CAPÍTULO 29
Las brisas de la noche no pudieron llevarse consigo las penas del chico. Este vagaba intranquilo con su uniforme por los senderos del bosque bajo la montaña. Se encontraba en búsqueda de su amigo perdido. La noche anterior recordó haber oído un gran estruendo. Y al despertar, encontró en el salón de al lado un gran socavón.
Nada había en el fondo, y observando mapas, notaba que las cavernas conducían hasta las profundidades del bosque. Si se dirigía para allá y encontraba el cañón, podría tener la oportunidad de reunirse con su amigo.
Gritó su nombre al vacío forestal, pero nadie respondía de vuelta. Todo intento era inútil. Siguió avanzando sin intención de rendirse, gritando y gritando. Hasta que finalmente, uno de los llamados llegó a los oídos de alguien entre los arbustos.
La criatura escapó sobre sus cuatro patas hacia otro matorral hundido en las sombras. Teru estaba nervioso, pensando en que tendría que enfrentarse contra otra bestia salvaje hoy. Tembloroso, se acercó estirando sus manos sobre las hojas.
Se abrió paso entre las ramas solo para encontrar absolutamente nada. La criatura había escapado, o eso le quería hacer creer. Sobre él, escuchó el ligero crujir de una rama. Alzando la mirada sobre su cabeza, lo vio.
El animal salvaje de los arbustos era un humano encapuchado, en ropajes púrpuras y una armadura muy malgastada. Estaba intentando huir del chico, pero resbaló y cayó bajo el árbol. Espantado, se puso sobre sus rodillas
-¡¡Lo siento!! Ya no me hagas daño. Saldré de tu camino y no molestaré nunca más, ¡lo prometo!
-¿Qué?.- Teru estaba confundido.
-¡Ay no!, ignore mis malos modales, oh señor Nick.- J hizo una reverencia hacia el suelo -Me inclino ante su presencia.
-Uhm... Oye, yo no-
-¡Puede limpiar sus botas en mi cabello si gusta!
-Yo no soy Nick.
-¿Ah?- J levantó la mirada
El chico se quitó la capucha, revelando su cabello castaño y apariencia humana.
-¡Eres su amigo! ¡Oh, señor amigo de Nick, lo siento tanto por-!
-Por favor, solo ven a la orilla y hablemos un poco- Dijo el chico educadamente.
Prendió una fogata a las cercanías del rio, y capturó peces en una estaca para desayunar. Rostizados sobre las llamas y listos para servir, Teru entregó una humeante brocheta a su compañero.
-Se ven bastante bien.- J estaba hambriento -¿Cómo sabes hacer todo esto?
-Ir de campamento varios meses realmente da frutos.
Ambos se sentaron sobre densos troncos, desayunando en completa tranquilidad. Un extraño golpe de humildad había aturdido el corazón del ninja, quien dio las gracias mientras masticaba. No era el más educado, pero tenía el espíritu. Teru sentía curiosidad de que se ocultaba tras esa máscara, pero J no pensaba quitársela por ningún motivo. Comía introduciendo trozos de pez a la oscuridad de su capucha.
-Creí que estarías con él, o que siquiera estarían en buenos términos.- Decía el ninja.
-Para nada... Desapareció anoche, o eso quiero pensar. No me gustaría creer que me abandonó.
-Sabía que Nick era raro, pero nunca creí que fuera un patán.
-Desde que encontró esa máquina cambió completamente.- El chico ignoró el insulto sobre su amigo.
-¿Que máquina?- J tenía dudas.
-No me dijo su nombre, pero era un aparato raro. Parecía una aguja gigante o algo así, era amarilla y...- Teru se llevaba las manos a la cara del cansancio, sin respuestas y lleno de preguntas. Pero entre aquella incertidumbre, pudo rescatar algo que J dijo con anterioridad:
-Espera, mencionaste algo de que Nick era raro.
-Bastante. Siempre ha sido así, pero le encanta pretender.
-¿Ah?...- Teru estaba perplejo, la faceta que descubrió de su amigo se volvía cada vez más profunda.
-¿Que tan raro es?
-Bueno. Es errático, inexpresivo, dice un montón de estupideces criptica a veces. Intentó matarme, pero...
-¡Eso no es posible! Nick nunca mataría a alguien, ni siquiera si su vida dependiera de ello.- Teru creía conocer a su compañero, pero muy dentro de él sentía que estaba equivocado.
J, sin decir nada, se levantó de su tronco con la brocheta vacía a buscar piedras a la orilla del rio. No quería hablar de los motivos tras su enfrentamiento, quería esquivar las balas y huir lejos de los dos chicos. Pero antes, sentía que debía aunque fuera advertirle a Teru con quien estaba lidiando:
-¿Sabes? Lo he encontrado murmurándose cosas a sí mismo, totalmente solo, y en cuartos aislados. Por un tiempo creí que solo estaba loco, pero a veces pareciera que hablara con alguien.
-Es decir, quizá quiere privacidad a la hora de hacer llamadas. Puede ser su familia, o amigos...
-No lo creo. Ese chico no tiene apellido, ni familiares, ni amigos. Ningún antecedente penal ni laboral. Nadie lo conoce, y nadie sabe de dónde vino. Es como si se hubiese generado en el aire, completamente de la nada. No comprendo como el jefe pudo contratar a alguien así. O es más, ¿Cómo consiguió a alguien así?
-Yo no... No creo que Nick sea esta persona tan extraña.- El chico no podía asimilar las cosas, nada le hacía sentido.
-¡Créelo!- J estaba perdiendo la compostura -¿Recuerdas lo que dije? Que ¿parece estar comunicándose con algo? Yo sé lo que hace, yo sé con quién habla. Me arriesgo a sonar como un completo lunático ahora mismo, pero tú eres el único que puede ayudarme ahora. Debes creerme...
-Yo... Eh...- Teru no estaba seguro de la estabilidad mental del ninja.
-¡Por favor, promete que me creerás!
J estaba nervioso. Sentía como el demonio, a pesar de estar ausente, ejercía una enorme presión sobre él. Sabía que si su teoría era cierta, sus vidas correrían peligro.
-Por favor... Tienes que oírme. Nick... él...
No podía decir ni una palabra con coherencia, el miedo implantado en él le estaba ganando. Y por impulso o un golpe de valentía, las palabras se resbalaron de su lengua:
-¡Él está comunicándose con-!
La identidad de la mente tras Nick se vio interrumpida; un agudo eco metálico rebotaba contra la superficie de las piedras. Le siguió la corteza de los árboles, y luego el mismo terreno. Teru y J estaban congelados oyendo los sonidos a su alrededor. Percibían como se aproximaban hacia ellos, lenta y peligrosamente.
Las pisadas eran livianas, y eran acompañadas de un leve y ahogado crujir. Suspiros, ahogos y gruñidos susurrantes revoloteaban por el lugar. Pisó las hojas secas, la tierra y las rocas. Sea lo que sea que se aproximaba, Teru sabía que debía tratarse de una criatura salvaje.
Llevó a J tras un matorral, tomaron refugio y una oportunidad para ver a la bestia. Delante de ellos, nada. A sus costados y sobre ellos, nada. Pero el ninja podía percibir como algo detrás suyo comenzaba a acercarse. Sus pisadas se volvían mas fuertes. Se asomó por sobre las hojas, pero la criatura se detuvo. No veía nada al otro lado, solo la intensa y profunda oscuridad observándolo de vuelta.
Su respiración le quemaba la nariz, y el impulso de huir jamás se había vuelto tan grande. No podía descifrarlo visualmente, pero sabía que estaba allí; quieto, viendo cada gota de su sudor. Teru volteo junto a él, con la curiosidad de averiguar qué era lo que observaba tan preocupado entre las hojas.
Eventualmente, J sabía que la criatura atacaría. El problema era averiguar en qué momento lo haría, o siquiera como lo haría. Teru lentamente lo empezó a percibir también; la mirada del abismo sobre él.
"Click", "Clack"; dijeron unos ruidos aparatosos.
-...¿Nick?.- Teru se acercó a la penumbra buscando el rostro de su amigo; eran los sonidos del extractor. Pero lo único que encontró fue la perforante mirada de la bestia de ojos de serpiente.
El ninja rápidamente agachó a su compañero al suelo, mientras ambos veían la veloz cortina de acero cortar el aire sobre sus cabezas. Los árboles frente a ellos cayeron sin oponer resistencia. Fue un corte limpio y profundo.
-¡¡Corre!!- gritó J.
Escaparon con los rugidos de la bestia haciendo eco a la distancia. Ninguno de los dos volteó, avanzaron tanto como pudieron. El aire se les estrechaba y los músculos de sus piernas se tensaban, pero la criatura no quería darles tregua con tanta facilidad. Los persiguió, y el chico hundido entre la paranoia y la adrenalina, no sabía si las pisadas tras sus talones eran reales o un truco de su mente.
Encontraron un árbol en el cual se escondieron. Los pasos tras sus espaldas cesaron, los rugidos y la respiración sobre su nuca también. Observó al abismo una vez más, rezándole a cualquier entidad sobre el cielo que aquella bestia estuviera lejos.
Al parecer, todo rastro de la criatura se había borrado. Teru suspiró aliviado, a medio camino de voltear. Pero tras su cabeza, sintió el aire bruscamente atravesar su cabello. El árbol crujía, con su corteza rechinando junto al metal. El chico llevó su mano tras su nuca, y con su palma logró aferrarse a una fría y delgada superficie; era la aguja del extractor, que por pocos centímetros pudo haberle agujerado el cráneo.
Teru podía verlo entre las sombras, eran los ojos que le querían otorgar la muerte. La bestia desatoró la aguja de la máquina, y se hundió lentamente en las sombras para no ser visto jamás. El chico estaba helado, en completo shock. Intentó buscar a su compañero para pedir apoyo, pero lo encontró en el piso, sujetando sus oídos y ahogándose con el aire.
-La sangre lloverá... La sangre lloverá
Decía sintiendo sobre su cabeza el leve gotear de un líquido morado. Era sangre de demonio que se derramaba del árbol, al son del tiempo que alertaba su fin.
-La sangre lloverá, la sangre lloverá, la sangre lloverá, la sangre lloverá, la sangre lloverá, la sangre lloverá, la sangre lloverá, la sangre lloverá, la sangre lloverá, la sangre lloverá...
Se despertó de su trance, tomó los hombros de Teru, y con su voz quebradiza le contó todo:
-¡Nick se está intentando comunicar con Arzon! Ese imbécil está obsesionado con su leyenda, ¡obsesionado te digo! Habla día y noche sobre él. Algo está tramando, algo quiere hacer o algo ya hizo, porque esa cosa, esa maldita cosa no era tu amigo... Esa cosa no es un demonio. Debes correr por tu vida ¡Ahora!
Teru estaba abrumado, había experimentado una pizca de la muerte y ahora debía cargar con más información.
-¿Arzon?- El chico creía recordar ese nombre de algo que le contó Nick.
-¿¡Es que no lo ves!?.- J empujó a Teru, dejándolo caer al suelo -Todo a nuestro alrededor está sangrando, ¡Es un presagio, un augurio! Él está llegando, viene por nosotros.
El chico no podía lidiar con tanto, una gran revelación se había presentado frente a él. Aquel compañero que creyó tan puro y leal solo estaba jugándole una trampa.
-¿Habrá sido todo falso...?- Se decía a si mismo con el corazón en las manos, sabiendo que la respuesta que obtendría sería dolorosa.
Ahora todo estaba tomando forma dentro de su cabeza. Podía dudar de si mismo, pero dos testimonios eran mas fuertes que uno. Su instinto de Guerrero de la humanidad no atinó a otra opción que conseguir refuerzos para atraparlo e interrogarlo. La verdad tras todo su plan debía salir a la luz:
-Debemos advertirle al jefe... Hay que detener a Nick.- Dijo Teru invadido por la seriedad.
-¡Oh, no! ni loco volveré a ese horrible lugar... Yo renuncio.- J se cruzaba de brazos ante la idea.
-¿Pero qué hay del resto de la organización? Están en peligro. Nick le ha entregado una máquina potencialmente peligrosa a alguien más, y ya pudimos ver un poco de lo que hacía con ella.
-¿De qué organización hablas, niño? ¡Nosotros somos el resto de la organización! Literal no hay nadie más que nosotros cuatro ahí. Y ahora solo eres tú, y el señor George.
-J, sé que tienes miedo pero no puedo hacer frente a Nick yo solo. Juntos podemos lograr algo, aunque sea algo pequeño.
-¿Y que nos asegura que el jefe también esté de su lado? ¡El contrató a Nick, maldita sea! Escúchame, ahora solo tienes un trabajo. Y como defensor de rango superior al tuyo, te ordeno que corras. ¡Vete, escapa, sálvate tú!
-¡No! debo salvar a mi amiga primero. Tú no lo entenderías- Dijo fríamente mientras emprendía su retirada. J extendió su mano intentando detenerlo, pero ya era muy tarde. Teru estaba fuera de su alcance.
-¡¡Estás loco, Miller!!- Gritó el ninja a la distancia, esperando a que el chico volteara. Pero no lo hizo, solo avanzó y avanzó hasta que la oscuridad del bosque se lo comió.
Pasara lo que pasara, J sentía que lo que sucedería en el futuro desembocaría en un evento catastrófico.
-Capítulo 29: Secretos del bosque-
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