca que azotaba el lugar. El demonio ya no sabía que era lo que le causaba mas irritación, la nieve en su rostro, o la voz de su hija rebotar dentro de sus alargadas orejas. Luego, Tres horas pasaron:

-¡97 botellas hay en la pared, 97 botellas hay!~ ¡Si una de ellas llegase a caer, 96 botellas quedan en la pared!~ 

Ahora Greg bajaba por un muro de rocas al costado de una gran cascada. El sol había regresado, pero no sería por mucho, pues ya comenzaba a atardecer. Greg a pesar de haber oído cinco horas seguidas de Tamara cantar, no dejó que su furia le ganara, y preguntó seriamente:

-¿Ya terminaste?

-Faltan 96 botellas para romper, y mientras más me preguntes más me demoraré en romperlas.- Tamara veía que su plan no estaba funcionado, así que evitó el contacto visual con él por un rato. Su concentración en cantar no le hizo notar el fétido olor que provenía desde la misma mochila. Era un olor vomitivo y repulsivo que arrugo la cara de la chica.

-Oye ¿Qué mas traes aquí? Huele horrible.

-Cosas de segunda mano.

-¿Y por que huelen a pañal sucio? Espera, ¿Esto es basura?

-Basura, no. Cosas de segunda mano, si. Es el tesoro de un hombre afortunado- Greg corrigió

-Guácala...- Tamara asqueaba al pensar que efectivamente podía ser basura.

-No es tan terrible, mira hecha un vistazo a dentro.

Tamara sumerge su cabeza dentro de la mochila de saco, revisando más a profundidad las cosas que tenía su padre. Entre las bolsas de frituras procesadas, los libros, y un cepillo de dientes, La chica ve una polera blanca bien extendida con un texto en su pecho: "Los nenes  malos van a Chicago". Tamara volvió a forcejear su cabeza hacía la superficie, solo para mirar a Greg fijamente.

-¿"Nene"?... Tú eres un viejo.

Luego de unos minutos. Greg y Tamara lograron bajar sanos y salvos a las orillas rocosas de la cascada. Rodearon el enorme lago acompañado de los pinos y el cielo naranja. Unas pequeñas y traviesas libélulas revolotearon y juguetearon sobre la cabeza de Tamara. Esta escondió la cabeza rápidamente por repelús, aterrada por los bichos alados. Repentinamente, Greg tomó la mochila de saco y la colocó como saco de papas en un agujero que había cavado cerca de la misma orilla. El movimiento hizo que ahora los hombros enredados de Tamara fueran expulsados.

-¡Ey! ¿¡Que haces, sesos de mierda?!- Tamara se quejaba, pero su padre no le oía nada. Simplemente comenzó a rellenar tranquilamente el hueco con sus garras, dejando solo el perfil de la chica al aire. El polvo que se levantó la hizo estornudar un poco. Una vez acabó, El demonio reclamó su caña de pescar de la mochila, y se sentó al borde del lago a pescar una vez más.

-A las chicas no les gustan los "nenes" que huelen a pescado, ¿sabes?- Tamara le dijo

-No estaría pescando de nuevo si no me hubieras interrumpido antes- Greg estaba enojándose más.

-Jo, ¿Asi que ahora es mi culpa?

-Si, ahora cállate.- dijo de manera cortante. Tamara blanqueó los ojos y rezongó del aburrimiento. Miró las espaldas del demonio que pescaba intentando relajarse. Todo era muy silencioso, bastante silencioso... y la chica en pocos segundos ya estaba con algo nuevo en mente para fastidiarlo un poco:

-Y... ¿Ya terminaste?- Preguntó curiosa.

-No. -Greg cortaba.

-¿Y ahora?

-No.

-¿Y ahora?- Tamara insistía

-¡Que no!

-....¿Que tal ahora?

La furia en el pecho de Greg estaba por explotar, con fuerza clavó su caña a un costado, y se volteó para confrontarla.

-¡Escucha niñita! no pruebes mi paciencia... Ya jugaste demasiado conmigo y ahora si me estoy enojando. ¡Es en serio!

-Entonces respóndeme de una vez ¿Qué quieres de mi? ¿Por que me secuestraste?

-¿Como quieres que te pruebe la verdad?...- Greg cubrió su rostro de lo irritado que estaba.

-No tienes que probarme nada, te conozco al pie de la letra.

-¿Ah si?- Greg preguntó sarcásticamente. 

Tamara le miró seriamente, levantando una ceja. La mueca hablaba por si sola.

-... Bueno, tienes razón- Greg derrotado y algo avergonzado se rascó la nuca. El silenció atacó de nuevo, pero Tamara sin hesitar lo rompió con una propuesta para definir su veracidad:

-...Júramelo- Los ojos de Tamara lo clavaban como pequeñas agujas en la piel -Júrame que no estás mintiendo.

-Lo juro- Greg decía con bastante seriedad.

-No tan rápido, alto ahí. No lo jures por ti... Júralo por mamá- La mirada de la chica ahora perforaba a Greg como si fuera una espada. El demonio se puso algo nervioso, se ahogó por un momento incluso. Tamara lo seguía observando de manera desafiante, sabía que si Greg mentía no podría contra una promesa a nombre de su mujer. Pero sorpresivamente estaba llevando su mano al corazón, mientras cerraba sus ojos y soltaba las palabras:

-Lo juro. Lo juro por Honey...

Tamara estaba anonadada, Pensó que se rendiría y admitiría su plan malvado, pero no creyó que en serio lograría prometer algo por su madre. En ese caso, Greg debía de estar diciendo la verdad, pensaba la chica.

-Bien, ¿Ahora me crees?- Greg intentaba sacarse de encima el tema de su esposa lo mas pronto posible.

-...Espero no hayas dicho su nombre en vano. Te estaré vigilando.

-¿Entonces vas a trabajar conmigo?

-No lo sé, en realidad...- Tamara entre suspiros pensaba en si sería buena idea trabajar con su padre.

-Ok, a callar entonces.- Dijo Greg mientras se colocaba unos tapones en los oídos y agarraba su caña para volver a la pesca. 

-¡Ey, espera! tengo mas preguntas.- La chica aún no había terminado -Tenía un botón con alas pegado en mi. Cuando lo vi, gatilló mis poderes y... y extrañas imágenes vinieron a mi cabeza- Tamara al recordar poco a poco los sucesos hizo que su piel se erizara y que sus poderes psíquicos crearan leves ondas desde su cabeza: sus pupilas brillaban y su cabello flotaba. Sacudió su cabeza en negación para salir del trance, y prosiguió interrogando a Greg -Dime ¿Sabes que significa todo eso? ¿Qué es eso del "Anillo Escarlata"?- Tamara vio que sus interrogantes no iban a ningún lado, pues el demonio no estaba oyéndole nada. Estaba a punto de regañarlo, cuando empezó a notar que algo grueso y pinchudo estaba enrollándose al rededor de sus hombros. Al bajar la mirada, vio que eran vainas espinosas; vainas de que parecían de una planta. 

-Ah... ¿Greg?- Tamara intentó pedir algo de ayuda. Pero nuevamente no tuvo ninguna respuesta -¡¡Greg!!- Intentó llamarlo de nuevo con mas urgencia, y una vez mas se quedó sin respuestas. Las enredaderas agarraron el torso superior de Tamara tan fuerte que la desenterraron de su hueco, y la arrastraron lentamente hacia la densidad del bosque con mochila y todo. Detrás de ella, más enredaderas espinosas la esperaban. La chica pensó en utilizar sus poderes psíquicos, pero recordó el impedimento que significaba la red que la envolvía. Mientras más usaba sus poderes, más se agotaba físicamente, y un shock eléctrico de la red no sería de ayuda, pensaba para si misma. Un nuevo par de enredaderas llegó desde el bosque para envolverla de cuerpo entero. Con una fuerza descomunal, lograron levantarla por los aires. Entre su respiración agitada, se dirigió gritando hacia Greg.

-¡Oye! ¡¿No querías trabajar conmigo?! ¡Este es un buen momento para probarlo!- El regaño de Tamara se vio interrumpido por unos gruñidos que venían desde los altos pinos detrás de ella. Desde las hojas de los arboles, miles de dientes rojos y puntiagudos resaltaban, soltando babas verdes que brillaban y que escurrían hasta el suelo. A medida que los colmillos salían a la luz, un enorme y oscuro hocico sin ojos, nariz, ni orejas, y un estrecho cuello verde se revelaban: Era una planta carnívora gigante. La bestia la levantó con sus vainas por sobre su enorme boca, y abrió sus fauces; dispuesta a devorar a la chica entera.-¡¡¡Greg!!!- Tamara dio su ultimo grito de ayuda.

-Vaya... una Trucha arcoíris, un pez de agua dulce y algunos casos salada, de coloración muy clara. Eres un salmónido muy interesante entre otros que he visto.- Greg estaba muy ocupado admirando el pez que atrapó. El Pez brincando entre sus manos escapó cayendo al rio, dejando al demonio con una mirada frustrada.

La planta come humanos sacudía la mochila sobre su boca, intentando únicamente extraer a la chica del saco. Ella regresó su cabeza dentro de la mochila como una tortuga, pero la planta de una violenta sacudida logró empujar su cuerpo completo fuera del saco. La red que la envolvía se rompió de la fuerza, y desenvolvió a la chica como un trompo. Frenó sus piruetas sujetándose de la misma red, que ahora la había dejado colgando mucho más cerca de la boca del monstruo. Tamara estaba a solo centímetros de sus colmillos, y el monstruo daba rápidos mordiscos intentando atrapar sus piernas. La chica por reflejos, las recogió al instante.

Tamara ahora que ha sido liberada de la red, se puso a idear un plan. Con la fuerza de sus brazos, se columpió en la red colgante, y saltó lejos de los dientes de la planta. Está olfateo que el aroma a carne había desaparecido. Lo buscó en el aire, y al encontrarlo nuevamente, lo persiguió. La chica aún sin haber tocado el suelo, se percato de que la planta venía tras ella mordiendo el aire 

-¡No estoy de humor ahora!- Dijo entre dientes utilizando sus poderes psíquicos para envolver con poder su mano derecha. El monstruo estaba a punto de dar su bocado final, pero la chica de un puñetazo impactó contra el hocico de la planta, haciéndole volar algunos de sus dientes, y derramando al suelo un denso liquido purpura. La planta chilló y retrocedió adolorida mientras se sobajeaba con sus vainas el hocico. Tamara cayó al suelo tropezando y rodando en el polvo. La chica ya notablemente agotada se apoyó sobre sus brazos levantándose de la tierra, viendo que uno de los colmillos rojos había caído cerca de ella. Pensando en que su energía física podría aguantar unos usos de poder más, se levantó dispuesta a encarar al monstruo: 

-¡Muy bien! Tu lo pediste ¡Te haré mi saco de boxeo personal!

-Vaya, a ti nunca te había visto antes... Eres un pez único, aunque no se si comerte o dejarte ir. -Mientras tanto, Greg le hablaba a otro pez que atrapó: era redondo y azulado. Pero la conversación con su nuevo amigo se interrumpió por su barriga que comenzó a tronar -La naturaleza ha llamado. Lo siento amiguito, esto me dolerá mas a mi que a ti.- Dijo mientras se preparaba mentalmente para morder al animal. El pez intento saltar de sus manos, pero Greg lo atrapó firmemente. Riendo victorioso, abrió paso a que el pez disparara un chorro de agua hacia su boca, quien tosiendo y asqueado lo dejó caer accidentalmente al lago. Greg había perdido la cena otra vez.

Concentrada, Tamara utilizó otra vez sus poderes psíquicos e hizo levitar el colmillo sobre el suelo. La planta apenas dejó de palparse la boca, sentía como un enorme proyectil rojo se acercaba a gran velocidad. Con una de sus vainas y de un solo latigazo, desvió el colmillo hacia la densidad del bosque, haciendo que se perdiera para siempre. 

Tamara estaba desconcertada, y el monstruo estaba furioso, gradualmente liberando espuma de sus fauces. Miles de vainas nuevas empezaban a nacer al rededor de Tamara. Todas se alzaron como pilares que querían tapar el sol, esperando ordenes del monstruo mayor. Este tomó aire hasta que lanzó rugido al aire: su llamado a la acción. Las vainas caían pesadas como como una lluvia de granizo sobre la chica, quien era aturdida por fuertes latigazos espinosos. A pesar de ser golpeada por todas las partes de su cuerpo, Tamara resistía todo e intentaba concentrarse para usar sus poderes. 

Desde las ondas de su mente logró materializar un domo de energía que la protegiera de los ataques. Su cara estaba empapada en sudor, y se estremecía por el cansancio que ahora se transformaba en dolor. Las vainas azotaban con brutalidad el escudo, tanto así que progresivamente iban trizando partes de el. Miles de pequeños fragmentos brillantes caían como la nieve al rededor de la chica, quien necesitaba pensar en un nuevo plan. Las roturas del domo se expandían por la superficie rápidamente, llevando al material a su limite.

Tamara pensó y pensó, ¿Qué podía hacer para llamar la atención de su padre? las ideas se perdían al sentir los pequeños trozos del domo caer sobre su cabeza y nariz. Un trozo triangular del escudo cayó a su costado, apuntando con su cúspide hacia las orillas del lago donde aun estaba Greg. Su bombilla se encendió con un plan, que a pesar de ser la mejor opción era también un alto riesgo. 

Tamara reunió su valor y sus ultimas fuerzas respirando profundamente. Sus ojos se cerraron, y su cabello flotaba brillando como el sol. Sus parpados se abrieron revelando sus destellos, pero poco a poco también lo hacía su cuerpo: todo su ser había comenzado a brillar. Y en una explosión deslumbrante, una poderosa onda psíquica se liberó desde su cabeza. 

La onda rompió el domo desde adentro, disparando pequeños trozos de este a sus alrededores. Se clavaron en los arboles, en la tierra, en el rostro de la planta, y directamente en la espalda de Greg, aboyando su armadura. El demonio al sentir el golpe en la espalda, se estiró algo tenso y soltó al nuevo pez que tenía entre sus garras, dejándolo caer en el lago por ultima vez. Estaba atónito, pero rápidamente enfureció. Se volteó listo para regañar a la chica, pero para su sorpresa ella estaba en el suelo mirando al cielo como roca. 

-¡Estoy inmóvil, Greg! utilice todo mi poder... ¡Encárgate de la planta! 

El demonio no comprendía con exactitud a que es lo que se refería, hasta que al otro extremo de la chica presenció a la gigantesca planta de colores oscuros y rojizos. Mientras observaba, esta se acercaba para al fin poder devorarla. Greg apresurándose, sacó el libro del maestro de su bolso. Buscó, buscó y buscó... hasta que al fin lo encontró: La debilidad de este tipo de plantas. 

El punto débil estaba en el centro de su tallo. Una vez recolectada la información, regreso el libro a su bolso, y desde el otro lado de su cinturón desenvainó su larga katana carmesí. La espada resplandecía y reflectaba la luz del atardecer con todo su esplendor. Posicionó sus pies firmemente en la tierra, preparándose para el ataque. 

Sujetó el arma con ambos brazos a un lado de su cintura, y se propulso velozmente a atacar. Alzando su filo en el aire, clavó los bordes de la katana en el tallo de la planta. El cuello era tan grueso que Greg no pudo finalizar el corte correctamente; la espada se había estancado allí. El monstruo chillaba y se meneaba sin dirección fija. Greg apretó sus brazos contra la katana y logró hacerla deslizar por el duro tallo de la planta, dejando así su corte incompleto. Desde las entrañas del tallo comenzó a escurrir como una fuente, un liquido morado que empapó el rostro de Greg. El demonio limpió sus ojos y vio el liquido que ahora yacía entre sus dedos. Al verlo, se sorprendió e incluso retrocedió un poco. No podía creerlo.

-¿Que? Pero...- No hubo tiempo para pensar, pues una enorme sombra se alzaba sobre él. La planta furiosa, con espuma en sus fauces, estrelló su cara violentamente contra la tierra, y comenzó a arrastrar sus boca hacia el demonio. El intentó correr con su gran velocidad. Sin embargo, su esfuerzo no rindió frutos, ya que había sido capturado entre los dientes de la bestia. Todo estaba oscuro, húmedo y el cielo ocre del exterior apenas era visible. Otro bocado se dio y la chica ahora estaba atrapada en la boca de la bestia también. Entre la baba y la humedad, ella encontró la chance de al fin reprochar a su padre:

-¡Esto es tu culpa!

-¡¿Mia?!- Greg se había ofendido -¡Tu me irritaste todo el viaje!

-¡Y tu no me escuchaste nada! ¿¡Así quieres que trabajemos?!

La planta saboreaba y disfrutaba la discusión ensordecida entre sus dos alimentos, pero comenzó a arrugarse y a hacer muecas extrañas: había detectado un sabor de muy mal gusto en su lengua. Dándole algunas vueltas al alimento por sus mejillas, notó que se traba del demonio. Sacudió su cabeza en negación y como una bala, Greg y Tamara fueron escupidos directamente a las profundidades del bosque, cubiertos en la saliva verde del monstruo. 

Del cortante aire cayeron a la dura tierra en una bajada empinada, y unidos comenzaron a girar como una rueda. Se quejaban de los golpes que recibían en el camino por los baches, arbustos, ramas y la misma tierra, que había comenzado a volverse mas áspera. 

Luego de segundos terminaron su recorrido y quedaron a los pies de un nuevo rio. Un rio rojizo rodeado pasto apagado, y de altos y delgados arboles pálidos. Eran tan altos que sus copas no eran visibles y se perdían en las sombras. El atardecer y sus pájaros habían desaparecido. Todo se había vuelto lúgubre. 

Greg se levantó mareado de tanto girar. Por momentos sintió el nudo en su garganta y las ganas de vomitar, pero se tragó todo por su orgullo. Al estabilizarse, miró sus alrededores en busca de alguna pista de su paradero actual. Todo se veía mas gris a comparación del lago dorado. Para su sorpresa, la chica estaba desaparecida. El demonio estaba ciertamente aliviado. Fue entonces que sus oídos captaron aquella voz que le irritaba tanto oír.

-¿Que? ¿Pero que?- La chica si se encontraba en el lugar, y en el peor de los momentos. Greg podía sentir el peso de algo adherido a su espalda, que pataleaba y se movía inquietamente. Cerró sus ojos enfadado y sacudiendo su cabeza, creyendo que esto todo era una horrible pesadilla. Lentamente comenzó a girar la cabeza sobre su hombro, y forzó un único y rígido ojo a abrirse. Sus sospechas se habían vuelto realidad: La espalda de Tamara se había adherido a la suya por la baba de la planta, y ahora estaba cargándola. La chica también había volteado a verlo. Sus miradas chocaron, y sus rostros estaban petrificado del asombro.

-Ew...- Dijo Tamara pasando al disgusto rápidamente

-Esto será horrible.- Greg decía cortante. 


-Capítulo 6: Cacería de tontos-

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