CAPÍTULO 34

Las memorias del pasado resurgieron a la cima de la mente de la chica. Se sentaba a mirar el horizonte pensando tranquilamente en la niña que se escondía tras cada recuerdo; eran esos ojos, los ojos de serpiente, su sed de sangre y sus ataques frenéticos.

Afuera no había luz, solo nubes grises y ni un rastro del sol. Observaba las gotas de la lluvia pensando en la agradable brisa que estaba allá afuera. Quería descansar un poco, pero se encontraba acorralada en una situación que debía frenar ella, o ella sería quien fuese frenada. 

 Sus "cargos" y "misiones" como una defensora de la humanidad eran más importantes que su vida. Lo eran, hasta que pensó detenidamente, "¿Lo eran?"

-¿Podré salir a disfrutar de la lluvia alguna vez?...

Tras tambalearse en los pliegues de la muerte tantas veces, sentía que habían tantas cosas del mundo humano que se estaba perdiendo. ¿Cómo podría cargar con una guerra y sus organizaciones? Si ella solo quería cargar con la vida y sus acciones. Quería ser como toda chica de diecinueve años, como aquellas que veía en la ciudad, en la universidad o los restaurantes.

Reconsiderándolo poco a poco, con su apariencia actual sentía nunca encajaría en esos deseos.

Su brazo ya se encontraba transformado, mostrando su grosor y garras filosas. Intentó calmarlo, pero no parecía tener efecto. Pasaron los minutos, y el brazo se mantenía tal cual. Tamara cayó en cuentas de que había mutado de manera permanente. 

Ahora su sueño de ser una chica normal jamás se cumpliría. Pero no estaba triste, tampoco enojada. Seguía estancada en ese extraño estado de tranquilidad inhumana. Cuando las cosas no podían ponerse peor, la chica recibió una visita inesperada.

Entre los arbustos a la lejanía a la entrada, algo se acercaba revelando su brillante prenda de cadenas. Estaba cojeando, esforzándose en avanzar con la ayuda de una rama. Tamara sabía que reconocería a aquel ser en cualquier lado

-¡Niña, ahí estás!- Dijo Greg empapado en la lluvia, sintiendo un extraño alivio en verla.

-...Greg.

 Ambos se sentaron en la fogata, mientras el comandante sacudía su cabello entre sus garras.

-...El cuerno es nuevo.- Le dijo Greg intentando animar la conversación.

-¿Que haces aquí?- Decía Tamara de manera fría.

-Vine a darte una advertencia, algo muy terrible acaba de pasar.

-¿De qué se trata?.- La chica clavaba su mirada directamente sobre la de su padre.

-La misión hacia el anillo se acaba de volver un gran peligro, hablamos de una amenaza a escala mayor. El jefe anda suelto por el bosque. Me dejó en estas condiciones, y tiene los ojos bien puestos en ti; quiere tus poderes. Debes irte de aquí antes de que se adueñe de ellos, quien sabe de lo que puede ser capaz cuando...

-Ya es tarde. ¿Ves esto?.- La chica revelaba bajo su camisa las vendas que envolvían su torso. -Ya los tomó.

Una fuerte sensación de temor recorrió la columna de Greg, pues las implicancias de su encuentro con el jefe eran peligrosas.

-No puede ser... ¿Te encontraste con él?

-Me dio una paliza también.

-¿Por qué estás tan tranquila con ello?

-Solo estoy... cansada, o quizá estoy algo desfasada. Muchas cosas han pasado ¿Ok?- La chica esquivaba la mirada, viendo a las profundidades de la cueva.

Greg había retrocedido, confirmó sus miedos tal como temía. La chica pudo notar en su rostro una extraña expresión, una sensación de pánico, sorpresa y enojo que tiene alguien cuando es descubierto. Tamara no estaba sorprendida, lo recordaba todo tan bien.

-Sé lo que hiciste, Greg. No intentes seguir escondiéndomelo. Intentaste que ese tipo me quitara mis poderes antes, me mentiste. Era muy joven para recordarlo así, pero ahora lo entiendo todo.

El demonio se resignó. El pánico y el enojo se habían desplomado revelando una nueva faceta del comandante; la desesperanza:

-No es lo que crees. Ese sujeto me engañó, lo hizo tantas veces.- Greg en un intento de salvarse, solo logró que más dudas fueran sembradas sobre la chica.

-¿Que tantas?...

Greg se veía golpeado por la pregunta, no sabía que contestar. La chica en un tono monótono siguió preguntando.

-Greg, ¿Qué tantas?

-...¿Unas cuantas?.- El demonio no sabía como esquivar la pregunta sin caer en la verdad.

Todo de repente se había vuelto muy sospechoso, y la chica creía tener las respuestas a todo. Tamara sabía había sido creada en esas instalaciones, escapando con su familia y viviendo una vida feliz. Pero de repente, estaba regresando otra vez a la organización bajo la excusa de "curarla", cuando en realidad solo querían robar sus poderes.

Entre su crianza y crecimiento, el anillo había sido borrado de la historia, y con ello se perdería la comunicación con Greg. Hasta ahora, que habían regresado y recobrado contactos. 

Inició su viaje siendo secuestrada por un objeto perteneciente a la agencia, de la cual Greg la "salvó". No se molestó en despertarle, curarla ni atenderla. Se la quería llevar inconsciente. Y si ella no se hubiese liberado, hubiese ido de una sentada totalmente amarrada hacia el Anillo Escarlata, donde completarían lo que no pudieron completar antes. Todo al fin parecía cobrar sentido dentro de la mente de la chica, pero no avanzaría hasta que su padre lo escupiera todo por su propia cuenta.

-...¿Por que vamos al anillo escarlata? Dime.- Tamara decía alzándose y preparándose para enfrentar a Greg.

-Oye, puedo explicarlo-

-Hazlo, por favor. Dime ¿Por qué me querías llevar allá?

Greg no podía responder, los nervios y la inquietante tranquilidad de su hija le intimidaban.

-Querías mis poderes para ti, ¿cierto? Por eso de repente es tan peligroso que el jefe te ataque y se los lleve por su cuenta.

-¡No se trata de eso! Que Arzon tenga tus poderes si es sumamente peligroso. Ese tipo es un lunático y no tienes idea de lo que hará.

-¿Por qué vamos al anillo?- Tamara quería oír a su padre decir la misma respuesta que ella.

-¡Ya te lo dije!

-¿Por qué, Greg?

-¡Maldita niña estúpida, escúchame!- La discusión fuerte había iniciado.

-¿Que es toda esta conmoción?- Una voz familiar se levantaba sobre la entrada de la cueva. Los sentidos de Greg se agudizaron, y la sorpresa invadió como una tormenta el cuerpo de Tamara. Era la silueta de Nick, quien cargaba consigo su arma ante las grises nubes. Sus heridas se habían curado, y el hueco sobre su pecho desapareció.

Tras él, se alzaba otra figura familiar. Era Teru, quien había sido arrastrado y amenazado hacia el encuentro. A pesar de que aún portaba su uniforme de guardián, se veía despojado de energía y felicidad. Con el poco ánimo que tenía, evitaba el contacto visual con su compañera.

-Teru...- La chica se estremecía ante la presencia de su amigo.

-Espera, ¿¡Tu eras Robin!?- Greg no podía creer lo que veía.

-Tranquilos, yo lo invité. Le prometí "algo especial" a cambio.- Nick avanzaba hacia ambos de manera ominosa.

-La niña tiene razón, Greg. Eres muy malo para dar explicaciones, siempre ha sido así. Permítamelo todo a mí. ¿Deseas pagar el precio, jovencita?- Decía el títere fríamente.

-Ya he tenido suficiente de sus juegos, de los tuyos y los de mi padre.- Tamara se sentía decepcionada.

-Tranquila, todo acabará muy pronto. Los he reunido justo donde quería, en las condiciones que quería, para que vean exactamente lo que quería.

-¿De qué estás hablando?.- Greg no comprendía que tramaba el demonio.

Nick se volteaba en dirección hacia Teru, quien lo miraba con ojos de pánico. Tomó con firmeza su brazo, el cual el chico intentaba forcejear fuera de su alcance. No hubo caso, nada lo liberó de sus garras. Removió el extractor de sus nudillos, y lo forzó sobre la mano de Teru. Ahora el guantelete estaba bajo su control.

El chico podía sentirlos, los cables y los mecanismos de su interior llenos de un poder inconmensurable. Y sobre su palma, el mango que funcionaría como su gatillo. Nick lo obligó a levantar la máquina, apuntando contra el comandante y su hija.

-¿Nick? ¿Qué estás...?- Teru se sentía espantado.

-¿No es obvio? Dispara.

-¿¡Ah!?- El chico intentaba desviar el arma, pero su compañero era más fuerte.

-Mátalos.

-¡¿Que?! ¡No!

-Dispara, maldita sea. ¡Dispara!

Teru veía a sus objetivos ante sus ojos. Greg no tenía armadura, ni espada. Y Tamara estaba a punto de ser perforada por sus propios poderes. Ambos alzaban las manos en el aire aceptando que quizá, este era el final para ambos.

-¡Vamos!- Gritaba Nick iracundo.

Sin decirse ninguna palabra, el demonio y su hija se apartaron las miradas, decepcionados el uno del otro. Y en el vacío que nacía entre ellos dos, el chico pudo oírlo otra vez. Era esa familiar voz que lo llamaba a luchar. Lo llamó, lo llamó, y lo llamó, hasta que Teru finalmente reaccionó. Transformando su pánico en enojo, adquirió la fuerza para apuntar el arma sobre Nick.

Arzon estaba sorprendido, pero el títere de Nick armaba meticulosamente una riña.

-¿Que intentas hacer? ¿Qué pasa contigo?

-¿Conmigo? ¡Yo debería preguntar que te pasa a ti! ¡No puedo entender la monstruosidad en la que te has convertido! 

-¿Monstruosidad dices? ¿Después de todo este tiempo? ¿Después de todo lo que hice por ti?- Nick se inflaba de pecho para encarar a Teru.

-Si, monstruosidad digo.- Pero la imponencia de Teru era mucho mayor. Arzon estaba contento ante sus resultados. El chico estaba desatando sus cabales, lo cual solo podría significar una cosa.

-Ya no sé quien eres, Nick. Creí que te conocía

Las palabras del muchacho dieron hincapié para que Nick finalmente pudiera revelar su verdadero rostro. El títere rio y rio sin parar. Todo estaba yendo tal como deseaba. Al verlo confundido por su reacción, quiso aclarar las cosas para él.

-Te equivocas, niño. Tu no me conoces bien. Tú solo sabes de "Nick", pero no sabes lo que este chico ha estado escondiendo todo este tiempo.

-¿Escondiendo? Un momento...- Greg comenzaba a comprenderlo, el plan que siempre tuvo destinado para el chico.

-¿Que hace?- Tamara quería saber que era lo descubría Greg.

-Hay que detenerlo, ¡Va a atacar!- Dijo volteando hacia su hija -¡Niño, corre!-

La chica y su padre intentaron correr hacia el demonio. Sin embargo, la gravedad de sus heridas los tumbó rápidamente en el suelo. Con sus dedos, Arzon petrificó el aire ante él como un cristal. En cosa de segundos, una gran muralla se dividía entre Teru, Greg y Tamara. Podían ver al chico y al títere, pero no podían hacer nada el respecto. Desde el otro lado no los podían ver ni oír.

-¡Teru!- Gritaba Tamara de la desesperación.

En el otro extremo, Nick se encargó de continuar su explicación. El chico estaba espantado, la preocupación de a donde llevaba este secreto lo carcomía.

-Lo que conociste de esta criatura nunca existió. Todos tus recuerdos, todas tus charlas... Todo. Tu tan querido y soñado Romeo no es más que una farsa, y yo fui quien la elaboró.

-Yo... no entiendo... ¿Quién eres tu?

-...Soy un parásito, Teru, de la manera menos figurativa posible. Me apoderé de este cuerpo y usé cada momento de debilidad para controlarte tal como yo quería...

El chico empezaba a retroceder del temor, el haberse enamorado de un cuerpo vacío y su organismo invasor le hizo torcer su estómago.

-Eso quería ver... ¡Si, si! ¿Qué paso, Teru? ¿Te dolió que "Nick" te partiera el corazón? Él ni siquiera sabe que existes...

-¡Enséñame tu verdadero rostro!- Algo más estaba naciendo entre el temor de Teru, una emoción que ardía con fulgor.

-Con gusto me presentaré ante ti...- 

Las pupilas de Nick subieron hasta el fondo de su cráneo, dejando su mueca inerte. Aún asi, se mantenía de pie cabizbajo. Su cuerpo tembló al son de los tronidos ahogados que venían de su piel. Se estaba fragmentando, desmembrándose y cayendo a trozos como una pupa reseca.

-Aunque tu sabes quien soy. Has oído de mí.

Una densa aura demoniaca emanaba desde su interior, liberando el enjambre oscuro de su cuerpo. El chico estaba perplejo, una gran masa de materia había emergido desde su compañero. Se sumergía en las paredes, en el techo, en el suelo y en el aire. Su risa y entusiasmo retumbaron con eco las paredes de la cueva.

-Soy "el fantasma que come corazones", "el monstruo del hueco en el pecho"...

Teru, sin saber como era capaz de hacerlo, podía percibir la ubicación del demonio. Estaba cerca, y luego estaba lejos. Estaba arriba, estaba abajo. Todo al mismo tiempo. Su ubicación se balanceaba en el limbo de la existencia y la alucinación. La verdad y la locura.

-Soy el líder del Anillo escarlata, su fundador; Arzon. Tenemos una sola misión, y cada vez estamos más cerca de cumplirla...

La pena de Teru estaba creciendo enredada junto un sentimiento explosivo. Sus cejas cayeron sobre sus ojos, con su boca lentamente mostrando sus dientes.

-Todo te lo debemos a ti, todo fue gracias a ti. De no haber sido así, jamás habría llegado tan lejos. Mi invitado estrella, muchacho, "campeón"...

Bajo sus narices, el aura del demonio se estaba canalizando. La masa de oscuridad que se escondía entre la caverna mostró su verdadero rostro. Se alzó con la difusa figura de un demonio, mostrando los alargados cuernos sobre su cabeza. Bajo el gran anillo rojizo crecía su cabello como alas de un ángel. Sus garras moradas eran robustas, sus pies y piernas también. 

De sus hombros y cintura se desplegaban unos harapos reales, mientras se abrían lentamente sus enormes ojos de serpiente. No tenía nariz, pero la piel sobre sus fosas se hundía al respirar. No tenía boca, pero sus risas desplegaban una cortina de carne sobre sus mandíbulas.

Se acercó a encarar al chico con una confianza desmedida. Ante él, Teru al fin veía el rostro de aquel ser. La criatura de oscuridad que había jugado con él. La pena y el descontento sobre "Nick" se estaba transformando en una intensa furia contra un ser que solo quería mofarse y patear su corazón. Fueran cual fueran sus motivos, pensaba Teru, no le iba a perdonar.

-...Sabía que nunca me decepcionarías.

Y al acabar su monólogo, Arzon sintió a través de su rostro el impacto de un feroz puño. Retrocedió levemente aturdido, acomodando su quijada entre risas y asombro. El chico sintió en el aire un olor peculiar, era el humo chamuscado que emanaba de sus nudillos.

La última gota rebalsó el vaso. Su corazón estaba palpitando como nunca antes lo había hecho, quemando el aire que atravesaba su garganta y pulmones. Tamara contemplaba perpleja a través del hielo una faceta que jamás había visto.

Desde las profundidades de la cueva, se escuchó un gran retumbar. Los tambores del apocalipsis enviaron a la tierra una serpiente de oscuridad, que zigzagueaba entre la tierra en dirección a Teru.

-Eso es... ¡Al fin! ¡Ya está aquí!- Arzon gritaba con emoción y malicia.

La ráfaga de oscuridad se envolvió como un remolino alrededor del chico. La tierra temblaba, las nubes se apagaban, y los truenos se preparaban para la caída. El tamborileo no hacía más que crecer y crecer, agrietando el suelo que los sostenía

-¿Que le está ocurriendo? ¿¡Que está pasando!?- Tamara preguntaba a su padre desde el otro lado de la cueva.

-Esto es peor de lo que imaginé...- Decía Greg temiendo el poder que podría nacer del chico.

Los sonidos de su entorno se volvían difusos ante los recuerdos de su vida entera. Una vida llena de humillaciones, malos tratos y gente abusiva. Una infancia perdida en la escuela por el temor, una vida desperdiciada en la secundaria, y una adultez inmadura en la universidad. Nada se mantenía unido, nada tenía sentido.

-Es una lástima ver lo que la vida te ha hecho, chico...- Dijo la voz dentro de él.

Una fuerte tormenta sacudía las olas del mar, mientras las nubes oscuras escondían las miradas del sol y la luna. Una fuerte presencia crecía en el lugar. Greg la percibía con miedo, pero Arzon aplaudía deleitado ante su grandeza.

-Te daré la fuerza que necesitas si eso es lo que deseas. Te permitiré hacer lo que tu quieras, solo debes pedir mi poder...- Concluyó la voz sembrando el llamado de la venganza.

El demonio no podía creer lo lejos que había llegado en su fechoría, pero sentía que aún quedaba más por hacer. Abriéndose camino hacia el chico, estaba listo para concretar su último paso.

-Te dije que verías algo genial...

Las pupilas del chico dejaban una estela roja a su paso, trizando las paredes con tan solo mirar a Arzon. La montaña caería sobre ellos en cosa de minutos.

-Me engañaste.- Dijo Teru echando un grisáceo humo por la boca.

-No te engañé, solo quería probar algo. No es mi culpa que él nunca supiese sobre ti... Pero, el sí supo sobre mí. Y créeme, sus últimos gritos fueron un deleite de oír.

Con aquella aclaración, el chico finalmente había perdido la razón. Las llamas consumieron su corazón, llamando consigo a la voz en su interior.

-¡Acepto la oferta! Dame tu poder, ¡Dámelo!- Le ordenó Teru.

-Tus deseos son órdenes.- Y la voz susurrante le obedeció.

Y así, la oscuridad que lo envolvía descendió para devorarlo. Las ráfagas absorbieron su cuerpo hacia el vacío, donde permanecía intacto. Lo bañaron en sombras formando sobre el una rocosa capa grafito. Ante la transformación reapareció de entre las tinieblas, inerte como una estatua. Greg y Tamara contemplaban con horror al distinguir entre ellos el presagio de la destrucción.

Arzon esperó pacientemente. Pues en unos momentos la crisálida del chico empezaría a trisarse, la fuerza de sus músculos querría escapar al exterior. La transformación deformó su carne como globos, destruyendo la roca sobre su cuerpo. Lentamente Teru estaba cobrando la forma de lo que parecía ser una inmensa criatura.

Unas robustas piernas de dragón crecieron de él, junto a una cola puntiaguda. Su fornido pecho se inflaba acompañando a sus toscos brazos, mostrando bajo ellos sus garras capaces de cortar el titanio. Sus hombros se afilaron en dos gigantescas estacas, alzando entre ellas su grueso cuello. Se encorvó por el peso de sus mandíbulas, su inmensa melena y alargados cuernos azules.

Arzon, ante la emoción y la felicidad, destruyó de un chasquido la barrera helada. Greg y Tamara habían sido liberados de su exilio. Estaban viéndose cara a cara contra el monstruo de grafito.

Los rayos cayeron ante el rugido de la bestia. El estruendo cubrió con su manto los pilares del bosque y las cúspides de las montañas. Solárne se estremecía ante la presencia de un demonio de tal magnitud, estaban temiendo lo peor por su pueblo. 

En las lejanas ruinas, el chico escorpión y sus compañeros vivían un feliz momento de realización; habían encontrado al espécimen que buscaban. Ciudad frontera caía en alerta ante los ecos del rugido. Todos corrían buscando un refugio, preguntándose los unos a los otros que estaba ocurriendo. 

La madre de Teru se hundía en preocupación entre la multitud, pensaba en el paradero de su hijo y su seguridad. Poco y nada sabía que era ahora su hijo el causante de todo ese caos. 

-¡Admiren! El ideal evolutivo que cualquier demonio sombra podría alcanzar; la máxima máquina de guerra, y el arma más mortífera de todas... ¡¡Un titán sombra!!

Con sus fauces semiabiertas y sin expresar nada tras sus ojos vacíos, el monstruo observó fijamente a Arzon. El demonio no hacía más que celebrar su triunfo, riendo a gritos para sí mismo. Le devolvió la mirada, y se abrió de brazos ante él.

-Ahora ¡muéstrame todo tu poder!

Ante la orden, la criatura sin dudar plantó su enorme puño contra el cuerpo de Arzon, hundiéndolo en un cráter bajo tierra. Una fuerte ráfaga de aire azotó a Greg y Tamara, quienes miraron en silencio ante los escombros. El monstruo no reaccionaba, ni tampoco lo hacía el demonio bajo su puño. La chica no podía decir nada del asombro, las palabras con duras creces se le escapaban. 

En algo coincidía con Greg, ambos podían sentir una presencia. El aura del demonio aún flotaba intacta por la caverna.

-Gran fuerza...- Y en un abrir y cerrar de ojos, el demonio reapareció sobre los hombros de Teru. Arzon admiraba a su creación, pero era algo que ambos no podían compartir.

El monstruo lo sujetó entre sus gigantescas garras, estampándolo contra el muro para brindarle una paliza. Como miles de toneladas caían los golpes sobre Arzon, pero él no se veía adolorido, mucho menos quejumbroso. Su entusiasmo solo crecía más y más:

-¡Miento!- Dijo mientras recibía otro puño sobre él -¡Es una fuerza descomunal!

Teru había tenido suficiente de la golpiza. Sujetó su cuerpo levantándolo por los aires, estrellándolo en el piso con brusquedad. El ente de masa oscura reventó como una bomba, esparciendo su mucosidad ante el impacto. 

Greg estaba impresionado, manteniéndose positivo ante la pelea del chico. Pero Tamara pensaba todo lo contrario, temía por su seguridad.

-¡Debemos pararlo!

-¿Estás loca?- Greg le detuvo -¡Está derrotando a Arzon por nosotros! Dejemos que termine.

La masa oscura que componía a Arzon se reformó, dándole vida otra vez. Con su cuerpo de vuelta, ante sus grandes ojos percibió el humo emanar de la boca del monstruo. Su pecho brilló en una luz azulada, desencadenando entre sus colmillos una gran llamarada celeste.

De los escombros y la tierra se plantaba un feroz anillo de fuego que atrapaba a Arzon y al muchacho en un ring de combate.

-¡Olvídalo, hay que pararlo!- La alegría de Greg le había hecho olvidar que los demonios podían poseer habilidades, y con aquello Tamara reafirmó:

-Teru debe estar cegado por el enojo. ¡Si tiene un poder tan destructivo como el fuego, acabará consigo mismo! O peor aún, Arzon podría robarlo. Movámonos antes de que sea tarde.- Dijo Tamara saltando quejumbrosa a la acción. Greg le siguió adolorido por detrás, ideando entre ellos algún plan.

El chico expulsaba bolas de fuego contra Arzon, quien con su arma atrapaba sin esfuerzo. Veía en éxtasis el brillo que emanaba de la máquina, disparando llamas por los aires como un festival de linternas.

-Al fin es mío ¡el poder del fuego!

-¡¡Arzon!!- Gritaba Tamara mientras corría hacia él.

-Tamara, "721"... No podría olvidarme de darte créditos a ti también. Haberte peleado con Teru lo llevó justo aquí.

-¡Abusaste de su condición, cobarde!

Arzon tras sus palabras desapareció en un parpadeo, dejando a Tamara sin pistas de su paradero. Sus risas y pisadas retumbaba con un fuerte eco entre los pilares que sostenían la cueva La chica se mantenía alerta, pues podría reaparecer en cualquier momento.

-¡Niña!- Era la voz de Greg, se oía asustado.

Volteando para atender el llamado, se topó con su padre retenido por el demonio. Su brazo lo estaba ahorcando por la espalda, mientras apuntaba sobre su cabeza el arma de la aguja.

-¡Greg!- Tamara quería ayudarlo, pero sabía que un paso más le otorgaría la muerte.

-¿Crees que yo soy un cobarde? Tan solo échale un vistazo a él, es mucho peor de lo que crees...

Teru todavía rondaba con ira, machando y destrozando todo a su paso. La caverna estaba al límite de colapsar, unas grietas más y sería historia. Dentro de su radar, la bestia detectó a Arzon, Tamara y Greg; los seres que le dañaron con anterioridad. Determinadamente se alistó para atacarlos. Un gran puñetazo estaba a punto de caer sobre los dos demonios, pero la chica se interpuso, generando una interferencia eléctrica entre sus brazos.

Las chispas y los rayos saltaron ante la colisión de las auras, empujando a Tamara en una onda que detuvo el ataque. Rodó por el piso hacia los pies de Greg, dándole a Arzon la oportunidad de atormentarla.

-Llegaste muy lejos cegada por mentiras. Verás, Greg...-

-Ya lo sé.- Decía Tamara debilitada por el golpe. Se levantó sobre sus manos crispadas, tambaleándose por sus rodillas.

- Ya sé que quería traerme hacia ti... Sé que querías mis poderes, y ya los tienes.- Tamara recuperaba el aliento poco a poco. Miró a Greg un par de segundos, este le devolvió la mirada. Estaba nervioso. Su hija ante la decepción miró al suelo, sacudiendo su cabeza.

-Quería confiar, en serio quise. Pero existen seres de cráneo tan duro allá afuera... que no aprenden nada de sus acciones.- Su voz raspaba a susurros, sintiendo que en vez de hablarle a su padre se hablaba a sí misma.

-...No puedo mentirte si ya sabias que venía por tu poder- Dijo Arzon más calmado, parecía haber sido atrapado. La chica levantaba su mirada sabiendo que tenía la razón.

-Pero hay algo que se te escapa, querida... ¿Qué tal si le preguntas a tu padre que es?- El demonio mostraba ante ella el rehén, el cual interrogó.

-...¿Qué más hiciste, Greg?- Preguntaba Tamara, hundida en la desilusión. Su padre, sin embargo, no contestaba. Estaba frío, mirando fijamente el suelo.

-Habla. Te estoy dando la oportunidad.- La chica se puso cara a cara contra su padre, pero este seguía sin decir nada, seguía con la cabeza baja.

-Mírame a la cara.

-...Tamara.- Greg intentaba buscar una excusa.

-Mírame a la cara y dime que más hiciste. Por favor.- Tamara no tenía tiempo para rodeos.

Pero su padre no se atrevía a plantarle la mirada, era demasiado tarde para dar respuestas. Arzon lo castigó estrechando con mayor fuerza su cuello, avergonzado de Greg se dio unas risas.

-Que patético. Un comandante de guerra asustado de su propia hija...

La chica apartó la garra que estrangulaba su cuello, dejando a su padre caer en el piso. Respiraba en desesperación, mirando por sobre su cabeza las figuras que le juzgaban. Se encontraba con la perdición en dos vías. Por un lado, tenía a su hija con un profundo rechazo. Y por el otro, tenía a su amigo que lo traicionaba con una sonrisa maliciosa.

-Creo que jamás pensó que descubrirías lo que traía entre manos.- Dijo el demonio ojos de serpiente.

-...Estuve demasiado tiempo aterrada por él. Es hora de que él aprenda lo que es el miedo. 

-Ya que este "hombre" no tiene la valentía de contártelo todo, yo lo haré. 

Greg quería pronunciarse, pero le faltaba el aire para hacerlo. Volvía a caer agotado al suelo.

-Teru no fue secuestrado por mi mano, todo fue una sugerencia. 

La chica oía firmemente todo lo que decía, creía saber a que dirección estaba apuntando todo esto.

-Una sugerencia de él...

Tamara al oír aquella afirmación, miró directamente hacia su padre. El podía sentirlo, la serenidad de la chica se había quebrado; estaba por alterarse.

-Yo me encargué de atrapar al chico, mientras que él se encargaba de atraparte a ti... Yo me aprovecharía de su estado para traerlos y así hacer mis experimentos sobre ustedes. Uno de ellos ya funcionó...- Decía Arzon haciendo alusión al monstruo que creó 

-Pero aún nos falta uno, un "experimento especial" de tu padre. No puedo decirte que es, pero si puedo decirte que quería hacer...

-...¿Qué quería hacerme?- Tamara creía estar lista para afrontar la realidad.

-Arrancarte el corazón.

Pero la bala que se disparaba contra el ser de Tamara era demasiado grande de amortiguar. Se quebraba a añicos, derramando de sus trizadas una intensa tristeza y enojo. Cayó sobre sus rodillas en completa incredulidad, pensó que había oído mal. Pero no había peor sordo que el que quería negar la verdad. 

La chica siempre creyó que el odio que le tenía su padre tenía un nivel, pero jamás creyó que la odiase tanto como para desearle la muerte. A pesar de haber vivido con su negligencia y malos tratos, se hundió en la pena. Pensando que si hubiese muerto en algún momento, a Greg no le habría importado.

Estaba llena de conflictos, contradicciones y dolor. Porque sabía que si el moría, ella si lloraría, aunque le provocara asco pensarlo. Lloraría bajo la asunción del tiempo perdido, y las chances desperdiciadas de haber sido un buen padre.

-...¿Es cierto? ¿Querías quitarme el corazón? ¿Ese era tu plan todo este tiempo?- Preguntó Tamara sin mirar a Greg.

El comandante ya no tenía donde huir, era mordido por sus propias mentiras como serpientes venenosas. El demonio con quien hizo un trato estaba siguiendo su propio plan, y no había punto en seguir ocultando cosas. Tomó aire, finalmente pudiendo decir unas palabras:

-...Todo es cierto, Tamara.- Y a pesar de hablar, mantenía su mirada baja -Yo y Arzon construimos todo esto para engañarte.

Las palabras de su padre solo lograron que la frustración dentro de Tamara creciera más y más. La escuchó sollozar, había roto todos sus parámetros. 

-¿Para que querías mi corazón?...

-...No puedo explicarlo, es muy complicado.

-Nunca puedes explicarme nada, nadie quiere hacerlo... ¿Todo fue una farsa? Jugaste conmigo. Querías que creyera en ti...

-¡No, espera!- Greg intentaba levantarse para arreglar la situación -No todo fue una farsa ¡el querer cambiar por ti era verdad! 

-¡No es cierto! ¡Solo pensabas en ti y tu ego y lo culpable que te sentías!- La chica había roto en lagrimas, luego de contenerlas por tantos días 

-Solo querías deshacerte de tu maldita culpa y luego de mi... ¡No quieres hacerte cargo de ni una mierda!- Nuevamente, sentía que se hablaba a si misma, cuestionando si había sido lo suficientemente justa con Teru.

-¿Por que no pudiste cambiar por ti? ¿Arreglar por el mundo que destruiste te parecía mucho trabajo? ¿ah? ¡Respóndeme!

-¡Tu eras el único mundo que me importaba!

-¡Mentira! ¡¡Mentira, mentira, mentira!! ¿¡Si tanto te importaba porque me dejaste sola cuando te necesitaba!?

-¡Yo-!

-¡No, "Tú", nada! ¿Por que fuiste tan cruel conmigo cuando solo quería tu cariño? Tu aprobación, tus felicitaciones... Jamás pensé que preferirías verme muerta a estar perdida, o lejos de tu hogar... No entiendo... ¿Es que acaso mi sola existencia ya arruinó toda tu vida? ¿Era así de sencillo?...

La chica había dejado todo salir, mientras seguía ahogada en sus llantos y sollozos. Había vuelto a ser una niña, totalmente abandonada e incomprendida. Greg luego de mucho tiempo estaba cayendo en cuenta del lugar a la que la negación le había conducido.

Lo había llevado a un camino que el creía era de rosas, sin ver los espinas y los tallos que crecían bajo sus tobillos. Seguir avanzando lo encadeno al mismo ciclo que siempre estaba viviendo; dañó a su esposa, a sus amigos, y ahora a su única hija. Suspiraba intentando quitarse del mundo sobre sus hombros, pero no tenía resultado. 

-...Lo sé.- Y era muy tarde para acatar la verdad. -Yo hice todo eso...

Pero el demonio ante su propia decepción, falló en notar la anormal musculatura en el brazo de Tamara. Estaba comenzando a mutar nuevamente. Greg intentó acercarse.

-Aléjate. Déjame sola.- Pero la chica se lo impidió. 

-Tamara, tu brazo-

-¡Que me dejes sola!- Su grito había empujado a los demonios en una onda expansiva.

La transformación de la chica había iniciado. Su cuerpo endureció, liberando la masa rojiza que una vez despertó de ella. Los alargados tentáculos dejaban surgir entre si el enorme cuello de la bestia. Mostró sus dientes, cuernos oscuros y melena. De un rugido, brindó a la caverna las grietas que necesitaba para empezar a caer. El derrumbe de la montaña había iniciado, mientras los rayos caían a las afueras como gritos de fieras.

El comandante y el demonio miraron frente a ellos a las bestias que habían creado de su mano. Arzon se llenaba de orgullo, pensando en las miles de posibilidades que tendría con aquella criatura. Pero Greg, solo miraba a los ojos de su hija en desesperación. Una vez más había logrado apartar con éxito a su familia, destrozándola y empujándola a los bordes de un barranco. Ahora, era esta misma la que quería empujarlo de vuelta al vacío.

Ambas bestias se aproximaron a paso lento, cada uno con un objetivo en la mira. El comandante se levantó, topándose también con su nuevo enemigo; la persona que ella creyó llamar su compañero hace muchos años atrás. Le apuntaba con el arma esperando alguna reacción. El demonio estaba acorralado, "es mi fin", pensaba él. 

Con su palma sobre el gatillo, el demonio del arma otorgó la ultima reprimenda.

-Es muy tarde Greg... como siempre, llegas muy tarde.

-Capítulo 34: Fantasmas del pasado.-

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