CAPÍTULO 32
Entre los ecos de la oscuridad y su inconsciencia, Tamara despertaba. Se levantó casi gritando, sudando a litros. Creyó haber tenido una pesadilla. Su corazón dolía demasiado junto a sus huesos. Se encogía mientras Reggie le pedía calma.
-Estarás bien, solo no te esfuerces demasiado. La ayuda viene en camino.
La chica quería sonreír, pero observaba atentamente sus alrededores. Solárne estaba en ruinas, y no podía evitar sentirse culpable. Pensaba que si hubiese dicho la verdad, y se hubiese apartado a tiempo, nada de esto habría pasado.
-Reggie... Lo siento, Reggie.- Tamara decía entre su aliento agotado.
-¿Estás loca? Hiciste todo lo que pudiste contra esa criatura. Eres realmente valiente.
Por encima de los hombros de su amiga, la chica creía ver a traves el humo y las cenizas la silueta de dos demonios luchar entre si. Uno no cargaba nada entre sus manos, y aún así lograba frenar con éxito la máquina de su enemigo.
-¿Ese es...?- Tamara intentaba descifrar la situación. Su amiga entendiendo a quien se refería, habló con una felicidad desalentada hacia el horizonte.
Deteniendo firmemente el ataque de su contrincante, Arzon logró destruir la estructura de sus anillos. Ahora, una afilada cortina metálica se desplegaba a dañar el cuerpo del anciano. Entre el metal su cuerpo se transformaba en el aire mismo, esquivando el ataque y escondiéndose del enemigo.
Arzon lo había perdido de vista, y en un abrir y cerrar de ojos se lo encontró cara a cara. A tan solo unos pocos centímetros evadió el puño que rozaba por su rostro, empujando al anciano de vuelta de una patada. Lewis estaba dispuesto a enfrentarlo a mano limpia, y Arzon, entusiasmo por la idea, aceptó su invitación. Había dejado el arma de lado, la pelea estaba en marcha.
-Él me dijo que te conocía.- Decía Tamara agotada por sus heridas.
-Es mi "abuelo". No biológico, pero lo considero como tal.
El anciano atacaba, pero sus manos eran retenidas en las garras de Arzon. El demonio atacaba, pero sus garras eran retenidas en las manos del hombre. Patadas volaban, forcejeos carraspeaban, pero nada acababa en algo concreto. No eran capaces de dañarse el uno al otro. Ante la frustración de una posible pelea eterna, compartieron un trozo de su mente:
-Te has vuelto más fuerte.- Arzon halagaba fríamente a su contrincante.
-¡Espere tanto para poder patearte el trasero!- Lewis no parecía estar muy contento.
-Eres muy engreído si te crees capaz de algo así.
-Prueba que me equivocaré.- Dijo el anciano entre dientes, empujando mano contra mano.
Arzon levantó sus garras, liberando el bucle que se había formado entre ellos. Lewis tomó su oportunidad lanzándose al ataque. Poco y nada sabría que ese puño sería el ultimo. Fue detenido en segundos, y el demonio sin remordimientos torció su muñeca. El anciano se quejaba del dolor, pero se rehusaba a dejarse caer.
Sus dedos se congelaban contra los suyos, volviendo a encadenarse en el bucle. Lewis pensaba fervientemente en su siguiente movimiento; envolverse en una ola de calor. Arzon, sin embargo, le quitaba el tiempo de las manos. Lo acercó con fuerza hacia él, clavando su rodilla bruscamente sobre su abdomen. Lewis perdía el aliento, mientras el hielo sobre su palma se desprendía.
El anciano retrocedió, pero incluso así se negaba a ceder. Su determinación solo desembocó en una fuerte paliza de parte del demonio. Su boca sangraba, luego su nariz y sus rasguños. Harto de juegos, el demonio tomó su arma nuevamente, atravesando con su aguja el hombro de su chaqueta. Despegó sus pies del suelo, dejándolo en el aire tal saco de boxeo.
Lewis con su brazo cubrió el espacio entre ellos, generando una barrera de aire que los separaría. Pero el demonio hábilmente congeló el campo que se conectaba a él, atrapando su palma en un tempano.
Un rocoso golpe final arrasó contra la barrera, golpeando su rostro en una muralla de destellos filosos. Lewis rodó sobre los escombros de la casa, hasta caer derrotado junto al cuerpo de Tamara.
-¡¡Abuelo!!- Gritó Reggie en desesperación.
La gente que lo rodeaba se estremeció, e impactados fueron en su ayuda. Arzon se aproximaba, apartando e intimidando a las personas a sus alrededores.
Intentaban golpearlo, patearlo y empujarlo de vuelta al agujero del que salió. Reggie se unió a ellos con lagrimas en los ojos, ignorando la sensación de un esfuerzo en vano. Arzon, con una brusca onda psíquica apartó a la muchedumbre, noqueándolos en el proceso. Ahora, no había nadie que pudiese interrumpirlo en su ultimo movimiento.
-Lamento que esto deba acabar así.- El demonio se sentía decepcionado.
-No te lamentes tan pronto, aún no he terminado contigo.- Decía el anciano intentando levantarse, sin ningún éxito.
-Deja de esforzarte, no hay motivo. Diste una buena pelea y estoy honestamente muy sorprendido. Ya está, ¿es eso todo lo que querías oír?
-¡No necesito tu aprobación! Solo quiero que te marches.
-No puedes echar a tus invitados así… Tenía que pasar de visita en algún momento ¿no crees?- La voz de Arzon se volvía cada vez más seria.
-Cómo... ¿Cómo nos encontraste?- Lewis hablaba con su voz a punto de desfallecer.
Arzon, sin ninguna palabra, mostró ante él un objeto que traía consigo. Era un robusto libro marrón, con costuras a su costado y un gran ojo en el centro. Era el libro de la sabiduría del maestro, había vuelto, y Lewis sabía que caía en las garras equivocadas.
-No...Creí que...- Decía sintiendo como la desesperanza invadía su corazón.
-Lo siento, viejo amigo. Pero algunas cosas nunca cambian, es el destino. Y mi destino siempre fue la grandeza.
-Ese destino no te pertenece, escoria.
-No impartas veredictos que no te corresponden... Pronto, ese será mi trabajo.
-...¿Y qué vas a hacerme?
-Nada. Ya hice suficiente. Creo que no necesitaré de tu poder, después de todo el aire es un elemento tan débil...
Lewis hacía un esfuerzo por levantarse, ofendido por las palabras que salían del demonio. Pero sus heridas eran más grandes que su orgullo, dejándolo caer nuevamente sobre sus palmas. Arzon no tenía nada más que hacer o decir. Se daba la espalda ignorando a su amigo, cerrando así el amargo reencuentro.
Pero antes de que pudiese marcharse, una voz familiar llamaba a su cuerpo. Era la voz de un chico joven y temeroso. Su uniforme negro contrastaba contra las llamas, y su cabello castaño danzaba entre las brisas. Se miraron cara a cara, en una amarga reunión.
-¡Nick!- Teru decía cansado y sudando a litros -Nick, sabía que eras tú... ¡¿Que haces con ese pobre señor?!
-¡Huye! antes de que-
La advertencia de Lewis fue opacada ante el domo helado que se formaba sobre él. Estaba atrapado, y demasiado debilitado para usar una onda de calor. Nick concentró su mirada sobre el chico una vez más, con la mente lista para regañarlo:
-¿Qué haces tu aquí? Creí haberte dicho que te quedaras en la base.
-¿Que le hiciste a todos? ¡¿Que le hiciste a Tamara?!- Decía su "compañero" viendo al inconsciente cuerpo de la pelirroja
-Ay Teru... ¿En serio aun seguimos con esto? La pelirroja aquí, la pelirroja allá...
-Nick, escúchame... Se que estás tramando algo, se que no trabajas para nosotros. Baja esa arma, y entrégate. Me haré cargo del resto, ya es suficiente.- Teru intentaba interponerse ante él, pero el demonio era mucho más fuerte.
-No, yo he tenido suficiente...- Arzon se acercaba al chico a paso rápido -Ya estoy harto de tu pacifismo tonto y tu comprensión, tu intoxicante empatía y bondad.
-¡Se suponía que ese era nuestro trabajo! Solo quería que las cosas funcionaran entre nosotros.- El chico quería encararlo, pero la pena se apoderaba de él.
-¿Nosotros? Solo has estado pensando en ti y tus piruetas mentales ¡Eres un completo idiota si crees que esta niña es redimible! maldición, no ¡Eres un completo imbécil si crees hay algo redimible aquí!- Decía del demonio apuntando a todo lo que le rodeaba.
-Creí... que nuestro trabajo era defender los lazos de los humanos y los demonios. ¿Estoy tan mal por querer proteger eso?- Teru se estaba molestando, dando pasos frente a Nick. Pero al comprender su estado, se achicó ante él.
El demonio solo resumía su paso ante Teru, quien no podía hacer más que retroceder. No quería enfrentarse en una pelea o discusión con él, solo quería que todo acabara.
-¿En serio tienes la cabeza tan llena de mierda que no piensas con claridad? Despierta de una puta vez, este es el mundo real... Los guardianes no existen, los lazos humano-sombra tampoco, y esa maldita paz con la que tanto sueñan mucho menos.
-¿Y que hay de nuestro lazo? ¿¡Que hay de Robin!? ¡El fue real para mi!
-¡Nada genuino entre nosotros nos unió! ¡Solo fue un experimento de George!
-¿¡Y entonces por que peleaste tanto junto a mi!?- La voz del chico se empezaba a quebrar
El silencio se sembró sobre el valle ante el fuerte alarido del chico. El canto de la tristeza y la desilusión, que escondía entre el aire la ira. Nick no dijo nada por unos solidos minutos, organizaba sus ideas para el golpe final. Dejó su arma de lado, tomando su hombro con amabilidad. Miraba con serenidad al chico, haciéndole creer que había recobrado la razón.
Teru sintió un leve momento de alivio, pensando que su viejo amigo había regresado. Pero aquella ilusión se volvió trizas ante el impacto de un golpe desnudo. El chico cayó al suelo, sintiendo sobre su rostro la furia del demonio. Estaba impactado, y Nick estaba listo para terminarlo todo.
-Te diré por que. No tienes la madera de ser un guardián, ni un vigilante, ni un adulto de tu edad... Mucho menos tienes la madera de ser un compañero. Solo eres un cobarde, un imbécil... Un marica de mierda.
En ese momento, Teru supo que su compañero se había ido por completo. Se sentía como un juguete o un peón, un artilugio dentro del plan que tenía Arzon para su compañero. Algo más grande le esperaba a Nick, creyó. Algo más grande que él, en definitiva. Estaba adolorido, traicionado, y con el corazón hecho añicos.
-Nick...- Decía el chico afligido, con las lagrimas queriendo escapar de sus ojos. El demonio caminaba lejos de su presencia, mientras Teru intentaba estirar sus brazos hacia él.
-Espera, por favor... Puedo cambiar, te lo juro.- La voz de Teru susurraba en trizas -Es mi culpa, tienes razón. No te vayas... solo dame una oportunidad.
-Ya es muy tarde.- Decía el demonio dándole la espalda al chico, dejando que los estragos de Solárne sembraran la pena sobre todos. -Cuando desees serme útil, me encontrarás. Haz lo que gustes con tu vida, me das asco...
El demonio finalmente se daba el lujo de partir caminos, sin interrupciones y sin razones para mirar atrás. Se marchaba habiendo derrotado a su vieja amigo, y habiéndole partido el corazón a su compañero. A pesar de la tensión en el aire, el títere reía para si mismo. Ninguna fibra de su cuerpo estaba lo más mínimamente estresada. Todo era un deleite.
-¡Tamara!- Gritó la chica al ver como su amiga se levantaba. Estaba corriendo como si no fuese a haber un mañana.
El aire raspaba su garganta y sus ojos ardían atravesando el humo. Sin notarlo, Tamara cayó sobre su rostro, pues sus piernas no podían dar más. Su pecho seguía doliendo y le obligaba a mantenerse quieta. Pero muy dentro de ella sabía que si no hablaba con Teru, se lamentaría por siempre.
Se levantó, y corrió otra vez, cayendo sobre su propio cuerpo sin ningún éxito. El barro la cubría entera, e incluso en esas condiciones ella se negaba a rendirse.
Su persistencia llamó como un grito de auxilio a Reggie, quien venía a levantarla por debajo de sus brazos. A pesar de las malas noticias, quiso sonreírle a su amiga para darle ánimos:
-Te dije que eras muy valiente.
Tamara con el corazón en sus palmas, asintió con la cabeza. Ambas al ritmo que podían avanzaron hacia el chico, quien no podía oír ni ver nada. Estaba tan ahogado en sus sentimientos que ningún estimulo del exterior podía rescatarlo.
Entre sus ensordecidas orejas pudo oír los llamados de alguien. Era una voz familiar, la de una chica. Reconociendo aquellos sonidos, volteó a mirar quien le buscaba por el horizonte. Y allí pudo verla, entre el fuego, el humo y los escombros.
Se habían vuelto a ver otra vez, en un tranquilo e unísono silencio.
-Hey...- Saludaba Tamara, con la felicidad de haberlo vuelto a encontrar.
-Hey.- Pero Teru no pudo corresponderle la emoción. El animo de sus saludos se desvanecían ante la preocupación. Reggie con aquello, entendió que ya era hora de que se marchara.
En unos minutos ambos se encontraban mirando al cielo en una banca. Las llamas se extinguían ante la presencia de los bomberos, y todo aquel residente malherido estaba siendo tratado. Teru se cubrió con una manta, avergonzado de su propio uniforme. Y a pesar del momento, Tamara no tenía el valor de dirigirle ni una sola palabra. Estos solo miraban las nubes como si estuviesen buscando alguna excusa para escapar.
El chico intentaba distraerse y pensar en otra cosa, pero era difícil. Su mayor preocupación y la hebra que partía todo su manojo de nervios estaba en Tamara.
-...¿Lo viste todo?- Preguntó Teru.
-Si.
-¿Lo oíste todo también?
-Todo.
Ambos se quedaron callados. El chico de la vergüenza y la pelirroja de la ansiedad. Nadie diría nada a menos que uno de los dos diera el paso.
-Lo siento, creo que te debo una explicación.- El chico sintió que debía salir del closet, aunque tuviese que hacerlo de manera forzosa. Pensaba que había sido muy evidente.
-Claro... Entonces, tu trabajabas para ellos todo este tiempo.- Sin embargo, Tamara parecía tomarle importancia a otros asuntos.
-...Creí que hacía lo correcto.- Teru se sentía confundido.
-Te mintieron, no te culparía.- Tamara confirmaba para si misma.
-Si es mi culpa, fui demasiado incrédulo. Pude haber desconfiado de Greg, pero no de ti. Llevamos años trabajando juntos y ambos sabemos muy bien nuestros ideales, esto es muy vergonzoso. Lamento haberlos atacado, debí saber mejor. Prometo hacerme cargo de todo esto.
-¿Que? Tranquilo, oye, no debes hacerte cargo de nada.
-Pero me siento apenado por todo esto, debo compensárselos.
-Ellos deberían apenarse, jamás debieron meterse contigo. No nos debes nada a cambio. Los del anillo no se saldrán con la suya, llegaremos al fondo de esto...
-¿Estás segura de que todo está bien?
-Segurísima.
-¿De verdad?
-De verdad.
-¿En serio no necesitas nada?
-No.
Mientras la chica le conversaba, no podía evitar notar el uniforme que llevaba su compañero. Creía haberlo visto antes, y efectivamente lo había hecho. Era el traje que "Nick" usó para llenarla de sus palabras.
-Aunque, creo que si. Hay algo que no entiendo, ¿Por que llevas ese traje? ¿Trabajas para...?- Tamara temía de que Teru no conociese al ser con el que se asociaba.
-Trabajaba con Nick, el demonio que viste hace un rato.
El corazón de Tamara se cayó hasta el fondo de su cuerpo. No solo había sido persuadido por la agencia, había logrado formar un lazo con aquella bestia.
-Teru, debes alejarte de él. Él es... él...- La chica a pesar de recordarlo vívidamente, no podía decir su nombre. Su lengua se trababa y su mente se bloqueaba ante el ser de las llamas.
-Lo sé, es un patán. Nunca debí aceptar ser su compañero, mucho menos fusionarme con él.
-¿¡Fusionarse!?- Los temores de Tamara alcanzaban alturas extremas
-S-si, pero solo fue un experimento.- Teru intentaba calmarla.
-¿¡Un experimento!?- Pero no logró su objetivo.
-No pasó nada malo, no te preocupes. Solo nos unieron una vez, después de eso podíamos fusionarnos por comando- Teru reía recordando los buenos tiempos junto a su compañero, antes de sumergirse en el mar de las memorias amargas
-Pero Nick empezó comportarse raro. Se apoderaba de mi cuerpo y desde que vio esa tonta maquina se volvió un infeliz... Aun así, no quise admitir nada. Pensé que cambiaría, que quizá estaba molesto, o que quizá tenía razón en protegerme.
-¿Protegerte? ¿De que?
-Quería...- Teru dudaba de decir la verdad, y en momento de impulsividad la soltó como una bomba -Quería protegerme de ti.
Tamara tomaba aire e intento mantener la calma. No quería echarse a llorar ni mucho menos causar un alboroto. Nadie lo quería, estaban todos muy cansados.
-Pero... Teru, tu mismo lo dijiste. Llevamos años en esto, trabajamos juntos... ¿recuerdas?
-Lo sé, Tamara. Lo sé. Por mucho tiempo creí que Nick exageraba o que te tenía un odio descomunal. Lo ultimo fue cierto, pero entre ese odio habían... cosas que me llamaron la atención.
-¿Que cosas?
El chico estaba temblando del terror, no podía formular sus ideas, y de la ansiedad siguió tirando sus ideas al aire; como una computadora descompuesta:
-¿Por que me atacaste, Tamara? ¿Por que lo hiciste?- Decía el chico sereno a pesar de todo.
-Oh... Yo... No lo sé. Fue algo que salió por impulso, en serio no era mi intención dañarte.
-¿Que hay de las otras ocasiones? cuando me equivocaba y me golpeabas.
-Solo era la cabeza, no creí que doliera tanto...- Tamara se veía preocupada, incluso nerviosa.
-¿A puño limpio? ¿En los hombros? ¿Qué hay de las patadas en los tobillos? ¿O en el estomago? ¿La espalda?...
-También fue sin intención, te lo juro. Solo eran... saludos, gestos, no lo sé. Creo que no medí mi fuerza...- Tamara se estaba poniendo inquieta llevándose sus palmas a la cara.
-He visto como eres con mamá y no actúas así con ella.
-¡No, claro que no! Yo no podría hacerle nada de eso a ella.- Los nervios de la chica la consumían.
-¿Pero por que conmigo si? Entiendo que me equivoque y que sea un tonto a veces. Lamento no haber sido el compañero que querías y por arruinar todo con mi torpeza ¿pero en serio me merecía algo así?
-¡No, no te lo mereces!
-¿Entonces por qué?
-¡Es solo que me frustras y...!
Tamara se quedaba sin palabras, no podía comprender los mecanismos internos de su mente. Había vuelto a gritarle a su amigo, quien se en vez de retroceder asustado, miraba inexpresivo el ciclo repetirse una vez más.
Tamara se encogió, cayendo en cuenta de las palabras que salieron de su boca. Se sentó de vuelta a la banca, donde ambos miraron el vacío con expresiones muertas.
-¿Y que más?- Decía el chico casi susurrando.
-No lo sé. Ni yo misma puedo entenderme ahora mismo. Es tan dificil.
La chica intentaba enmendar las cosas, buscando un pretexto para hablar con Teru, disculparse y poder darle la amiga que el merecía. Sin embargo, el deseo de poder seguir a su lado estaba cegándola de la realidad. Teru ya tenía su mente clara, pero temía de que sus palabras enloquecieran a la chica.
-...Creo que...
Tartamudeaba, dudaba y se detenía a si mismo de cortar el vinculo. Pero sabía que si no era ahora, no sería nunca. Se tragó sus miedos, se enderezó, e hizo su mayor esfuerzo en ser firme.
-Ya no quiero que trabajemos juntos. Ya no.- Aunque la firmeza se le desmoronó a medida que avanzaba la frase.
-...Oh, entiendo.- La chica no lo asimilaba, los estímulos llegaban de manera tardía a su consciencia. -¿Pero nos volveremos a ver fuera de eso, cierto?
-Tamara, hiciste muchas cosas que me hicieron sentir... fatal, y nunca tuve la valentía de decírtelas. Me aterrabas, y aún lo haces... Encontrarme contigo ahora mismo me hizo... me hizo sentirme lleno de miedo, como aquella vez que me atacaste.
-¿Es eso entonces?- La chica no quería mirar atrás a ver en lo que se había convertido.
-...Si.
La chica finalmente lo entendió, sentía que había perdido sin siquiera haber iniciado. Pensó que todo este tiempo a solas le dio al chico el espacio suficiente para reconsideras sus amistades y sus barreras. Barreras las cuales la chica sobrepasó sin limite alguno.
Ambos se callaron. Teru sentía culpa a pesar de haber hecho lo correcto. Pero Tamara no sabía como dejarlo ir. Toda la escena, aunque no lo querían demostrar, les provocaba un inmenso pesar en su interior.
Teru nunca había tenido la fuerza de confrontarse a alguien en su vida; su corazón latía a mil y el sudor le empapaba la cara. Abrumado por las memorias del pasado, no atinó a una mejor alternativa que retirarse.
-Lo siento, debo irme ahora.- Teru se levantó de la banca y empezó a caminar.
-¿Teru? ¡Teru! Espera, no podemos dejar esto así. Tiene que haber una solución.
-No me siento cómodo como para hablar ahora.
-Lo se, yo tampoco. Pero tenemos que hacerlo.- Tamara intentaba detenerlo tomando de su mano -Es necesario.
Ante aquel contacto, el chico perdió la noción de la realidad. La ansiedad no hacía mas que crecer dentro de él, necesitaba huir, se sentía en peligro. Los estímulos, los recuerdos y el temor pintaban a su amiga como una fiera que quería devorarlo entero.
-...Teru, en serio, yo no quise...
Pero antes de poder acabar la frase, el chico sacudió su mano separándose de su amiga. Tamara se veía preocupada, y Teru no podía hacer mas que hiperventilarse. Respiraba hondo y rápido, nada ni nadie parecía poder pararlo. Viendo su mano sudada, y notando la reacción que tuvo ante su amiga, huyó apenado, perdiendose en la oscuridad del bosque.
Tamara cayó arrodillada al suelo, derrotada. Miró a sus alrededores las casas destrozadas; ardiendo y perdiéndose en el viento. A pesar del dolor, intuía que este iba a ser el resultado más obvio. Se llenaba de una extraña tranquilidad, pensando en que quizá esto era para mejor; que en realidad no debían estar juntos. Aunque quedaron cosas por hablar, la chica ya tenía claro que no podría volver a su vida.
A la lejanía entre el caos podía ver a Reggie, quien se alejaba de los médicos locales para atender a su amiga. Estos habían logrado derribar el domo de hielo, chequeando con delicadeza el estado del anciano. Parecía que estaría bien, pues recuperaba la consciencia lentamente.
La chica demonio y su amiga se miraban separadas por el aire; nada se ponía en su camino, pero algo les impedía acercarse.
-¿Tamara? ¿Estás bien?- Reggie preguntaba, con los ánimos de antes totalmente perdidos. La chica pelirroja creía entender el por qué.
-...¿Lo viste todo, cierto?- Se sentía avergonzada.
-Si.
-¿Lo oíste todo también?
-Todo.
Era el momento de la verdad. Tamara pensó que ya le había mentido lo suficiente, y que ella no merecía lidiar con semejante cosa.
-Te dije que todo era mi culpa. Y todo esto también lo es- La chica decía mirando sus alrededores -Si no hubiese venido aquí y te hubiese dicho quien soy en realidad, quizá las cosas hubieran sido tan diferentes.
-...Dime la verdad entonces.- Su amiga mantenía la calma firme y fuerte.
La chica podía ver como potencialmente alejaría a Reggie, dos amigos perdidos en un solo día. Su corazón pesaba como si fuese de plomo, pero sabía que era un mal necesario para el bien común. De regreso a esa extraña tranquilidad, le dijo la verdad sin rodeos.
-Reggie, soy un experimento de guerra. No lo supe hasta hace muy poco. Mi padre y mi madre me crearon, y esa criatura venía por mi sin yo saberlo. No se que es lo quiere de mí. Creí que el demonio en mi interior se estaba encargando de arruinar mi vida y volverme lo que soy.
-¿Por que no le dijiste nada de eso a tu amigo?
-...Porque ya no creo que sea la verdad.
Reggie y Tamara se quedaban calladas ante los crujidos del fuego y los aullidos del cielo. La chica demonio intentaba mirarla a los ojos, con tristeza y duda. Pero Tamara se negaba, observando al suelo en decepción. La chica demonio se sujetaba del hombro a si misma, no sabiendo que decir ni como acercarse, hasta que creyó encontrar el alcance correcto:
-Oye, no sientas que no te entendemos. Algunos aquí somos experimentos, yo también.
-...¿Ah?- Tamara estaba perpleja.
-...Los experimentos como yo y los demás éramos seres llenos de sueños, y Solárne siempre fue nuestra tierra prometida. Cuando mis padres eran científicos y descubrieron los propósitos ocultos del anillo, escaparon conmigo y me adoptaron. Muchos más como yo tuvieron la suerte de huir, otros no. Y aunque somos libres, el vivir como experimentos ya es suficiente castigo.
-...Lo és. Nunca te sentirás completamente como un humano.
-O como un demonio. Solo una cosa que se diverge entre ambas.
-¿Por eso tu padre y los demás me miraban de manera extraña?
-¿Lo hicieron? Quizá creyeron que querías amenazar la tranquilidad del lugar... Y si eras un experimento, quizá papá conocía al mío. Quien sabe.
-...Bueno, en el fondo si fui un peligro para el pueblo.
-Oye, basta de culparte.- Reggie se acercaba a ella tomándola de los hombros. -No sabías que Arzon venía por ti, esa bestia acecha cuando uno menos se lo espera. Y aunque lo hubieses sabido, te hubiésemos ayudado con gusto. Nadie aquí quiere volver a sentir miedo otra vez.
Tamara totalmente vulnerable acertó a abrazarla. Reggie del susto le tomó procesarlo, pero en cosa de segundos ya le devolvía el abrazo.
-Aún asi, creo que necesitaré tiempo para pensar... Jamás pensé que las cosas estuvieran tan mal contigo. O que le hubieses hecho... "todo eso" con tu amigo, ¿entiendes?- Decía la chica demonio riendo con nervios.
-Tranquila, está bien.- Decía la chica alegre, a pesar de estar rindiéndose ante una potencial amistad. Dejaron de abrazarse, devolviéndose una sonrisa para intentar animarse. Tamara volteó en el limbo de la tranquilidad y la inquietud, pensando que al fin había podido ser honesta con su amiga. A pesar de no poder saber que se escondía tras los ataques a Teru, estaba dispuesta a averiguarlo todo. Incluso si el descubrimiento fuese a doler.
Caminó por el barro y el césped quemado, moviendo su mano en son de una despedida. Reggie se despidió de vuelta, sonriendo con un toque de preocupación en su cara. Ambas no sabían que hacer la una con la otra tras las verdades saliendo a la luz. Y así, esa misma incertidumbre las separó. Desde el bosque y el pueblo la distancia se volvía larga.

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