CAPÍTULO 13
Ya había oscurecido en el bosque maldito de Isla Frontera. El cielo se tiñó de un azul marino y las estrellas brillaban como lentejuelas a la distancia. Greg se había decidido en sacar a la chica de su saco, y dejarla caminar un poco para ver su estado físico. Ella podía andar, pero andaba a paso de tortuga, a veces cojeando y a veces casi tropezando. Su padre con su característico tono serio le preguntaba si necesitaba ayuda. Tamara con su terquedad negó la ayuda, diciendo ser capaz. Greg algo fastidiado por su perseverancia, tiró su preocupación de lado y dejo a la chica hacer lo que quisiera.
Los pinos se habían cambiado por arboles frondosos y sauces llorones que dejaban caer sus hojas sobre de tierra. El rio a su costado se convirtió en un enorme pantano, rodeado de plantas de totora, hojas de loto, y luciérnagas que revoleteaban en el aire. A las lejanías del rio, al otro lado de las costas se veían dos aros de piedra gigantes, tragados por el musgo, observando la luna llena.
Entre la oscuridad de la noche, Greg y Tamara notaron unas luces cálidas venir de la costa, cerca de ellos. Oculto entre la oscuridad, había una pequeña choza de dos pisos, de madera anaranjada y un techo marrón. De ella colgaba un cartel en forma de calavera en llamas que decía: "Cantina Stronghollow, ¡Solo para sombras fuertes y rudas!"
-Yo soy fuerte y rudo.- Dijo el demonio notando de inmediato que su hija había dicho la misma frase para ella. Mirándose fijamente a los ojos con sus expresiones apagadas, tomaron acción y entraron a la cantina sin peros.
El interior de la cantina estaba repleta de sombras. Algunas robustas, otras musculosas, otras barbudas y otras de miradas intimidantes. En sus paredes habían carteles de películas antiguas, películas de agentes secretos, vaqueros y romance. Las mesas y butacas eran de madera rustica. En el fondo del salón, había una barra de tragos con butacas altas, y un cantinero algo malhumorado. Algunas de las sombras lograron reconocer quien era el demonio que acababa de ingresar a la cantina:
-¿Comandante Greg?- dijeron algunos de ellos sorprendidos, pensando que nunca verían a tal figura por esos paramos. A un lado suyo, vieron a otra figura mas pequeña, de cabello pelirrojo ondulado, y chaqueta negra.
-¡Y la niña!- Las sombras nuevamente sorprendidas, se prepararon para el ataque. Parándose sobre las mesas y de sus asientos. Afilando sus armas, rompiendo botellas sobre sus duras cabezas, y mostrando los puños. La chica y el demonio se veían inmutados ante todo la escena, estaban completamente molidos.
-Tranquilos salvajes, viene conmigo. Si la tocan, los aniquila.- Greg decía entrando junto a Tamara al fondo de la cantina. Un demonio gigante y barbón en una de las mesas, cubrió sus inmensos puños en hielo gracias a sus poderes. Saltó sobre su mesa dispuesto a atacar Tamara por la espalda, pero ella por reflejo lo detuvo en el aire con sus poderes psíquicos. El demonio fue lanzado por la ventana de la cantina, quedando aturdido en las afueras de la cantina. Tamara se llevó su palma a la cara, su cabeza aún dolía demasiado.
-Se los dije.- Dijo Greg suspirando. A medida que ambos avanzaban hacía la barra del cantinero, el demonio podía notar en las paredes aquel liquido morado que vio en las plantas en el bosque. Frente a sus ojos, una de las mesas se encontraba destrozada y bajo ella, había un tipo alto y de nariz larga. estaba inconsciente, las marcas en su cuerpo indicaban que se había metido en una pelea. Desde su nariz y boca se derramaba aquel liquido purpura.
-Lo sabía...- Dijo Greg en su mente aprobando sus sospechas mientras se sentaba en la silla del cantinero. Tamara lo acompañó sentándose a su lado.
-Ey amigo, una jarra llena de cerveza, por favor. Para la niña quiero-
-Dos jarras, bien llenas.- La chica dijo interrumpiendo al demonio con su voz desanimada y cortante. Su padre desconcertado, se tragó sus palabras y se dirigió nuevamente al cantinero.
-Tres Jarras serán.- Greg mostraba contando con los dedos de sus manos.
-No pagan, no hay servicio.- El cantinero deslumbraba su mal humor ante los nuevos clientes.
-Esperaba que dijeras eso.- Greg desenvainó de su cintura, su larga katana y la clavó en el mostrador intentando intimidar. -¿Ves esto, amigo? Es mi enorme espada, y sería una enorme lastima el que tenga que seguir embarrando las paredes de tu-
El cantinero sin titubear sacó una espada más grande y robusta de abajo de su mostrador. Los demás demonios en el fondo de la cantina también sacaban sus armas, espadas, lanzas, hachas... El demonio avergonzado decide esconder su diminuta katana, y revisando sus bolsillos saca el dinero, pagando tímidamente. Eran unas monedas doradas con la cara del maestro en ellas. El cantinera las vio ante la luz de las lamparas de techo, mordiéndolas para comprobar su autenticidad.
-Si, eso pensé- Dijo el cantinero sonriente guardándose el dinero y yendo camino a servir los tragos. Una vez servidos, los deslizaba por sobre la barra. Las jarras de cerveza se deslizaron hasta parar frente a los rostros de Greg y Tamara, sin derramar ninguna gota. El cantinero también deslizó una pequeña fuente de maní salado.
Greg dio un trago, Tamara también dio un trago. Ambos no se decían ninguna palabra, evitaban todo contacto visual. Solo bebían y bebían simultáneamente. El demonio tomó un maní entre sus garras con curiosidad, pero al olerlo arrugó la cara y le dejó donde estaba. Tamara simplemente se llevó uno a la boca, sin pensarlo dos veces. Greg jugando con su jarra hacia torbellinos con la cerveza, observaba nuevamente las paredes del lugar, apreciando los posters y los cuadros de antaño. Habían muchas películas que el reconocía, películas que el había visto hace años con amigos. Entre todos esos cuadros, encontró una pequeña pintura de unos angelitos tocando trompetas entre las nubes. El demonio se quedó clavado viendo la pintura, y poco a poco, comenzaban a resurgir unos recuerdos dentro de su mente.
Greg estaba en llegando el trabajo a casa. Su hogar se veía húmedo, apagado y sin vida. La pintura de la pared se estaba pelando, y en la alfombra habían pequeñas basuritas. Cerrando la puerta detrás de él, el demonio dejó su capa y espada tiradas en el sofá, yendo directo a la cocina a comer algo. Mientras se quitaba la armadura de sus manos y brazos, desde la entrada de su hogar una misteriosa y susurrante voz masculina le habló.
-Un día muy agotador, ¿me equivoco?- Dijo aquella voz
-Si, ni que lo digas.- Greg respondió por inercia, percatándose rápidamente de que alguien había ingresado a su hogar. Al voltearse, vio a un hombre en túnica roja.
-¿¡Quien eres?!- El demonio corrió rápidamente al sofá para reclamar su espada y apuntarla con funda y todo hacía el extraño invasor.
-Tranquilo... Oye, creí que estarías contento de ver a un viejo amigo.- Dijo el hombre removiendo un poco de su capucha, y revelando únicamente una parte de su cabeza: sus dos cuernos cortados.
-Tu...- Greg bajó su espada y confrontó al otro demonio -¿Qué haces tu aquí? ¡Lárgate o llamaré a la policía!
-Solo me pasaba por aquí, luego de ver una de tus miles de humillantes derrotas ante esa niña y su amiguito...
Greg solo refunfuña y mira a un lado, molesto y rebajado por las palabras del demonio en la túnica
-¿No te aburre?- Continuó este mismo -¿No te... deprime?
-Solo dime a que mierda quieres.- Dijo el demonio yendo directo al punto.
-Tengo un trato para ti. Y esta vez, no fallaré en cumplirlo...- El otro demonio decía confiado en sus palabras.
-Ajá, ¿Qué te hace pensar que te creeré esta vez?
-Puedo darte algo especial. Si... algo muy especial- El demonio de la túnica entraba a su hogar lentamente. Viendo sus alrededores, encontró lo que buscaba en las desgastadas paredes del lugar -Verás, una ocasión especial...- Decía mientras veía un calendario colgado en la pared -amerita un regalo especial.- Terminando su monólogo, busco en sus bolsillos el objeto que haría al demonio entrar en razón. Al encontrarlo, entre sus garras lo presentó ante Greg.
Este se le acercó alterado, tomándolo del cuello con una expresión iracunda. El otro demonio soltó el objeto de sus manos, dejándolo caer al suelo, tintineando
-No juegues conmigo, imbécil.- La voz de Greg estaba rasposa, pero temblaba al mismo tiempo.
-Soy muy serio con mis tratos. Pero, solo lo podre cumplir si confías en mi...¿Quiere oír el resto?.
Greg estaba completamente alterado, pero al ver esa insignia que ahora yacía tirada en el suelo, tomó aire profundamente y sintió como algo dentro de el se ablandó. lo soltó con brusquedad y le habló entre respiros agitados.
-No malgastes mi tiempo.
Pasamos a un cuarto oscuro, donde una elegante y redonda mesa marrón con una bola de cristal esperaban. El demonio de la túnica roja esta ahí, sentado frente a ella. Ingresando por las cortinas rojas que colgaban de la entrada, apareció Greg. Bajo su brazo, traía unas carpetas amarillas que parecían estar llenas. Al llegar a la mesa, las deslizó sobre esta. Una de las carpetas revelaba fotos y datos de Teru, mientras otra revelaba los datos y fotos de Tamara. El demonio de la túnica tomo algunas fotos y las alzó en el aire, revisándolas con mayor claridad.
-Así que... Este es el muchacho- El demonio ahora revisaba los expedientes, los papeles y el historial muy detallado que Greg hizo en el chico.
-Tal como lo vez; Ágil, atlético... Es todo lo que buscas.
-Excelente.- Decía el demonio encapuchado sonriendo con malicia.
-Ahora, ¿Cómo piensas capturar a la niña?- Greg se veía interesado en como iba a lidiar con su rival y enemiga numero uno.
-Lo siento... Pero no voy a poder llevarme a Tamara.
-¿Que?- Greg se veía anonadado, pero también molesto.
-Ella es demasiado fuerte para mi, en mi estado actual, solo creo poder ser capaz de llevarme a Teru... La única persona que ha logrado hacerle frente eres tu. Asi que necesito que tu la atrapes, y la traigas hacia mi... Además- El demonio encapuchado se levantó de su silla y comenzó a caminar al rededor de Greg.
-No tenias... ¿Una vendetta personal contra ella?...- Dijo con una voz suave cerca del oído de Greg.
-Si, tienes razón. Traeré a la niña.- El demonio tomó la misión firmemente.
-Muy bien. Cuando tengamos a ambos, tomaremos el poder de la niña y los derrotaremos en el lugar... y luego iremos por la cabeza del maestro tal como querías. Te buscaré mañana en la mañana. Estoy preparando unos dispositivos especiales para ti... debo decir, que es un gusto volver a recibirte por aquí.- El demonio encapuchado le tendió la mano. Greg dudó por un momento, pero con una sonrisa confiada le dio la mano fuertemente.
-El gusto es mío.- Dijo él.
Ambos demonios se dieron las manos, sacudiéndolas en el aire. El demonio encapuchado solo se reía maliciosamente. Estuvo así unos buenos segundos, haciendo que sus risas retumbaran en las paredes. Greg solo oía todo, pero no podía evitar sonreír con maldad. El demonio encapuchado decidió dar fin a sus risas, tomando aire para cerrar su trato.
-Bienvenido una vez mas al Anillo Escarlata.-
Al día siguiente, Greg se había topado con Tamara en un callejón de la ciudad donde discutieron un poco. Teru ya se había desaparecido, y la chica lo buscaba por todos lados. Apenas se retiro, el mismo demonio de la capucha lo esperaba desde la cima de los edificios. Este al bajar y encontrarse cara a cara nuevamente con Greg, le entregó en sus manos los botones alados y la katana carmesí. El demonio las tomó con entusiasmo de sus garras y una sonrisa malvada se formó en su rostro.
-Usa esos botones para atrapar a Tamara con mayor facilidad. La niña caerá dormida por varios días… Luego, roba su libro y busca nuestras bases. El maestro nos quitó todos nuestros mapas. Puedes solamente hallarlos ahí. Me encargaré de darte lo prometido cuando llegues.- Dijo el demonio encapuchado
-Tus tratos nunca me decepcionan, Arzon. No te fallaré.- Greg dijo amarrándose la katana a su cadera, y guardando los botones en su bolsillo.
-Claro que no lo harás. Ahora ve, Greg...-
El demonio regresó de su flashback a la actualidad, con esa voz haciendo un eco amargo en él. Su pecho ahora ardía del enojo. Recordó como la chica despertó de su parálisis de la noche a la mañana, recordó a Robin y sus advertencias. Todo comenzaba a tener sentido para el, enojado, apoyó con fuerza la jarra de cerveza sobre la barra.
-Traicionado, otra vez...- Pensó para si mismo, sin poder quitarse un sabor amargo que tenía en la boca. Vio de reojo a Tamara, quien estaba muy callada bebiendo cerveza -¿En serio te beberás todo eso?
-Si.- respondió ella cortante y deprimida. Greg revisó su jarra, iba por la mitad mientras que la chica ya se había acabado una jarra entera.
-¿Te vas a tomar eso?- Tamara le preguntó a su padre. Este sin pensarlo dos veces simplemente le pasó su media jarra a su hija.
-Y pensar que te iba pedir un menú infantil.
Tamara estira su mano para recibir la jarra, y comienza a beber sorbos de las dos recipientes que le quedaban. Greg aún sediento, llamó al cantinero otra vez.
-Un vaso de cerveza, por favor.- Greg dijo algo decepcionado y molesto. Al recibirlo, se tomó todo un solo sorbo, se da unos golpes en el pecho y da un fuerte suspiro. El silencio incomodo entre ambos relativos continuaba, y mas fuerte que antes. El demonio todavía no tenía un buen presentimiento sobre la chica y su estado anímico. Sigilosamente se le dirigió y se atrevió a hacer preguntas:
-Oye ¿Por que me preguntaste eso en el bosque?
Tamara ya estaba dispuesta a responder, pero cada vez que tomaba aire, se retractaba de inmediato. Hizo unos cuantos intentos, hasta que dejó de esforzarse y soltó la información como podía soltarla.
-...Teru y yo ya no somos amigos...- Dijo Tamara entristeciéndose. Greg no se veía sorprendido, mucho menos obtuvo una reacción de la situación. -Tuvimos una discusión, yo...- Tamara escogió cuidadosamente sus palabras -Él se peleó conmigo... y... eso fue lo que pasó- La chica siguió tomando de la jarra de cerveza, ahogando sus penas y tragándose sus sentimientos.
-Ya lo suponía, eres pésima mintiendo. Debí enseñarte a mentir mejor cuando eras niña.
Nuevamente el silencio invadió el momento entre ellos, pero Greg no sabía como rendirse.
-¿Y entonces porque estamos yendo a salvarlo? ¿eh?
-¿Como?- La chica no quiso comprender la pregunta de su padre, porque sabía que significaba.
-Es decir... Ya no son amigos asi que... ¿Por que?
-¿Estás loco? tengo que hacerlo- Tamara imponía ante él.
-Pregunto de nuevo ¿Por que?- Greg también se imponía ante ella.
-Porque eso es lo que lo que un "Guerrero Omega" hace.
-¿Tu me hablas en español, verdad?- Greg estaba algo irritado por las respuesta de la chica, no eran las que él buscaba. Pero en el fondo, sabía que algo estaba mal.
-Así nos llaman.- Tamara le seguía explicando -Pero... Créeme que ahora me siento de todo menos una heroína. Teru se fue y... sin el libro, ya no podemos salvarlo. Este bosque nos comerá vivos y la ciudad caerá en la ruina.- Decía plantado su cabeza en la barra de tragos. Deprimiéndose mas y mas. Greg estaba dispuesto a seguir preguntando, aunque sabía que todo resultaría en catástrofe, necesitaba sacar la verdad de la chica.
-Oye, no entiendo ¿Cuál es esa fascinación en querer ayudar y salvar al mundo?
-¿Ah?
-Es tonto- Dijo el demonio de manera tajante.
-¡No es tonto! - Tamara comenzaba a fastidiarse
-¡Piénsalo! Le das la mano a todos allá afuera con tus tan especiales dones, ¿Pero ellos que pueden hacer por ti? ¡Nada! Ellos no son como tu.
-Estás perdiendo el punto, no necesitas poderes especiales para hacer algo grande. ¡Todos pueden! Todos somos igual de especiales.
-Lo dice la chica con poderes especiales.- Greg comentaba entre dientes, bebiendo de su vaso. Tamara estaba indignada, tomó un gran sorbo de cerveza y apoyó con fuerza la jarra sobre la tabla.
-¡Teru no tiene poderes y es igual de funcional que yo! Es más, te ha pateado el trasero un millón de veces.- Le presumió la chica enojada.
-¿Entonces porque lo capturaron tan fácil? ¿Hm? ¡Anda, dime!- Greg también respondió enojado.
Tamara ya no tenía como responder, y en la desesperación decidió seguir tomando, con el ceño fruncido. El demonio intentaba colocar su punto sobre la mesa.
-¿Lo ves? Especial aquí. especial allá … ¿Si somos todos tan especiales porque no todos tenemos las mismas oportunidades que tú? Tu tienes un don. ¿Los demás? Se las arreglan para vivir como nacen.
-No importa, ¡quiero usar mis dones para ayudar a la gente que lo necesite!
-¿Los estás ayudando porque quieres o porque puedes?- El demonio había comenzado con las preguntas fuertes.
-¡Porque quiero!- La chica le seguía gritando
-¿Y que hay de Teru?
-¿Que te pasa con el ahora? Ya deja de molestarlo maldita sea.
-¿Lo vas a salvar porque quieres, o porque sabes que te conviene?- La pregunta de Greg provocó una silenciosa reacción en Tamara, como si hubiese sufrido un golpe bajo. Ella miraba para todos lados en un intento de evitar el contacto visual con su padre.
-...Olvídalo. Se nota que no entiendes.- Murmuraba la chica
-Mírame.
-Déjame tranquila
-¡Mírame!- El demonio le regañó. Tamara se volteó golpeando la mesa, encarándolo con un rostro que aunque parecía estar furioso, por dentro estaba quebrándose.
-¿Como estás tan tranquila sabiendo lo egoísta que eres?- Greg la miraba fijamente a los ojos, clavando la culpa sobre su piel. La chica no pudo contra la presión. Se avergonzó de si misma y bajo la mirada a la barra de tragos, donde no dijo ni una palabra.
-Lo sabía, eres débil y oportunista. ¿Ahora lo ves? Mas claro no puede estar.- El demonio insistía.
Tamara cabizbaja sin decir nada, agarraba sus brazos, abrazándose a si misma en un intento de reconfortarse. Su voz se volvió sensible y rota.
-Esa no soy yo.- Decía Tamara triste, confundida y vacía. Greg inmutado por todo el acto, siguió bebiendo de su vaso mientras miraba a otro lado. -Yo soy fuerte.- Dijo Tamara queriendo levantarse el animo. El demonio dio un suspiro, su rostro serio se alargó y sus parpados se caían sobre sus ojos entrecerrándolos, sintiendo el vaso frio en sus garras. Al final del día, en la mente de Greg y Tamara, ambos eran de igual de terribles.
-...Yo jamás seré como tú.- Tamara decía convenciéndose a si misma. Greg levantando la cabeza ante las lamparas del techo, dejó salir las palabras que su adolorido corazón sostenía:
-...Tu ya eres como yo. Solo que aún no te quieres dar cuenta.- El demonio hablaba con suspiros, pidiendo otra ronda al cantinero.
En las profundidades de la cantina, en la mesa mas lejana a la barra, un demonio en una larga bata y sombrero beige se sentaba bebiendo tequila de un pequeño vaso. En su apagada cotona, se podía ver una brillante insignia pentagonal. El señor observaba como blancos a Greg y su hija, quienes no se percataban de la situación. Arremangando su brazo derecho, reveló un dispositivo metálico de pantalla verde por el cual se alistaba para comunicarse con algo o alguien:
-Señor, ¿me copia?
-Te oigo fuerte y claro- Respondió una voz fuerte, tosca y profunda desde el comunicador -Dime tu reporte.
-No lo va a creer, señor. Acabo de encontrarlo. Están en el bosque maldito, y el está acompañado de la niña.
-Excelente, hiciste un buen trabajo...- Dijo esa voz con lo que parecía ser un plan entre manos.
-¿Debería atacarlos, señor?
-No. Ya me encargaré yo de eso. Solo dame tu ubicación actual.
-Cap.13: Mis Peores Amigos-
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