CAPÍTULO 31
Tamara ante la necesidad de defender a su amiga, se propulsó con velocidad hacia Nick. Con su puño desvió la aguja de la maquina, provocando un fuerte eco que se escuchó por toda la aldea. Intentó atacar directamente al demonio, todo puño se viese contrarrestado contra otro.
Esquivaba el daño sin esfuerzo alguno, estaba aburrido. Pateó su estómago, y la hizo retroceder lejos de él. Aun así, Tamara se deslizaba firme sobre la tierra. Recogió sus manos a un costado, y generó una ola de dagas psíquicas que volaron hacia Nick.
Este se deslizó por lo aires con sus brincos, nuevamente evitando los ataques de la chica. A centímetros de verlo aterrizar, Tamara formó entre sus manos una gran esfera de energía psíquica.
Al tocar tierra firme, el proyectil fue disparado. Se dirigió a Nick con toda su potencia, pero este con la aguja de su maquina, lo desintegró frente a él.
Las partículas de su telekinesis querían desintegrarse, pero el demonio no les permitió la muerte. Comandó su arma a absorber a través de la aguja todo el material que le rodeaba.
La ventanilla del aparato ahora emanaba un fuerte color rosa; el color de los poderes de Tamara. El cuerpo de la chica se llenaba de incertidumbre. Y ante un leve parpadeo, el demonio que se encontraba a la lejanía, ahora estaba frente a sus ojos.
Nick no dudó en disparar los poderes contra la chica, la cual fue empujada en una onda de energía. Voló entre el humo y los gritos ensordecidos, hasta que su espalda chocó contra una barrera de cristal, la cual atravesó sin oponer resistencia.
Se levantó aturdida en medio del ático de una casa en llamas; un infierno humeante y caluroso. Había perdido de vista a su enemigo, quien se encontraba sobrevolando la casa. Con una fuerte brisa helada, levantó en pedazos el debilitado techo. Ahora podía verlo sobre el horizonte, se estaba acercando. Con los vidrios rotos sobre su cuerpo y alrededores, puso en fila las lanzas que disparó hacia su enemigo. Pero Nick con suma destreza, desvió cada ataque con su aguja. Tamara se abalanzó para enfrentarlo, dejando su cuello expuesto ante la garra de Nick.
La atrapó, y ante el aterrizaje, el inestable suelo tembló bajo sus pies. Se remeció y se agrietó, abriéndose entre chispas y cenizas a la segunda planta del hogar. Por la caída, se separaron, dejando a ambos seres cara a cara en el cuarto de un niño. Toda su felicidad y colores eran consumidos por las llamas, mientras el aire se tensionaba entre las miradas de los oponentes.
Tamara atacó en una emboscada psíquica, pero la maquina recargada detuvo cada uno de los ataques. Recortó el espacio entre ellos con una patada giratoria, fallando en golpear a su oponente. Nick tomó la oportunidad, estaba expuesta nuevamente.
Hábilmente, con su mano escondida tras sus espaldas, la chica creó una barrera de energía entre ambos. El demonio era empujado lentamente contra la pared, listo para ser aplastado. No parecía desesperar, pues al clavar su máquina contra la barrera, le generó una presión tan brusca que esta se desmoronó sobre si misma.
Una fuerte onda los separó, empujando a Nick contra los veladores, y a Tamara contra el borde de la cama. Ambos a pesar de sus heridas, estaban dispuestos a seguir luchando. Se levantaron firmes para una segunda ronda.
Nick lanzó sobre la chica una butaca cercana, esta la controlo hasta lanzarla por la ventana. Ante la distracción de Tamara, el demonio se acercó para arremeter con su ataque. La chica se agachó esquivando la aguja sobre su cabeza. Se sujeto firmemente a la tierra, y con su pierna barrió el piso. Nick cayó tras sus espaldas, con Tamara cubriendo su cuerpo tras un cubrecamas ardiente. Transformó al demonio en un envoltorio en llamas, haciéndolo girar por la sala tal lanzamiento de bala.
Arrasó contra las paredes, el suelo, y las repisas, hasta aterrizar dentro de un deteriorado ropero. Los peluches en llamas cayeron de sus repisas del golpe, rodeando a Tamara y así dándole una nueva idea.
Nick pateó con furia la puerta del ropero, cortando la manta en miles de pedazos. Al levantarse, no tuvo el tiempo de atacar, pues la chica ya había puesto en marcha su plan.
Redujo los peluches a meras esferas de fuego, y los encapsuló en bombas de energía. Una lluvia de meteoritos caía sobre Nick. Este corrió rodeando a la sala, mientras esquivaba los proyectiles que le perseguían. Tras su propia estela, pudo ver dentro de su rango una lámpara de porcelana. Rápidamente la desconectó, y a medida que seguía esquivando las balas, más cerraba su trazo sobre Tamara.
La estela de la hipervelocidad confundió a la chica, dándole la delantera a Nick. Se acercó a ella girando la lámpara como un lazo, reventándola así contra su rostro. Con su pierna, la pateó por el lado contrario, despegándola del suelo. La pared estaba tan debilitada ante las llamas, que el choque de Tamara la atravesó
La chica cayó sobre el pasillo de las habitaciones, el cual manchó con la sangre que emergía de su cabeza. El demonio apareció tras la puerta, la cual se desplomó de tanta brutalidad. Tamara corrió cojeando por el corredor del infierno, mientras Nick gatillaba su guantelete. No respondía, el cristal se encontraba vacío. Furioso, le lanzó como discos los restos de la puerta. La chica saltó, y se agachó, poniendo la mirada sobre sus hombros.
El suelo se caía a pedazos tras ella, revelando el mar de fuego bajo sus pies. Mientras más se alejaba, el demonio menos se esforzaba. Finalmente, se detuvo. La estaba dejando ir. Y cuando el alivio crecía dentro de ella, mayor fue el descuido. Se topó ante el final del pasillo, donde las las escaleras le esperaban hacia la planta principal.
Tamara intentó retroceder, viendo como el fuego se filtraba entre las rendijas. Sus espaldas se toparon ante la presencia del demonio, quien la miraba de manera inexpresiva. Intentó atacarlo con todo lo que podía, con cada golpe siendo empujado de vuelta. No lo entendía, Nick no se estaba esforzando para nada, y aún así conseguía emanar de el una fuerza descomunal.
Con su hombro y brazo, la chica cargó contra su enemigo, intentando empujarlo ante el hueco tras él. Era imposible, su cuerpo era muy pesado. O pensaba que quizá, ella estaba empezando a perder la energía. Se detuvo, tomando aire e ignorando sin querer lo abierta que estaba a ser atacada. El demonio amablemente puso la garra sobre su hombro. Tamara lo miró desprevenida, y con una expresión fría, Nick le movió la cabeza en negación.
La empujó contra las escaleras, y a un centímetro de que las tablas tocaran su nuca, se hizo levitar en su propia energía. De una simple voltereta sobrevoló los peldaños en llamas, hasta que sana y salva aterrizó sobre sus dos pies al otro extremo. Así, con una gran onda de poder, explotó las escaleras contra el demonio.
Siendo dañado por las afiladas tablas, Nick se dejo caer ante el océano de fuego. Tamara no podía perder el tiempo, y con todos los nervios sobre sus hombros, corrió hacia la puerta principal. Movió temblorosa la perilla, la cual se encontraba cerrada con llave. La ansiedad recorrió fuertemente su cuerpo mientras buscaba una nueva salida.
Saltar por la ventana era una opción, a la cual se acercó sin titubear. Pero sus esperanzas de huir fueron machacadas ante el retorno del demonio, quien atravesaba la ventana como una bala de cañón. Seguía vivo, y el fuego sobre su cuerpo solo le había dejado marcas. Tamara pensó que la combustión no lo mataría, no mientras tuviera esa brisa helada bajo su mando.
La chica reía incómoda ante la situación, viendo como Nick revelaba un nuevo poder. Transformó su garra desnuda en un enorme martillo de roca solida. La cacería había empezado, y Tamara aún no se daba cuenta de ello.
Fue perseguida como las plagas por toda la sala de estar. Las paredes se perforaron, los cuadros se cayeron, y las vasijas se reventaron en pedazos. Tamara se estaba cansando de huir, y con valentía alistó sus puños. El martillo colisionaba contra los golpes psíquicos de la chica, y mientras más lo hacía, más se transformaba en un mero bulto de roca.
Hábilmente, Tamara formó una capsula sobre el pedrusco, redirigiéndolo contra el rostro de Nick. la chica se alejó de él, en un brinco hacia la mesa del salón, mientras el demonio retrocedía por el golpe.
Nick quería acabar con la pelea lo más pronto posible, y con su garra, azotó el piso con furia. Un enorme escombro de roca se alzó sobre su cabeza, tal como la luna sobre la tierra. De una patada, lanzó el meteorito hacia la chica.
Despojando el miedo de su cuerpo, Tamara desencadenó una lluvia de poderosas patadas sobre la roca. Balas de escombro atravesaban los alrededores de Nick, quien tomaba resguardo tras la máquina. Con su otro bazo, reunió los escombros como un imán, formando una nueva masa.
Lanzó la pila de rocas sobre la chica, en un nuevo intento de derribarla. Ella sin perder el tiempo, desarmó el cumulo de un puñetazo. Con sus poderes reordenaba los escombros sobre ella como los anillos de Saturno. Con sumo cuidado los afiló, y ahora ante Nick, estaba a punto de caer una densa lluvia de estacas.
Aun así, el demonio lograba escurrirse hábilmente entre ellas. Corrió bajó la lluvia, saltó sobre sus afiladas gotas, y al agarrar vuelo sobre Tamara, le plantó un puño contra su cara. La chica sobrevoló la mesa hacia el sofá, al fondo del salón, donde la tela se empapó de su sangre.
Nick salto de mueble en mueble como un animal, abalanzándose para apuñarla nuevamente. La chica de un giro esquivó su ataque, rodando hacia el otro extremo del sofá. Le lanzó cojines que ni cosillas le hacían, pero que lo mantenían distraído. Ante la desesperación y el revoloteo de las plumas, una brillante idea nació.
Esta vez ya no se trataba de puños o patadas, el cuerpo de la chica se había revestido en energía. Energía la cual le había vuelto tan pesada como una aplanadora.
El sofá, por el peso, se ladeó como una catapulta. Nick quedó sobrevolando los aires, a punto de caer contra la chica. Esta traía un plan entre manos, pues le esperaba para recibirle con la metálica suela de sus zapatos. Su vientre se aplastó sobre ellos, mientras observaba a la chica recoger sus piernas. El gran disparo y la fuerte colisión eran inescapables.
El cuerpo de Nick fue lanzado en una estruendosa onda lejos del sofá, aterrizando sobre la puerta de una sala abandonada. Era la entrada del sótano, el cual se había transformado en una angosta escalinata hacia el inframundo.
Tamara gritaba con todas sus fuerzas, mientras se aproximaba al demonio. Este tenía planes distintos, revelando ante ella sus afiladas pupilas. En un santiamén, los pasos de la chica se habían detenido. Forcejeaba e intentaba avanzar, sin caer en cuenta de que su cuerpo se habían adherido al suelo. Estaba congelada en un denso hielo glacial.
La chica observaba su situación con incredulidad, sintiendo la esperanza acercase a paso pesado. Nick corrió para aprovecharse de su parálisis, pateando bruscamente su cintura. Destrozó el hielo ante el impacto, dejando a la chica rodar sobre las escaleras hasta el fondo del sótano.
La distancia era nuevamente, lo único que se interponía entre ellos. El demonio estampó su única garra contra el piso, levantando una plaga de lanzas heladas. Los pilares emergían perforando la madera, e incluso las llamas. Escalón por escalón fue destruida la única salida de Tamara, con el hielo al acecho contra ella.
Generó una barrera de energía para contrarrestar, oponiendo sus fuerzas contra las de Nick. Era una pelea equiparada, nadie pensaba darse de baja. El demonio cesó sus ataques, dejando que el muro se le acercara. Las espadas de hielo eran derribadas una por una, y cuando ya no quedaron escalones por liberar, Nick perforó el escudo con su arma. Una estocada perfecta bastó para derribarlo.
El demonio tenía otra oportunidad, y nuevamente absorbió a través de su mecanismo las partículas de poder.
-¡Agh, tonta!- Se decía la chica a si misma. La presión de la situación le había hecho olvidar el poder de la máquina. Mientras que el demonio, a la distancia, apuntaba su guantelete como una pistola.
-Gracias por el empujón, esta vez seré un poco más tacaño.
-¿Que clase de juguete es ese? ¿Es otro experimento del anillo?
-Te lo diré si te quedas quieta, ¡maldita mocosa!
Nick le iba a demostrar de lo que era capaz su nuevo aparato. Tamara quería dudar, pues conocía sus propios poderes al pie de la letra. Tenía debilidades que podía sobreexplotar y así derribar a su enemigo.
Pero el flujo de sus ideas se detuvo ante el sonido del disparo. La chica pudo sentirlo, atravesó su cabello, cerca de su rostro. Y picando su cuello, cayeron pequeños mechones pelirrojos. Se inclinaba ligeramente a mirar la pared tras ella. Había sido perforada por el artefacto de bala. No había tiempo para nada, pues la vida de la chica pendía de un hilo, y un disparo.
Tamara corrió, con las balas tras ella. Los hombros de su abrigo se rasgaron, y el tropiezo le raspó la tela a sus rodillas. Con esto ingresó completamente al sótano, una pequeña y abandonada bodega. Sus muebles estaban cubiertos en sabanas, las cajas se apilaban, y las paredes no eran más que sombras de las torres fantasmales. Era cosa de tiempo hasta que las telas fueran consumidas por el fuego, y con ellas los blancos pilares.
Nick persiguió a su presa, brincando descomunalmente sobre el abismo de las escaleras. Cayó firmemente, estremeciendo el suelo bajo sus piernas. Apuntó su maquina sobre la chica, y esta empezó a correr.
Las balas volaron hacia Tamara, persiguiendo su cabeza en una estela de agujeros. Tomó refugió tras las cajas, que dejaban a sus cobijas danzar ante los disparos. Para su suerte, la energía del extractor se había agotado. Nick no estaba nada contento ante la noticia. La chica intentaba calmar su respiración, pero las desgracias no hacían más que continuar. La sabana sobre las cajas empezó a agarrar fuego, y de pronto todo ante ella se transformó en un muro infernal. La espalda de la chica estaba contra la pared y las llamas.
Desde las entrañas del fuego surgió la garra del demonio, quien atrapó la barrera tras la chica en su brazo. De un remezón, derrumbó las torres revelando su figura ante las llamas del subsuelo.
Nick la acorraló, y el ahora espacio entre ellos era estrechado por el filo de la maquina. Varios intentos se dieron, pero todos rozaban el cuerpo de la chica. La tela se desgarraba, la piel se cortaba y la sangre escurría, a medida que ella escapaba de sus garras.
Tamara estaba llena de cortes y rasguños, y Nick estaba sobrepasando los limites de su furia. Ambos querían esta pelea acabada lo más pronto posible, pero ninguno de los dos quería ceder. El silencio reinó sobre ellos con una atmosfera tensa, mientras las llamas se empeñaban en derribar la casa sobre ellos.
Se miraron a los ojos una vez más, probablemente por ultima vez. Nick no tenía ningún rasguño, pero mantenía las marcas de fuego sobre su cuerpo. Tamara percibía como nunca sangraba, tampoco sudaba... ni parecía parpadear o incluso respirar. Fuera lo que fuera, la chica afirmaba la idea de que se enfrentaba contra un monstruo indomable. Su cuerpo se estaba rindiendo, pero su espíritu de lucha aún podía dar más.
Pero así mismo, el peso de su determinación fue lo que quebró su único soporte. Tamara cayó sobre sus rodillas ante la fatiga. Nick no tuvo ninguna reacción, más que solo acercarse a la chica, y darle unas ultimas palabras.
-Al fin te das por vencida, engendro de la sociedad.
-¿Engendro...?- Decía la chica con una gastada molestia.
-La vida te ha tratado mal, y lo único que sabes hacer es tratar mal de vuelta a las manos que te dan de comer.
-¡Tú no me conoces...!- Tamara intentaba luchar de vuelta, pero no tenía sentido. Intentaba levantarse para atacarlo, pero estaba tan cansada que sus puños pegaban como bolas de algodón. Fue derrotada una vez más, suspirando del agotamiento y de la pena. Por un momento, sentía que las palabras de Nick eran ciertas.
-Claro que lo hago. Eres la hija de un comandante incompetente, y una madre de mierda que solo sabe escapar cuando le conviene. Por supuesto que ibas a nacer como alguien tan inconsecuente... arrepiéntete todo lo que quieras de tus actos, pero llorar no te solucionará nada.
Aquellas palabras resonaron en las entrañas de Tamara, tocando la fibra delicada de su infancia, que encendió algo mas fuerte que sus poderes psíquicos.
-Ahora, di adiós.
El demonio se abalanzaba para el golpe de gracia, pero no contaba con que la maquina quedase atrapada bajo el ala de la chica. El demonio intentó liberarse, pero ahora su meticulosidad se enfrentaba contra la furia de Tamara.
Una densa aura oscura empezó a envolverla, distorsionando y perturbando las ondas del espacio. Las mangas de sus brazos se despedazaron ante su presencia demoniaca, mientras retenía con mayor fuerza a la maquina. Los zapatos de la chica se volvieron de plomo, generando cráteres bajo ellos. Su cabello se levantó revoloteando como los tentáculos de Medusa, que bañaban su cuerpo en cegadores rayos negros.
Luego de mucho forcejeo, la maquina logró ser liberada. El demonio intentó atravesarla, pero la aguja del arma fue repelida. La capa de oscuridad se había vuelto tan densa que repelía todo a su paso. Nick sabía que debía noquear a la chica antes de que la mutación siguiera avanzando. Así, transformó su puño en roca, entrando a la fase final de su combate.
Para esquivarlo, la chica saltó por encima de su puño, y de un pisotón, lo estampó contra el suelo. La roca se deshizo en pedazos, dejando su mano estaba atrapada entre la tierra. El tiempo de idear un ataque se acortó de inmediato, pues sintió su rostro girar ante el impacto de una patada, el cual liberó su garra ante la inercia.
El demonio se había transformado en un saco de boxear, y Tamara en una implacable luchadora. Puño tras puño atrapó Nick con su cuerpo, en un intento de proteger su maquina. Ninguno pudo ser esquivado, todo golpe que se disparaba, terminaba su trayectoria. Aunque no podía sentirlos, el impulso de cada puño le hacía deslizar atrás.
Sus piernas se toparon contra una superficie; era la mesa tras él. Tamara se escurrió bajo su brazo, aferrándose y envolviéndose en sus espaldas como un mono. Jaló con fuerza los cuernos de la bestia, y con el peso de su cuerpo estrelló a Nick contra el mueble. El impacto la partió en dos.
El demonio con su manos rocosas empujó a Tamara por encima de él, liberándose de sus garras. Mientras sobrevolaba la sala, la chica contempló los objetos a su disposición. Aterrizó sujetándose sobre el respaldo de una sillas, dispuesta a usarlas como un arma.
Nick anonadado ante la velocidad de Tamara, recibió el mueble destrozándose por todo su rostro. Y sobre su cuello se recostó otro asiento, con sus patas clavadas a la pared. Estaba atrapado, y la chica había perdido todos sus cabales. Afilando sus pupilas una vez más, el demonio dispersó sus poderes ilusorios sobre el salón.
El domo oscuro volvió a caer sobre Nick, quien desapareció ante la oscuridad. Los muebles en las manos de Tamara se estaban pudriendo, y un anillo de espejismos se desplegaba desde el vacío. Esta, con sus garras de demonio, arrasó con todo rastro de Nick, levantando sobre ella nebulosas de polvo púrpura.
Frente sus narices y tras sus espaldas se aproximaban dos demonios, ambos cargando los espejismos de la máquina. Tamara los esquivó girando a través de sus filos. Su cuerpo era intocable ante las agujas de los fantasmas, quienes habían pasado completamente de ella. La chica al aterrizar, tomó de sus espaldas y los machacó como si fueran meros juguetes.
Justo bajo sus pies, unas garras intentaban retenerla. Querían arrastrarla al fondo del vacío. Pero de un gran salto, reveló al espejismo bajó sus pies. Atrapó su cabeza entre sus tobillos, y lo torció por el aire como un tornillo. Ambos cayeron al suelo, con el clon desintegrándose ante el impacto.
Con agilidad se levantó, sintiendo al verdadero Nick dentro de su radar. Apareció como el presagio de la muerte tras su nuca, con la intención completar su tiro final.
La chica sujetó de la aguja con sus manos desnudas, alzando al demonio por sobre su cabeza. Cayó con la trayectoria de una media luna, y con el extractor resbalando de sus garras. La máquina había reclamado un nuevo dueño. Nick se levantaba para recuperarlo, pero el intento le costó un fuerte bateó contra su pecho.
El demonio invocaba un pilar de roca que emergía entre ellos y el arma, golpeándola por encima de su usuaria. En un tema de segundos, aterrizaría nuevamente, y Nick quería su dominio total para él. Sin pensarlo dos veces, se aproximó acelerando contra hacia la chica.
Ante esto, Tamara calculaba su siguiente movimiento. La máquina giraba por los aires, notó ella. En algún momento durante su caída, la aguja apuntaría hacia Nick. Sería la oportunidad perfecta de impulsarla en su contra y salvarse la vida. Pero debía esperar el momento adecuado, un movimiento en falso le costaría un daño colosal. Con la estrategia en manos, recorrió el poder psíquico de todo su cuerpo hacia su pierna.
El demonio gritaba iracundo, corriendo entre las ráfagas del viento. La máquina caía, y Tamara hacia su mejor esfuerzo por reunir paciencia. El aura de su pierna aumentaba con intensidad. Nick retraía garra, estaba listo para matar; pues ahora invocaba una mortal lanza de hielo. La presión del peligro aumentaba, y la tensión ante el momento adecuado se volvía aplastante.
Su contrincante desplegaba su lanza por el horizonte, el extractor ya casi llegaba a su punto preciso, y Tamara sudaba a litros. El poder sobre su pierna se volvió tan grande, que un cráter perfecto se quería formar bajo ella.
Y entonces, lo vio, la señal. Con el leve reflejo de la luz sobre su punta, la máquina indicó que ya era la hora del disparo. La lanza de Nick se acercaba a Tamara, pero esta no tuvo oportunidad ante el proyectil de la máquina, que destrozaba el hielo en una brillante brisa invernal.
El demonio retrocedió con el arma atascada en su pecho. La colisión lo dejo desorientado. Era una apuñalada completa, y una estocada perfecta.
La pelea se acababa, el domo se estaba disipando sobre ellos. Pero algo estaba mal. Nick nuevamente no se veía afectado por el dolor, y mucho menos se encontraba sangrando. La incertidumbre de la chica cortó el hilo de adrenalina en su cuerpo. Sus poderes demoniacos se habían desactivado, trayendo consigo una horrible jaqueca que la dejó desmoronada.
Se mantuvo de pie, quejándose y sujetando su cabeza a punto de explotar. Entre su difusa visión pudo ver la silueta de Nick remover la máquina de él. La verdad sobre el demonio había salido a la luz, y las llamas del infierno se agrandaron ante el descubrimiento. Tamara se cubrió ante la ola de calor, y Nick siguió andando a pesar de su precario estado.
A través del agujero en su pecho, la chica veía el otro extremo del salón. No había carne, no había huesos, venas, ni órganos. No había corazón. El cuerpo de Nick estaba totalmente hueco.
-Tú... Corazón. No-no es...tá.- Tamara se estremecía del shock.
-No pienso repetir el mismo error dos veces.
-Pero, esto es imposible. ¿Dónde está? ¿¡Como estás vivo!?
-Que importa. Lo que realmente importa es ver lo que puedo hacer cuando ya no tengo limites...- Decía Nick con una sonrisa que crecía sobre su rostro
Su expresión empezó a caer, a medida que sus pupilas se desvanecían hacia el fondo de su cabeza. Sus piernas se debilitaron, y siguió andando hasta rendirse bajo las narices de Tamara. Su cuerpo ahora le pertenecía a la tierra en ruinas.
La chica corrió a revisarlo, no quería creer que efectivamente era un ser vacío. Tomó su pulso y revisó su respiración, pero nada daba luces. Todo había perdido sentido.
Un denso liquido oscuro escapaba de su boca y ojos hacia el cielo. Lagrimas oscuras que flotaban como dientes de león, volaron por sobre las llamas. A pesar de su oscuridad, las partículas de la sustancia brillaban como el prisma. Prismas cuyos restos se reunían a si mismos en un gran enjambre sobre Tamara.
-Te prometo que me lo agradecerás después de todo.- El ser de las llamas hablaba en un tono sereno, susurrante, pero intimidante.
-¿Que eres? ¿¡Que está pasando!?- Tamara quería respuestas.
-Lo que soy realmente no importa. Sin embargo, lo que seré, lo trascenderá todo. Me gustaría que estuvieses ahí para verlo, Tamara.
-Un momento, esa voz... ¿Quién...?
-¿Quien soy? Tengo tantos nombres y tantas formas que no vale la pena decirlas todas. Pero, en algo si que podemos coincidir tu y yo, y es que yo solía ser como tú.
-No ¡No!- Las memorias de la chica comenzaban a conectarse.
-Un chiquillo inseguro y aproblemado... solitario y sin una familia. Ahora, ese niño vive en mi, encerrado con barrotes de hierro y y torturado por los feroces látigos de su único crimen; haber sido tan incrédulo. Pero... la niña que vive en ti nunca se fue. La encontré, la perdí, y ahora la volví a recuperar, tal cual como la conocí.
-Tú... Tú eres-
-Me alegra volver a verte, "721". Ha pasado mucho tiempo.
Tamara lo oyó, lo hizo atentamente. No había oído tal nombre luego de tantos años. Su fama se marcó entre el sonido de las llamas, los escombros del hogar y la destrozada estabilidad de la chica. Un flujo de memorias y espejismos arremetió contra su mente; eran el monstruo, la oz y las manchas de sangre. Habían vuelto y venían por ella. Tamara había recordado toda la verdad, pero era ya muy tarde para contar, pues el enjambre de oscuridad se había disparado contra ella.
A las afueras, Reggie finalmente se había reencontrado con su familia. Juntos buscaban a Tamara sin ningún resultado. Buscaron por todos los escombros, pero simplemente no había rastros de ella. Un desgarrador grito se extendió por la ciudadela, por sobre el caos y la desesperación. Reggie identificó la voz, era su amiga. Todos se acercaron a rodear el hogar en llamas, el cual se derrumbó a pedazos levantando polvo y chispas consigo.
-¡¡Tamara!!- Su amiga intentó ir por ella, pero sus padres la retuvieron. Pensaron que ya era muy tarde.
La gente murmuraba aterrada por la idea de alguien siendo aplastado bajo la casa. Pero desde los escombros, el humo y el el fuego, alguien se levantó. Es la silueta de una chica, Tamara. Reggie estaba emocionada, corriendo sobre los destrozos para verla. Pero a medida que esta se acercaba, veía como de su cabeza crecían dos cuernos enroscados. Algo estaba mal, la chica lo presentía. El rostro de su amiga se asomó disipando el humo, dejando a Reggie en un completo shock. Sus ojos estaban blancos, con la sangre empapando su rostro. Tras ella estaba Nick, quien la cargaba agarrando de su capucha.
-¡No!- Gritó Reggie espantada.
El demonio dejó caer a la chica rodando por la tierra, hacía los pies de Reggie. Esta se acercó a ella, viendo herida tras herida sobre su cuerpo. El color de su brazo demoniaco se estaba esparciendo, ahora sobre ambos brazos, piernas, y cuello. Los mechones de su cabello desordenado querían ocultarlo, pero desde su cráneo ahora emergía un solitario cuerno púrpura.
Sobre su pecho notó la sangre que manchaba su chaleca. Se acercó a oír su corazón, seguía palpitando. Con la máquina en posesión del demonio, y su aguja empapada en sangre, Reggie supuso lo peor sobre su amiga.
-¡Traigan ayuda!.- Ordenó Reggie a los pueblerinos -¿Que le hiciste? ¿¡Quien mierda eres tú!?- La chica demonio se encaró contra Nick, pero este la apartó de una fría bofetada. Su familia la rodeo, listos para defenderla. Pero el ser no tenía interés en pelear con ellos. Contemplaba con una sonrisa la destrucción que había brindado ante el pueblo de Solárne.
-Que gusto ver este horrendo lugar al fin caer en ruinas. Ahora, tienen 10 segundos para esfumarse de mi vista. El que no desaparezca a tiempo, lo haré desaparecer yo.- Decía Nick alzando el extractor en su brazo. El cristal de la máquina irradiaba con la fuerza del sol. Los padres de Reggie estaban asombrados, pues reconocieron aquella máquina.
-Alto...- Decía una singular voz entre los demonios y los humanos. Era el hombre de los molinillos; Lewis. Quien a pesar de su avanzada edad, estaba dispuesto a enfrentar al demonio. Todos se hicieron a un lado, dando espacio al señor y su contrincante.
-Eres tú, que gusto...- Nick decía de manera sarcástica.
-Creí haberte dicho que no quería volver a verte por aquí, Arzon.
-Ay, haces que el chiste se cuente solo. No debo ni esforzarme.- El demonio no pensaba parar.
-¿Que haces con el cuerpo de ese muchacho?- Decía viendo el agujero sobre el pecho de Nick.
-Ay, no te preocupes por él, está bien. Es solo un pequeño préstamo.
-¿Que le hiciste a la niña?- El anciano se aproximaba lenta y firmemente.
-Calma... Ella también está bien. Se va a despertar tarde o temprano, ya lo verás. Lo que le hice es muy sencillo ¿Quieres averiguarlo?- Decía el demonio anhelando probar sus nuevos poderes. Pero Lewis se abría paso por el aire con una velocidad vertiginosa.
Nick retuvo su ataque a tiempo. La aguja del arma colisionaba contra las manos vacías del anciano, estaba utilizando una fuerza invisible. El demonio lo observó bien, eran unos afilados discos de aire. Las chispas saltaban, y Nick se sentía genuinamente sorprendido. Un ambiente feroz crecía entre ellos a medida que la fuerza sobre sus armas se potenciaba. Era el inicio de un nuevo enfrentamiento.
-Acabaré contigo de una vez por todas.

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