CAPÍTULO 30
Los alaridos monstruosos del bosque se perdieron al horizonte del pueblo. La gente de Solárne se despertaba lista para un nuevo día de trabajo. El padre de Reggie y su esposa se alistaban para trabajar en la feria, mientras su hija menor se lavaba los dientes. La chica pelirroja se hacía una coleta por el calor, y Reggie estrenaba unas nuevas bermudas marrón. Tamara y su amiga se despertaron muy animosas, cuchicheando y riéndose de cosas triviales.
Bajaron las escaleras listas para cruzar por la puerta. La madre se despidió de Reggie, el padre y su hermanita también. Reggie se despidió de ellos y Tamara le imitó.
Ambas chicas caminaron refrescándose bajo las sombras de las casas. Avanzaron bastante hasta alejarse de sus padres. Los insectos y las aves emitían sus cantos pacíficos, mientras las cabras y los perros paseaban por la acera. Compraron helados, y comieron hasta llegar a un pequeño parque en el centro del pueblo. Se sentó cada una en un columpio a descansar, y disfrutaron lo que les quedaba de postre.
-¿Estamos cerca?- Preguntó Tamara.
-Ya llegamos. Esta es la pileta del pueblo.
-Ah, lo siento. Estaba distraída. Es que es el helado, está muy bueno. O quizá es el calor.
-Me inquieta un poco la verdad ¿Qué sabor se supone que es ese?.- Decía Reggie con humor, observando el color azulado de su postre.
-No tengo idea, pero no creo que me mate. Ya me han pasado tantas cosas que creo ser inmortal.- Decía Tamara mientras comía -Entonces... "Lewis", ¿cierto?
-Si, él puede ayudarte. Vive en la casa con los molinos multicolor, allí al frente.- La chica demonio apuntó frente a sus narices.
-Genial, ahora hiciste mi viaje mas sencillo. Oye, fue maravilloso conocer este lugar. Gracias por todo Reggie. Oh, y también por el helado de "no-se-qué"- Decía la chica alzando su cono, sin notar que se empezaba a derretir sobre su mano. Sorprendida, intentó atrapar las gotas con su boca. Reggie reía delicadamente por el cansancio, el calor hoy estaba sofocante.
-"Laguna azul". Y No es nada. Hoy habrá pescado de almuerzo... Como casi todos los días. Espero no te moleste.
-No creo que coma hoy en casa, debo partir temprano. ¿Crees que puedas esperarme en la entrada hasta que termine?
-Oh, está bien. No te preocupes, yo te espero.- Reggie quería ser comprensiva con ella.
-Gracias.- Y a pesar de las "malas noticias" que tenía que contar, Tamara deseaba que su amiga estuviera bien al final de todo.
Su plan era sencillo. Luego de resolver sus dudas sobre el paradero de Teru y el camino hacía la agencia, tendría el tiempo suficiente de hablar con Reggie sobre la verdad de su ser. Fuera cual fuera el resultado, sabía que su amiga haría lo correcto para ella y su bienestar.
Tamara dirigió su mirada hacia la casa de los molinillos de viento. Comió su helado en tres mordidas, y se preparó para marcharse. Se volteó a ver a Reggie una vez más, quien aún trataba de comer su helado sin sufrir de jaquecas. Le sonrió, y ella también de vuelta. Estaba lista.
Tranquilamente se dirigió hacia el hogar del señor Lewis. Era un enorme hogar de dos pisos construido con madera. Parecía ser una de las pocas casas de madera dentro del pueblo. En la azotea se asomaban los molinillos de todo tipo; papel y plástico. El viento parecía ser fuerte, pues giraban mostrando sus vibrantes colores.
La chica había tocado la puerta. Y aunque no lo demostrara, estaba muy nerviosa por dentro. Alguien se acercaba, podía escuchar sus pasos. El mango de la puerta rechinó, y lentamente, se abrió. Era un hombre anciano de tes negra. Era un poco bajo por su espalda encorvada y rodillas temblorosas. A pesar de no poseer ni un cabello sobre su cabeza, su barba y bigotes eran abundantes y frondosos. Usaba una camisa verde y un chaquetón de lana encima. De su frente, resaltaban dos cuernos color grafito.
Bajo sus cuernos y entre sus parpados cerrados, pudo ver una pisca de sus pupilas, las cuales le llamaron la atención. El señor estaba ciego, sus ojos estaban hundidos en la niebla. Y a su alrededor, podía ver sus orejas. Eran casi puntiagudas como las de un demonio, pero conservaban el color de su piel. En el bolsillo de su chaqueta se asomaba un pequeño molinito, que giraba tranquilamente con el viento. No lo aparentaba en sus expresiones, pero el sabía que la chica se encontraba frente a el.
-Buenas tardes, ¿en que puedo ayudarte?- Dijo el anciano amablemente.
-Buenas... ¿Usted es el Señor Lewis?.- Tamara estaba sorprendida de que le haya detectado.
-Si, soy yo. Un gusto conocerte. ¿Tú eres una viajera, cierto? Siempre vienen por aquí en busca de direcciones.
-Así es. Soy Tamara, mi amiga Reggie me dijo que podía ayudarme.
-Ay, Reggie. Ha crecido bastante desde la última vez que vino aquí.- Lewis reía entre dientes por la nostalgia.
-¿Usted la conoce?
-Claro, Reggie estuvo bajo mis cuidados hace unos años. El tiempo pasa volando. Entra, toma asiento. Te atenderé en seguida.
La chica pasó tímidamente hacia el living del hogar. Era un lugar cálido y acogedor, lleno de cuadros familiares, muebles y relojes antiguos de madera. Ante todos los adornos, estaba adjuntado un pequeño remolino de papel, cada uno de un diferente color. Ninguna ventana se encontraba cerrada, con las cortinas revoloteando con delicadeza.
-Hace mucho que no tengo visitas de un viajero. Come lo que gustes, yo ya estoy muy viejo para tanto dulce.- El señor Lewis se acercaba a la mesa con una bandeja de galletas y tazas de té.
-Muchas gracias.- La ansiedad por el viaje de Tamara le forzaba a comer sin parar.
Ambos tomaban silenciosamente de sus tazas, pues la chica no tenía idea de como plantear sus pedidos.
Sus pensamientos se quedaron cortos ante la curiosidad de sus ojos. Eran los cuernos sobre la cabeza del señor, otra vez. Tamara nunca había visto a un humano con cualidades de demonio, pues Lewis No se veía como ella o los otros experimentos del anillo.
-Bueno, creo que me he distraído un poco. Dime en que puedo ayudarte.- Lewis se servía un poco más de té, ya era su segunda taza.
-Oh, si, cierto.- Tamara volvió a la realidad -Bueno, espero no sea demasiado pedir, pero necesito saber en donde puedo encontrar la instalación principal del anillo escarlata.
La tetera del anciano tembló, volteando su taza sobre la mesa. Tamara reaccionó inmediatamente, pero Lewis llamó a la calma. Se levantó a la cocina en busca de un pañuelo, mientras la chica suponía que no debió haber preguntado tal cosa.
-El... ¿anillo escarlata?- Su tono se había llenado de incertidumbre.
-...¿Si?.- La chica no sabía si debía continuar hablando.
Lewis había revivido una emoción horrible, recorría su cuerpo y sus espaldas con frialdad. Firmemente, pero entristecido, se negó a dar respuestas.
-¿Señor...?
-Lo lamento, no puedo ayudarte.- El anciano se levantó de la mesa, se sentía temeroso, y ante la tensión, los molinillos de la azotea detuvieron su revoloteo.
La chica se encontraba contra un muro, sin respuestas, sin salidas, y sin opciones. Aún así, hizo el intento de escalar y conseguir una respuesta.
-Pero, ¿Por qué? Por favor, necesito saber donde está.- decía Tamara triste y desesperada.
-No puedes ir. Es muy peligroso...- le respondió de manera preocupada.
-Ten-tengo poderes psíquicos, podré enfrentarlos de alguna forma. ¡También tengo un demonio! está aquí.- Tamara apuntaba a su brazo morado, mientras reía de manera nerviosa -No puedo controlarlo, pero es bastante fuerte.
-Es por eso mismo que tengo temor. Es tu presencia demoniaca.
-¿"Presencia demoniaca"?
-Los demonios pueden percibirse entre si mismos incluso a metros de distancia, estén o no escondidos. Es un tipo de radar para detectar fuerzas mayores o menores a la suya. Y tu presencia... tu presencia es muy notoria por su inestabilidad. Mientras más inconsistente sea tu fusión humano-demonio, más fácil será que te casen como su presa.
-No lo entiendo... Los experimentos de una base abandonada dijeron que era casi perfecta.
-La mente desesperada de un experimento fallido ve todo lo que no se derrumbe sobre sus pies como "casi perfecto". Es una realidad inalcanzable para ellos.
-Pero aun asi, puedo entrenar, puedo hacerme más fuerte. Debe de haber alguna forma... Por favor, confié en mi. Deme una oportunidad.
-Lo siento, hija. No está dentro de mis posibilidades hoy...- Pero Lewis con toda la tristeza de su corazón, pasaba lejos de la mesa de té, directo a la puerta. Tamara se levantó rápidamente, e intentó suplicarle una vez más.
-¡Por favor, necesito rescatar a mi amigo!- Dijo con su voz llena de ansiedad y pena.
El anciano se detuvo ante la exclamación, a medio camino de abrir la puerta. Se apoyó en el marco, y decidió escuchar a la chica con paciencia. La chica comprendió perfectamente, decidiendo seguir con su historia:
-El fue secuestrado por ellos. No se por qué ni para qué, pero temo lo peor. He visto los experimentos del anillo... y me enteré de que yo también soy uno de ellos. Es cierto que soy inestable y que necesito mejorar, pero aún así quiero encontrarlo... y si no soy lo suficientemente fuerte, por favor, dígame que puedo hacer para serlo.- Tamara estaba hundida en tristeza, con su voz decayendo de energía.
Lewis dejó que las palabras se hundieran en él. Compadecido, regresó hacia la mesa del living. Acomodó su silla, se sirvió un poco de té, y tras un pequeño sorbo, dio su veredicto:
-Te diré donde se encuentran.
-¡¿En serio?!
-Pero, quiero que lleves esto contigo.
El fuerte viento de las cortinas descolgó uno de los molinillos de papel de su cuadro. Giró deslumbrando sus brillantes colores arcoíris, aterrizando suevamente sobre la mesa, ante los ojos de la chica.
-Quiero que lleves eso contigo, así sabré tu ubicación. Además, cuando necesites ayuda o te sientas lista para entrenar, levántalo en el aire y te contactaré.- Lewis sonreía nuevamente.
-¿Entrenar?... ¿Va a entrenarme?.- Los ojos de Tamara irradiaban emoción.
-Alguien tiene que enseñarte a nivelar tus poderes de demonio.- El anciano reía entre dientes.
La chica estaba deslumbrando alegría, por fin podría encontrar a Teru. Pero lentamente comenzó a analizar la oferta de su nuevo mentor. El iba a entrenar sus poderes de demonio para perfeccionarlos, y dentro de su mente irrumpió un vaivén de imágenes y memorias.
Eran las memorias de cuando se transformó en un monstruo, y junto ellas llegó la duda. La duda de que quizá esa era la criatura que le hacía actuar de malas maneras, y que al mismo tiempo, esa era la criatura que ahora mismo se encontraba invadiendo el interior de su cuerpo.
-Disculpe, ¿Y si mejor me ayuda a deshacerme del demonio?
-¿Como dices?.- El anciano estaba confundido, pero quería seguir escuchando.
-Se que lo presumí como uno de mis poderes, pero este demonio solo me ha causado problemas. Siento que es la raíz de todo lo que está mal en mi, y quiero hallar una forma de sacarlo de mi cuerpo.
El señor Lewis se llevó la mano al mentón, pensando en la oferta de la chica. Pero firmemente, se negó:
-Me temo que eso no es posible.
-No se preocupe, entrenaré mis poderes psíquicos para-
-No se trata de tus poderes, es la misma fusión la que pone el dilema. Separarlos forzosamente solo hará que te lastimes. Además, tus años de vida se verán altamente reducidos.
-Debe existir alguna forma, yo...- Tamara quería una alternativa, pero entonces, las palabras del anciano cayeron con peso dentro de su cuerpo.
-¿Mis años de vida?
Mientras las revelaciones se abrían dentro de un pequeño cuarto del living, en las afueras del hogar se encontraba Reggie. Se recostaba sobre la pared, intentando descansar mientras tomaba el sol. En un momento, sus ojos se bañaron en las sombras, vio a los pájaros volar lejos del pueblo. Parecía ser lo mismo de siempre, pensó ella. Pero un fuerte estruendo le hizo pensar las cosas nuevamente.
Inmensas nubes de polvo y bloques de adobe volaban por los cielos. Se estrellaban contra los hogares, los postes y las calles. A la lejanía pudo identificarlos, eran humanos, demonios y sus animales que corrían lejos del caos.
Un humo oscuro empezaba a levantarse sobre los techos de los hogares, mientras los postes de luz caían explotando en chispas. Reggie intentó huir del miedo, pero el pensar en su familia le impulsó a correr tras su búsqueda.
Disipando las nubes carbónicas, se aproximaba un demonio. Cargaba sobre su brazo un extraño aparato de aguja alargada. Iba a metros tras la gente, pero aún así no aceleraba el paso. Sintió la mirada de Reggie encima de él. Volteó a devolvérsela, y ella retrocedió. Y de un solo parpadeo, la chica se vio cara a cara con la criatura del bosque.
-Eres amiga de Tamara, ¿cierto?.- El ser le cuestionaba.
-Quien... ¿Quién eres tú?- La chica demonio estaba atemorizada
-Tranquila. Soy un amigo suyo también.- Dijo mientras revelaba sus afiladas garras ante la luz del fuego.
Dentro de la casa de los molinos, el fuerte grito de una joven irrumpió la charla de Tamara y su mentor. Esta lo reconoció de inmediato, saltando de su silla y corriendo a las afueras del hogar. Los molinillos giraron sin parar, con el aire y la ceniza ardiendo entre sus alas. Lewis estaba en shock, no sabía como reaccionar. Podía sentir la presencia de ese ser otra vez.
Tamara corrió tras la puerta, y al salir, pudo observar lo que era el caos en persona. La ciudadela estaba en llamas, los postes caían y la gente corría desesperada. Era el fin de la civilización de los humanos y los demonios. Y ante todo el estruendo, frente a ella vio ante la llamas la silueta de su amiga siendo ahorcada por un demonio.
Era Nick, quien vestía de sus atuendos casuales. Su mirada irradiaba malicia y seriedad, mientras que de toda su silueta emergía de manera monstruosa su nuevo brazo mecánico. Era el extractor, que ahora había sido modificado como un sofisticado guantelete. Desde sus nudillos, se estiraba la aguja gigante del mecanismo. La estaba alzando lentamente hacia su amiga, mientras miraba a la chica con una expresión vacía.
-¡Reggie!- Tamara infundió sus puños en energía psíquica -¡Suéltala!
-Que gusto, al fin podemos vernos cara a cara.- Nick sentía que este seria un enfrentamiento especial.
-No te conozco, no se de que hablas.
-Claro que me conoces. Mi voz cambió un poco, mi apariencia también. Si quieres pistas son tres. Estuve en el interior del monstruo, ante el sermón a tu persona, y entre la explosión de luz...
-¡Tú eras el chico de rojo!.- Tamara solo obtenía más razones para estar furiosa.
-¿Lo ves? Ahora sabes de que estaba hablando. Deberías estar contenta de verme, probablemente sea la ultima vez que lo hagas. ¿No está Greg contigo, verdad?
-No, y no necesito de su maldita ayuda.- Tamara se aproximaba lentamente.
-Excelente, será un uno contra uno entonces. No tienes idea de lo mucho que he esperado esto.- Nick estaba emocionado, sonriendo con malicia, y sin mover ni un pie.
La sonrisa del demonio se desplomó, soltando del cuello a la chica demonio. Cayó debilitada en el suelo, intentando recuperar el aire. El demonio apuntó ferozmente el filo de su maquina sobre la chica, sin ningún tapujo de por medio.
-¿Sabes lo que es esto, Tamara?- Nick quería enseñarle a la chica un "truco".
-¡No le hagas nada o te voy a-!
-¿Sabes lo que hace?... Te contaré una pequeña historia. Esta maquina fue diseñada bajo tres fundamentos básicos. Perforar, robar, y utilizar. Pero cuando no hay nada que robar ni nada que utilizar, solo queda una opción.
El demonio acercaba silenciosamente la aguja sobre el pecho de Reggie, la cual no podía moverse por el miedo. Cerró sus ojos y esperó lo peor.
-Vamos Tamara, es una pregunta sencilla.- Nick recobraba su sonrisa maliciosa.
La chica estaba anonadada, pensando en el dolor de una visceral muerte a manos de ese aparato. En ese momento, supo que solo tenía pocos segundos para actuar. De lo contrario, sería muy tarde para ambas.
¿Qué opción nos queda?....
-Capítulo 30: Sobre el campo de los molinos-
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