CAPÍTULO 28

Mientras el manto de la noche se extendía sobre el cielo, Greg merodeaba solitario por los escombros de la sala de armas. Solo seguían en pie algunos muebles, barriles y cajas luego del derrumbe. Había vuelto de encontrar un poco de comida; unas bayas silvestres. Aburrido, tomaba las rocas y las lanzaba desganado contra la muralla como si fueran balones. El techo entero se había roto, transformándose en un enorme tragaluz. 

El demonio veía la luna y las estrellas, pero no le provocaban nada. Se decía a si mismo que el tiempo se estaba acabando, obligándose a sí mismo a seguir andando. Se dirigió al gran mueble en el costado de la sala. A la altura de sus pies estaba el estante que ocultaba su mochila. 

La madera del mueble estaba astillada, rota y golpeada por los escombros. Aun así, la mochila estaba intacta. Greg la tomó, guardó sus bayas y se alistó para partir nuevamente. Pero notó que algo más se estaba escondiendo allí; lo recordaba, era el pequeño tubo con el líquido azulado. El demonio lo contempló una vez más. Sus brillos eran tan idénticos a las estrellas que con curiosidad los comparó lado a lado.

-Creo que ya no necesitaré esto.- Se decía a sí mismo.

Estaba a punto de estrellar el cristal contra el suelo, cuando sintió las pisadas de alguien a la lejanía. Por precaución guardó el tubo en sus bolsillos, y se levantó rápidamente para pensar su siguiente movimiento.

En la destrozada entrada del salón le esperaba la silueta de un demonio. La oscuridad de la noche y las sombras no le permitían descifrar quien era, pero este parecía conocer a Greg a la perfección.

-Comandante Gregorio. No creí que lo encontraría aquí.

-...¿Un niño?- Decía el demonio concluyendo por su voz.

-Qué situación más deplorable la suya. Creí que usted era uno de los más grandes en el mundo sombra, y mírese ahora.

-¿Qué quieres? Vete a casa, no tengo tiempo para firmas.

Nick no dudó en presumir ante Greg la alargada aguja de su arma. La sostenía bajo su cuello, mientras el demonio intentaba examinar la situación.

-No quiero su reconocimiento, comandante.

Nick había avanzado hacia el con una velocidad que se le hacía ridícula; no sintió ninguno de sus pasos. Veía que cargaba el arma con un solo brazo, con su garra atravesándola a través de una manga metálica. Y ante la luz de las estrellas se dieron a relucir sus cuatro pares de cuernos. Un par se enroscaban sobre sus orejas, mientras que los otros crecían por sobre su cabeza.

-¿Quien...? ¿Cómo...?- Greg se había llenado de preguntas.

-¿Hablas de esto?- Decía el demonio mirando el aparato en su mano. -Hice más que repararla, la perfeccioné. Creo que no eres muy bueno estropeando cacharros.

-Ahórrate el monologo. ¿De qué lado estás? ¿Vienes de parte del maestro? ¿Del anillo? ¿o...?

-Es un secreto.

-Claro, debí suponerlo... ¿También quieres acabar conmigo? Todos quieren hacerlo, pero todos han fallado. ¿Tienes algo nuevo que ofrecer, muchacho?

-Claro que sí, pero es muy pronto para eso, Greg. Siento un aura muy extraña en este lugar; y creo que proviene de ti. ¿Vas a mostrarme lo que escondes? ¿O tendré que obligarte a escupirlo?

 Greg se levantaba estirando sus músculos y tronando sus huesos, estaba dispuesto a guardar silencio.

-Entonces que así sea.

Nick con un chasquido, encerró la sala en un domo de oscuridad. Intentó rápidamente clavar el arma en el cuello de Greg. Pero este desvío la aguja con el filo de su espada. Lanzó estocadas al aire, todas esquivadas por Nick. Irritado, se abalanzó contra él para golpearlo, pero el demonio de los cuatro cuernos sujetó firmemente su garra.

Torció su brazo a un lado, y pateó el hueco tras su rodilla. Cayó sobre estas débilmente ante la parálisis, con su espada resbalando ante el temblor de sus dedos. Estaba totalmente expuesto y ante el control de Nick. Este intentó apuñalarlo por segunda vez, pero Greg se sujetó de la aguja con su garra vacía.

Con fuerza y levantándose rápidamente, Greg azotó su cabeza y cuernos contra el estómago del demonio. Nick fue lanzado por el aire, cayendo sobre una pila de escombros rocosos

Reveló sus enormes ojos de serpiente, y sobre la montaña, escupió un aliento de neblina que envolvió a Greg. Dentro de esta, escuchó los llamados de su esposa y su hija pequeña. Se estaban acercando, podía ver sus cuerpos tomar forma. Pero esta vez, él ya no estaba dispuesto a caer en sus trampas. Tomó la espada entre sus manos, y de un corte giratorio disipó la niebla.

Nick desechando su arma a un lado, se deslizó por la colina mientras afilaba sus garras. Chispas saltaban entre los choques de sus uñas y la katana. Tres topadas tuvieron uno contra el otro, avanzando y retrocediendo al mismo ritmo.

Un movimiento en falso le costó a Greg un profundo rasguño sobre su pechera. El demonio estaba sin palabras, pues Nick no parecía estar adolorido. Sus filos chocaron una vez más, hasta que la presión de sus fuerzas los forzó a separarse.

Nick pudo notar cerca de él los barriles intactos del derrumbe. Lanzó uno contra el demonio, pero Greg de un limpio y simple corte partió el objeto en dos. Silenciosamente comenzó a avanzar.

Le aventó cajas, escombros y más barriles. Pero el demonio con cada corte lograba acercarse más. Nick se estaba alterando, ya no le quedaban opciones. Y sin siquiera notarlo, se topó frente a frente con Greg, quien de un corte horizontal lo partió en dos.

Este creyó haber ganado. Sin embargo, al tocar tierra, el cuerpo se disipó en humo. Con sus ojos buscó al demonio por toda la sala, pero el domo oscuro se estaba cerrando sobre él. Ya no podía ver ni la punta de su nariz. De repente, tras sus espaldas pudo sentir como algo sujetaba del cuello de su capa. Sus pies se despegaron del suelo, siendo levantado por los aires por una fuerza descomunal; era Nick, quien con brusquedad lo estrelló de cara contra las rocas.

No estando satisfecho con su acto, lo lanzó rodando contra el mueble donde escondió su mochila.

El demonio estaba adolorido con su rostro rasgado y sucio. Veía como su armadura comenzaba a abollarse y romper. Restos de madera, astillas y vidrio cayeron sobre el cómo granizo, mientras el domo se levantaba presentando a Nick, quien se aproximaba con una expresión furiosa.

Greg de entre los escombros, pudo notar una destrozada tabla de madera. Su contrincante no perdió el tiempo y se abalanzó a atacarlo una vez más, pero sus garras se atascaron en el leño que estaba usando como un escudo. De una patada, Greg le devolvió la trampa hacia su rostro.

Nick estaba aturdido y lleno de astillas. Greg supo que era su oportunidad de contraatacar. Tomó su mochila y la colocó sobre la cabeza de su contrincante. La ajustó, y la golpeó tal saco de boxear. Tras múltiples golpes, una patada bastó para hacer retroceder al demonio fuera de su alcance.

Este rasgó el saco con sus garras, liberando su rostro empapado en vallas silvestres. Nick estaba cegado, y al limpiar sus ojos de la mermelada vio a Greg aproximándose hacia él. El demonio se preparaba para su golpe de gracia, corriendo con su espada en manos.

Ágilmente, el demonio esquivó el ataque. Pero su prisa le costó uno de sus cuernos, el cual se deslizó por el suelo lejos del combate. Nick tomó de la garra que seguía sobre su hombro. En un juego de fuerzas, le obligó a empuñar su arma a un costado, y de una patada la destruyó.

El metal entonó su última melodía en una lluvia de brillos y reflejos rotos. El comandante, anonadado, intentó recoger algunos de los pedazos con completa incredulidad. No sabía que haría con ellos o como podría restaurar su forma.

A la lejanía, un clon de Nick traía entre manos la máquina de la aguja gigante. El demonio original la recibió mientras se la colocaba en su brazo. Greg ya no tenía un arma, pensó que tendría que recurrir a sus garras. Puso sus ojos de vuelta en el combate, pero su mano fue estampada contra el suelo por el pie del demonio.

Nick había sobrepasado su límite, y presionó con furia la muñeca de Greg. Gritaba del dolor mientras la armadura se doblaba sobre su piel, pinchándole.  El demonio se agachó para estrangularlo, mientras preparaba la trayectoria de la aguja.

-Esto se acaba ahora.- La voz de Nick empezaba a cambiar levemente.

La aguja estaba cayendo sobre él. El demonio buscó entre sus bolsillos lo que había recogido; la punta de su espada rota. El metal estaba a centímetros de perforar su pechera, y los reflejos de Greg se agudizaban para el contraataque. Entre el silencio total, escuchó la punta del aparato resonar contra su armadura; era la señal que estaba esperando. 

Hábilmente clavó el trozo de su espada en la máquina, haciéndola expulsar chispas y humo. Nick retrocedió, soltando a Greg y su cuchilla en el proceso. El demonio no perdió el tiempo; preparo su daga para el ataque, se levantó sobre sus dos pies, y apuñaló a su oponente en el pecho.

El demonio jadeó del dolor mientras intentaba atrapar su aliento. Greg se mantenía firme mientras esperaba la caída de su enemigo; pero toda la secuencia no se estaba desarrollando como esperaba.

Nick dolía, pero no sangraba. No se debilitaba ni pensaba parar. El cuerno roto sobre su cabeza estaba murmurando una ligera canción con el viento. Greg lo observó a detalle; estaba hueco, como una crisálida seca. Y sobre los hombros de su contrincante, lo vio deshacerse en una estela de polvo gris.

La confusión  de Greg fue empujada hacia el fondo de sus prioridades, pues el cuerpo de Nick estaba empezando a emitir un calor sofocante. Su chaleco ardió en llamas, con la espada siendo absorbida entre el magma de su piel agrietada.

-Tú... ¿¡Tienes más de un poder?!- El orgullo de Greg le impedía sentir miedo

-Te encanta hacer preguntas. Además, preguntas tontas.

El torso de Nick adquirió todo el metal derretido. Dejó caer su arma y transformó sus garras en gigantescas manos de roca volcánica. Sabía que la única forma de quitar el aura de Greg, era despojarlo de su consciencia primero.

Sin ninguna intromisión azotó al demonio de diestra a siniestra. Los golpes de roca hacían que la armadura de Greg ardiera. Pensó que si se la quitaba, se expondría a sus ataques aun más. A pesar de ver el metal doblarse y ablandarse, mantuvo la pechera sobre su cuerpo.

Los golpes no pararon, se volvían más fuertes por cada impacto. El domo de oscuridad se empezaba a cerrar sobre ambos, intensificando cada vez más el calor. Greg creyó poder resistirlo, pero su cuerpo se agotaba.

Ante el último impacto, cayó arrodillado del cansancio. Su armadura se había quemado tanto que se quería derretir sobre su malla. El domo volvió a revelar el resto del salón, liberando el calor de los hombros del demonio.

En ese momento los puños de Nick tomaron una nueva forma. Se destensaron, transformando la roca en una densa masa de plata. Sus manos se volvieron redondas, gigantes y picudas. Cayeron al suelo agrietándolo severamente.

Forzó a sus brazos a cargar aquellas mazas sobre él, y lentamente estas se empezaron a levantar. Greg estaba aturdido, mareado y perdiendo la consciencia. Ambos demonios sabían que si no se movía en ese momento, la batalla habría terminado.

El comandante no tenía esperanzas de ganar, hasta que recordó que cargaba algo más en su arsenal. Revisó rápidamente sus bolsillos, mientras la sombra sobre su cabeza se alejaba gradualmente. Encontró lo que buscaba, pero ahora estaba en miles de pedazos; el tubo del líquido azulado. 

Se había reventado sobre la tela de su bolsillo, y los cristales no cargaban más que con unas gotas que ahora caían al suelo. El brebaje estaba siendo desperdiciado, y Nick ya había tomado suficiente fuerza. Estaba listo, y a pesar de la rigidez, el temblor y el dolor de sus brazos, procedió con su ataque.

Greg levantó su mano por sobre su boca, esperando que alguna gota fuera derramada por su palma. Las mazas estaban cruzando la mitad de su arco, y la última gota del elíxir tardaba demasiado en caer. El sudor corría por su cara, su corazón latía con la fuerza de un tambor, y todo pensamiento o idea se estaba tornando blanco.

Las mazas estaban a punto de caer sobre Greg, y también lo estaba la última gota de los cristales. Una densa nube de polvo se levantó por la sala; el impacto del metal había destruido gran parte del suelo. Nick estaba adolorido por sus brazos acalambrados, y al disipar la niebla no pudo encontrar ni un rastro de Greg.

Se acercó un poco más a la escena, pues pudo notar un color particular salpicado sobre los escombros del suelo; manchas azules. Nick sabía lo que significaban, y al voltear a sus espaldas, pudo ver al demonio intacto de su ataque.

-¿¡Pero cómo-?!- La verdadera voz de Nick quería escapar.

-Ah, también te gustan las preguntas. ¿Qué te parece si eso mejor me lo dejas a mí?- Decía Greg listo para presumir su nuevo poder.

Pero antes de poder continuar, ambos demonios se vieron interrumpidos por un fuerte retumbar. El domo de Nick se disipó de la sorpresa, pues el suelo bajo sus pies empezó a temblar junto a las rocas y escombros del lugar. El cráter que ahora había en el suelo estaba esparciendo sus grietas. Se estiraron por toda la sala, las paredes y el techo.

Sentían como una fuerte presión quería arrastrarlos bajo tierra, pero tan pronto como inició, se detuvo. Todo se había vuelto silencioso, para la inquietud de los demonios. Tenían el presentimiento de que lo peor estaba por ocurrir.

Atentamente, lo escucharon; uno de los ladrillos se desprendió del cráter, y cayó a través de él. Notaron que su caída no tuvo ningún sonido. Ambos tragaron saliva, rindiéndose en siquiera intentar contar los segundos de profundidad.

Las grietas del suelo estallaron en polvo, separándose y dejándose caer al enorme socavón que esperaba bajo el salón. Greg observaba como el cielo, la luna y las estrellas cada vez se volvían más pequeñas, deseando poder verlas como eran antes.

Y entre la luz de los astros y los escombros flotantes, se asomaba la sombra de su incansable contrincante.

Los brazos de Nick estaban cambiando forma nuevamente; se habían vuelto un par de filosos y alargados sables. Se impulsó en picada a atacarlo, y Greg respondió con la armadura de sus brazos. Pudo retener los sables, pero no pudo por demasiado tiempo. El metal derretido y malogrado ya no aguantaba más, y se quebró frente a sus propios ojos. La aguja pasó por sobre su hombro, fallando el ataque.

El comandante debía pensar en un nuevo plan, mientras pateaba al demonio lejos de su espacio. Sin embargo, Nick no pensaba dejarlo ir tan pronto. Como si se tratara de un truco de magia, desapareció en un destello de luz. 

Greg no tuvo tiempo de reaccionar, pues unas garras le retuvieron por la espalda. Nick había reaparecido detrás de él, con el plan de estrellarlo contra el suelo del socavón. El comandante no estaba angustiado, pues con sus nuevos poderes en mano sabía que tenía todo bajo control. Cerró sus parpados, respiró hondo, y encendió sus pupilas en una potente luz azul.

Todo a su alrededor se congelaba: los escombros, las ráfagas del viento, y sus movimientos entre los mechones de los demonios. Greg liberó sus brazos de las garras de Nick. Entre el aire ralentizado volteó su cuerpo para desplegar un sin fin de puños y patadas a sobre el demonio.

El viento perforado se abría como anillos sobre el cuerpo de su oponente. Y en un santiamén, los alrededores de Greg recobraron su velocidad original. La presión del aire se propulsó encima del demonio tal lluvia de ira. El impacto final lo propulsó lejos, a solo unos cabellos de chocar contra las paredes del hueco.

Pero Nick logró desvanecerse antes de tiempo. En unos pocos segundos reapareció sobre Greg, alzando su gigantesca maza de acero. La sorpresa le impidió al demonio tener una reacción, dejando así que la maza se estrellara contra su cuerpo. La malograda pechera de Greg finalmente se había destruido dejando ir consigo su capa. Ahora el comandante era únicamente protegido por su malla de hierro.

El golpe empujó a Greg con mayor velocidad contra el suelo. La colisión parecía ser inminente, y este parecía estar esperándola, pues dentro de su mente calculaba cuando sería el momento indicado de su siguiente maniobra. Nick lo observaba cayendo bajo sus narices, aceptando su victoria. 

A tan solo dos pies de tocar el suelo, Greg reencendió las llamas de su poder. Hábilmente se giró de cabeza para alcanzar la tierra con sus garras. Se apoyó, flexionó, y apagó lentamente sus poderes.

Sus alrededores recobraron su velocidad normal, y Greg se estiró planeando por sobre el suelo. Intentó recuperar la postura, pero tropezó rodando por la tierra. Una nube de polvo se alzaba, mientras Nick se teletransportaba a tierra firme sano y salvo. Entre ambos, cayó clavada la máquina de la aguja gigante. La pelea había tomado una ligera pausa, era hora del interrogatorio:

-Lo sabía... Con que eso escondías, un frasco de poder.- Dijo Nick.

-Ya tienes tu respuesta, yo también quiero las mías.- Decía Greg tosiendo y temblando de los calambres -Habla ¿Dónde estamos ahora?

-Las minas. Desde aquí el anillo sacaba los recursos para los repuestos de su máquina.

-"Mi" maquina.- Greg comenzaba a caminar rodeando el arma.

-No pelees por las regalías ahora, no van a salvarte.- Nick le copiaba el paso en sentido contrario.

-Encárgate de salvarle el trasero a tu jefe. Ese imbécil cambió mi acuerdo con él.

-El acuerdo sigue intacto, comandante.

-Intentaron matarme, él y sus angelitos armados lo intentaron.

-Intentábamos hacer todo el espectáculo real para la niña. Solo así no sospecharía nada de usted y la capturaríamos sin problemas. 

-Ahh... ¿Conque si trabajas para el anillo? Bien, solo déjame hablar con tu jefe y prometo no romperte ni un hueso.

-Que arrogante eres.- Nick se estaba empezando a molestar.

-Ajá, ¿y qué hay de ti?

-¿De mí? Yo soy un ser superior; más que un demonio. Creo que de verdad tienes un serio problema con las preguntas obvias.

La charla había finalizado para Nick, debía alcanzar la maquina antes que Greg. Espejismos del demonio empezaron a desplegarse de su cuerpo girando al rededor del comandante. A la señal, se lanzaron todos contra él. Pero Greg había activado su súper velocidad como maniobra de huida.

Se abrió paso con fuerza bruta entre el anillo de clones, ignoró la máquina y corrió directamente hacia Nick. La velocidad seguía congelando sus alrededores, y Greg estaba listo para plantar su puño en el rostro del demonio. Pero aquel movimiento se volvió su peor imprevisto.

El corazón de Greg había dado un fuerte golpe contra su pecho. Se sacudió dentro de él, y emitió unos fuertes rayos de luz que lograron escapar a través de su piel. Greg perdió la concentración con el pecho resplandeciente en sus manos. La velocidad del entorno había vuelto a la normalidad, con Nick presenciando el acto en completa calma. Sacudió la cabeza con decepción mientras preparaba su siguiente ataque.

Dos nuevos clones aparecieron frente a él. Golpearon su rostro, patearon su estómago y piernas, dejándolo de rodillas. Insatisfechos lo empujaron contra el piso, agarraron del cuello de su malla y lo arrastraron corriendo por la tierra. Arrasó contra rocas y escombros, hasta ser lanzado contra el muro por la velocidad. Greg cayó sobre sus garras, mientras presionaba a su cuerpo a continuar luchando. En el otro extremo del socavón, Nick parecía tener un nuevo plan entre manos.

Reclamó el control de la maquina una vez más, y con sus poderes ilusorios nubló la visión del demonio. Greg no podía ver más que la completa oscuridad, donde brillaron unos enormes ojos de serpiente. Se aproximaban moviéndose en todas direcciones y velocidades, hasta que se vio acorralado. 

-¿Tu nuevo poder te está dando problemas, Greg?- La voz de Nick se había distorsionado.

El comandante intentó usar sus poderes nuevamente, pero no parecían querer funcionar. Emprendió una retirada pensando que no tendría una chance de ganar, al menos no en esta posición. Debía hallar la forma de derrotarlo y revelar su verdadera forma. Filosas lanzas se alzaban desde la tierra, geiseres de magma estallaban en furia, y Greg solo deseaba que toda esta locura acabara.

Miró sobre su hombro intentando conectar con los ojos de la serpiente, pero no encontró nada más que el profundo abismo. De tanta prisa, tropezó sobre sus propias pisadas y cayó. Sintió sobre sus piernas lo que parecía ser un frio puente de acero, con su cabeza golpeando una dura superficie.

Estaba desorientado, y había logrado escapar exitosamente del domo oscuro. Se encontraba en uno de los túneles de la mina abandonada, con una vagoneta aboyada por su cabeza. El ducto terroso era iluminado débilmente por unas hileras de candiles. Estaban viejos y deteriorados; pero el calor dentro de ellos no parecía poder extinguirse.

Nick acarreaba la aguja de su máquina por sobre los rieles, emitiendo una tétrica melodía que alertó a Greg. Este esperó firmemente para enfrentarlo, mientras el sonido del metal crecía más y más. La luz de los candiles parecía debilitarse, parpadeando y temblando ante la presencia del misterioso ser.

Y en tal solo un momento la melodía se detuvo, junto a las luces que dejaron de parpadear. Eran solo Greg, el demonio entre las sombras, y el silbido mortal del viento.

Rápidamente, Nick saltó desde las sombras cargando la maquina sobre su garra. Greg, tras esquivar el ataque, dejó la aguja atravesada en la vagoneta. Aprovechó el momento de debilidad de su contrincante para tomar de su cabeza por la nuca, e impactarla contra la vagoneta. Otro cuerno más se había roto, Greg pudo oírlo claramente.

Con Nick aturdido en el suelo, Greg empujó del carrito para irse lejos. Los viejos rieles lo sacudieron y lo marearon, con los candiles apagándose a medida que ingresaba a mayor profundidad. Desatoró la máquina de la vagoneta y la mantuvo resguardada dentro de ella. A pesar de haberse vuelto un arma mortal, el demonio sentía tristeza al ver aquel aparato transformado en lo que era ahora. Amargas memorias invadían su cabeza mientras la temperatura bajaba, y el viento se volvía más brusco.

Aquel cambio fue un fatídico predicamento, un perforante rugido azotó por todo el cañón hasta los oídos del demonio. El ligero cantar de los rieles se estaba transformando en desgarradores gritos de metal.

El túnel estaba retumbando y las luces se habían ido por completo. Tras el demonio, unas fuertes pero rápidas pisadas eran acompañadas por dos estelas de luz roja; los ojos de la bestia. Greg no sabía que era lo que observaba, pues la oscuridad se había encargado de ocultar la monstruosa forma de Nick.

El comandante intentó sujetar el arma a través de la manga metálica, pero dentro la temperatura era insoportable. La extrajo rápidamente presenciando lo roja que había quedado su piel.

Los ojos de la criatura se levantaban frente a Greg, emanando un bestial aliento sobre él. El demonio disparó sus ojos a todas direcciones, buscando algo que le ayudara a salir de la situación. Bajo su nariz pudo encontrar una picota oxidada, si lograba aturdir a Nick podría ganar tiempo. Sin embargo, no la quería recoger todavía. Alertar al monstruo sería un movimiento que lamentaría.

Ambos demonios se miraron a los ojos en un duelo, esperando alguna reacción de cada uno. Nick empezaba a impacientarse, cada vez respirando más bruscamente. Greg hacía lo mejor que podía por mantenerse firme, mientras la ansiedad por tomar la picota le ganaba.

La criatura no quiso perder más tiempo y atacó; con sus mandíbulas abiertas se dirigió directo a la vagoneta. El comandante reconoció esto como su señal; agarró la picota y con ella golpeó la cabeza del demonio. Este retrocedió aturdido, chillando del dolor. Greg, cansado de sus rugidos, lanzó como una daga la picota al interior de su boca.

La bestia nauseaba con ahogos y tosidas, mientras el demonio lograba escapar lejos hacia la oscuridad. A medida que la vagoneta avanzaba, más a la lejanía podía ver su siguiente destino. La salida del túnel parecía dirigir hacia un nuevo cañón, una gran grieta rocosa cubierta por el fino manto de la tierra. Greg suspiraba del alivio, pero este duro muy poco al notar que las vías no continuaban más allá de la salida; una caída asegurada.

El comandante estaba aterrado, abriendo sus garras para clavarlas contra las vías. Sus uñas cortaron el metal, pero de paso también se dañaban a sí mismas. No era efectivo, no tenía la suficiente fuerza para frenar la vagoneta, y su cuerpo le negaba volver a utilizar sus poderes de velocidad.

Se aproximaba a su conclusión, ya no había forma de salvarse. Y entonces, la sombra del misterioso ser hizo presencia. Este paró frente al fin de la vía con su cuerpo de vuelta a la normalidad. Su brazo de acero derretido construía una nueva forma: un martillo gigante.

Greg no podía hacer más que tomar resguardo y esperar la colisión.

Nick golpeó el carrito con una potencia tan grande que lanzó al comandante por los aires. Ahora eran solo él, la máquina, el gran cañón y una caída inevitable. Una emboscada de clones saltaba contra él. Querían retenerlo, pero ninguno lograba atraparlo, hasta que el verdadero Nick se propulsó a la escena.

Lo sujetó bruscamente, reteniéndolo para caer junto a él. Greg intentó pelear una vez más, pero era inútil. No había escapatoria. En la desesperación había notado que el cuerno que le había roto era un cuerno genuino; una de sus dos astas. La piel de Nick se pelaba, revelando bajo su ojo marcas de color púrpura. Si iba a morir, Greg tenía una última pregunta:

-¿¡Que eres!?

-Creí que fui muy claro sobre eso. Soy un ser superior...- La verdadera voz de Nick estaba tomando forma.

El comandante miraba que era lo que le esperaba bajo sus pies, solo tierra, escombros y roca.

-Tranquilo, no es una caída muy grande. Vivirás, por ahora.- La voz de Nick dejó su estado de distorsión, entrando a uno completamente susurrante, rasposo y ominoso. Sonreía y reía totalmente burlesco. Greg estaba sin aliento, era esa voz.

El encuentro no tardó demasiado en ser estropeado. La caída de ambos demonios levantó una gran y silenciosa nube de polvo en el cañón. Escombros de roca y tierra volaron por los aires. Nadie supo nada, nadie hoyó nada. La máquina caía sobre ellos esperando su próximo destino, perforando la nube como el ojo de un huracán.

Greg había perdido la batalla, miraba al cielo como una estrella ensangrentada en tierra, sintiendo como su orgullo había sido pisoteado. Ahora, había perdido ambos cuernos. Aún respiraba, pero podía sentir como en cualquier momento iba a desfallecer. Obligó a su cuerpo a moverse, pero este ya había excedido todos sus parámetros fisiológicos. La coraza sobre su piel no pudo protegerlo de las inminentes lesiones que le provocaría la caída. Era tal como Nick le había dicho: iba a sobrevivir. Pero al paso al que iba, quizá no por mucho.

Nick recuperó su postura mientras tosía el polvo fuera de su sistema. Tuvo una caída intacta, sin rasguños ni fracturas. Uno de sus espejismos logró atrapar la máquina que caía sobre él. Se acercó cargándola a su disposición, en caso de necesitarla. El comandante intentó levantarse, pero las fracturas sobre su espalda se lo impedían. Su pecho brilló una vez más, con los giros y pataletas de un corazón frustrado. Nick estaba deleitado ante tal espectáculo.

-No, no... Quédate ahí. Estás acabado, solo acéptalo.- Decía el ser sonriendo con malicia -Eres muy obstinado ¿Cuándo aprenderás?

Nick observaba fijamente como el brillo de su cuerpo se apagaba entre destellos intermitentes, hasta extinguirse. La paz reinó una vez más sobre el corazón de Greg, lo podía ver en su rostro ya tranquilo. El espejismo que cargaba la maquina miró hacia un lado, decepcionado, pero Nick se mantenía sarcástico y risueño.

-Desperdiciaste un buen poder. Tanta persecución para nada, creo que ahora el extractor es inútil.- Dijo mientras ordenaba al clon dejar su arma de lado -Pero es una divertida situación. El comandante favorito de todo el mundo sombra está a punto de caer ante mi merced... Esto es todo lo que siempre he soñado.- El ser reía de la alegría y la ansiedad. -Es una completa lástima que tu querido maestro no esté aquí para ayudarte ahora.

-Ese maldito... ¡Ese maldito me odiaba!

-¿Y cómo no iba a hacerlo?... Por encima de todo tu historial de conflictos y fracasos con él, desapareciste del trabajo varios días, te llevaste contigo su documento más importante, y te "aliaste" con la niña. Todo solo por perseguir a un fantasma que "quizá ni siquiera existe"... Era obvio que su confianza en ti se desmoronaría.

-Ya no entiendo nada... ¿Para quien mierda trabajas? ¿Todo esto fue planeado?...- Decía Greg interrumpido por su tos.

-Por supuesto que lo fue, creo que a tus agonizantes neuronas les tomó tiempo asimilarlo.

-Que importa, ese imbécil ya no puede hacer nada por mi.

-¿Hm?.- El ser de las sombras no parecía comprender -¿Qué pasó? ¿Tuvieron una pelea?- Pero aun así, intentaba actuar como un bufón.

-Si...- Greg no pensaba en ahondar demasiado, pero sobre su cabeza una bombilla de luz brilló una vez más.

-Claro, peleamos. De la forma más literal que puedes imaginarte. Fue un encuentro un tanto violento.

-Jo, no me sorprende. Siempre has actuado como un animal. ¿Y qué tal? ¿Disfrutaste tu derrota también?

-Oh no, yo no fui derrotado. Pero él sí.

-¿De qué hablas?- La expresión de Nick cambio abruptamente. -Él no podría perder contra ti, es mucho más fuerte y hábil.

-Claro que pudo. Él es rápido, pero no lo suficiente. Quizá ahora sea un criminal en el mundo sombra, pero al fin logré lo que tanto he esperado todos estos años... 

-¿Que intentas decir?...

-Mi lado del acuerdo también pasó por un pequeño cambio de último minuto. 

-Ja, ¿En serio quieres que yo te crea eso?- La sonrisa burlesca de Nick se transforma en incertidumbre al pensar que quizá, pero tan solo quizá, aquellos dichos eran reales.

-¿Tengo razones para mentirte? Tú sabes que detestaba a ese infeliz.

-¡Tu no podrías-!

-Fue en el cuello, a la altura del constrictor inferior; su mayor debilidad. Si no lo mató el desangrado, lo habrá hecho el corte final.

-¿Constrictor inferior?... No, es mentira... 

 -Está muerto, y todo es gracias a mí.

-No... ¡No!- La faceta de Nick se quebraba fragmento por fragmento -¡Eso es imposible!

-Niega todo lo que quieras, pero fui su mano derecha por años. Se todo acerca de él, incluso sus puntos más débiles.

-¡Cállate! Debiste haberlo averiguado por alguien más... No puedo creerlo ¡No puedo creer que le hayas hecho eso al maestro! después de todo lo que hizo por ti.

-¿¡Con que osadía me lo dices tú!?… ahora suéltalo todo ¿Cuál era el acuerdo original?

-Ok, te contaré...- Nick se sentía confundido entre la pena y el escepticismo. Con total discreción, moldeó la forma de sus brazos una vez más tras sus espaldas.

-El acuerdo consistía en que capturaría al ¿comandante más inepto de los pelotones del maestro, y a su hija. Le quería hacer un favor al tipo. Y ahora...- Los brazos de Nick se transformaban en sables de acero -Él ya no está.

-¿Por qué tuve que ser yo?- Greg estaba cansado, y confundido por toda la situación.

-Porque tú eres la única persona capaz de lidiar con Tamara, por la fuerza. Pero quizá ahora tengo una oportunidad, ya que ahora has encontrado al extractor por mí. Todo será mil veces más fácil.

-La niña está perdida y lejos de mi control. 

-No por mucho. Mis sentidos pueden percibirla cerca de aquí. Parece estar en un pueblo, la interceptaré eventualmente.

-¿Eventualmente? Estamos donde la organización quiere, ¿Por qué no terminas esto de una vez?

-Ya no hace falta. Haz jugado con fuego, así que disfrutaré torturándolos un poco más... Quiero que todo el mundo humano y sombra presencie tu derrota ante mi. El maestro también lo verá, y solo lo hará si me dices lo que necesito.

El ser reveló de sus espaldas sus brazos armados, y apuntó uno de sus sables sobre el rostro de Greg. No pensaba resignarse.

-¿Dónde está el cuerpo?

-...No creas que te contaré eso.

La paciencia de "Nick" empezaba a quebrarse. El sable de acero lentamente aumentaba su temperatura.

-No tienes derecho a una opción. Dime donde está.

-He dicho que no diré nada.

-¡Habla!

-Jamás.

Las espadas habían elevado tanto su calor que fueron recubiertas en magma y piedra volcánica. El ser estaba al borde de un ataque de cólera.

-¿¡No le temes a la muerte!? ¡No estoy bromeando, habla!

-¿Eres capaz de matarme? Pruébalo.

-¿Cómo te atreves? ¿Tienes idea de quién soy?

-Claro que lo sé. Sé lo que eres y lo que siempre serás. Un completo asco de ser viviente.

-...¿Qué?

Nick quedó petrificado al oír esa particular secuencia de palabras. Le recordaban a sucesos y personas que decidía mantener enterradas en lo más recóndito de su mente. Las voces lo llamaron, mientras las escenas se disparaban como luces sobre su rostro. La delgada fibra de su cordura se había roto por completo, estaba cegado por las memorias.

-...¿Asco?

Levantó sus espadas en el aire. Ya no quería concretar el acuerdo, y había olvidado por completo al maestro. Solo quería acabar con Greg de una vez por todas. Gritó con la rabia de un volcán en erupción, mientras dejaba caer los sables del juicio final. Se sentía decidido, pero aquella determinación estaba dominada por la adrenalina. Fatídicamente, su corazón revoloteó. Lanzó rayos de luz, deseando escapar de sus costillas. Fue una punzada mortal.

Nick cayó sobre sus rodillas, totalmente debilitado. Sus brazos perdieron la trayectoria, cayendo alrededor del demonio. Débilmente, se retrajeron y recuperaron su forma original.

-Maldición...- Él no quería creer lo que estaba sucediendo.

Greg se levantó quejumbroso de su posición. Cojeó, tambaleó y casi cayó sobre sus propios tropiezos, pero lo logró. A paso de tortuga, se alejó del demonio y toda la pelea, dejando un rastro de sangre tras él. Nick se sentía indignado. Transformó sus brazos en magma para atraparlo, pero su corazón solo brilló con más fuerza. Sus manos se volvieron ganchos, garfios y otros artilugios de captura, pero su corazón seguía brillando con un dolor inconmensurable. Y a medida que lo hacía, su piel se agrietaba a si misma en brillantes destellos de luz. 

El comandante solo siguió avanzando, con la expresión fría y sin mirar atrás. Nick se dio por vencido, era su fin. Recogió sus extremidades y miró al suelo, suspirando. Greg creyó oír al demonio llorar, y aun así no hizo más que avanzar. Pero esa pena no estaba más lejos de la verdad; Nick reía entre dientes, susurrante y esperanzado del siguiente paso de su plan.

-Bastante inteligente, comandante. Pero necesitarás más que eso para seguir escapando.

El demonio pretendía no oírlo, mientras se alejaba más y más. 

-No creas que te has deshecho de mi ¡Volveré! Y cuando lo haga, tú y esa niña estarán rogando ante mis pies. ¡Pronto lo verás! ¡¡Seré imparable!! 

Nick reía sin parar, como si el oxígeno no tuviera un efecto en él. Las grietas en su piel irradiaron un brillo y calor insoportables, pero el demonio solo seguía riendo. Reiría hasta el final de sus momentos, cumpliendo con sus principios. 

-La sangre lloverá, Greg. ¡La sangre lloverá!


La energía calórica dentro del demonio se liberó en una mortal explosión de fuego. El humo carbónico se levantó desenvolviéndose en robustas nubes anaranjadas. No había rastro de Nick, solo fuego y cenizas.

El plan de Greg había funcionado, pero la pelea estaba lejos de estar acabada. Deteniéndose sobre sus pies, se dignó a observar la gran explosión tras sus espaldas. Manteniendo su fría y cansada expresión, le dio su ultimátum:

-Te estaré esperando, Imbécil.


-Capítulo 28: El rostro del mal-

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