CAPITULO 21

Aquel cielo rojizo que rodeaba al chico ahora se tornaba oscuro como la noche. El interior del monstruo era frio y sombrío, además de húmedo. Aterrizando sobre tierra firme, invisible para los ojos de Robin y Greg, caminaron por lo que parecía ser un pasillo estrecho. No había sonidos, no había un final. Quizá esa estrechez no era más que una sensación. Todo parecía ser tan relativo dentro de la bestia. 

Robin sin pensarlo demasiado, simplemente corría sin rumbo por el vacío. Estaba dispuesto a encontrar a su amiga. Pero al demonio no le gustaba esa impulsividad.

-¿Al menos sabes por dónde ir?

-Debemos tomar todos los caminos posibles para encontrarla.

-¿Que caminos? ¡Aquí no hay nada!

Y como un mal chiste de la vida, afilados tentáculos aparecían desde sus costados para atacarlos. Robin a pesar de sus heridas, con agilidad evadía los tentáculos que desde la nada se disparaban, y en la misma nada se clavaban. 

Entorpecían el ritmo del chico, quien no sabía por cuanto tiempo más iba a poder esquivar los ataques. Sus pasos comenzaban a rendir frutos, cuando a la distante lejanía pudo ver una brillante luz verde emanar del suelo. 

-¡Parece ser un agujero, debemos ir allá!- Robin le indicaba al demonio sobre su espalda.

Los tentáculos clavados se recogían al ver el progreso del chico. En cambio, desde la oscuridad se dividieron y se amontonaron en filas. Robin nuevamente sintiendo algo aproximarse a sus costados, vio unas gigantescas murallas espinosas de carne acercarse. 

El agujero estaba cada vez más cerca, su luz brillaba con mayor intensidad. Robin apresuraba el paso junto a Nick, quienes estaban coordinados. 

Las paredes estaban por cerrarse ante él, y cuando llegó el momento de actuar, Robin saltó al vacío con las espinas atrapándose sobre sus espaldas. Su capa había sido capturada entre las espinas, y por el peso, se cortó. Dejando al chico en libertad.

Cayendo en un túnel rodeado por las brillantes luces verdes, Robin tocó tierra firme otra vez en cosa de segundos. Aquel lugar también era oscuro, las luces parecían provenir de otra parte del cuarto.

-Aguanta Tamara! estamos cerca.- Robin gritaba esperando que su amiga le oyera.

-Te voy a patear el trasero cuando salgamos de aquí, niña...- Greg no parecía estar muy feliz con toda la situación.

El chico sin ver por donde caminaba, casi cayó a lo que parecía ser un mar de líquido verde. Manteniendo el balance al borde de caerse, Greg lo empujó hacia atrás con su peso. Cayó sentado, y el demonio aprovechó la oportunidad para regañarlo.

-¡Fíjate, mocoso! casi nos matas.

Robin sobando su trasero del dolor, frente a él se topaba con plataformas que se alzaban ante aquel líquido. Nick desde las profundidades de su mente, le ayudó a intuir que se trataba de un lago de ácido. 

El chico tomando precaución, dio el primer salto. Tocó sano y salvo una de las plataformas. Saltaba una tras otra. Y esperándolo al otro extremo de la piscina, se encontraba una suave membrana transparente. En su interior se difuminaba una familiar figura humana. Esto solo motivó a Robin a seguir avanzando, pensada que quizá era Tamara.

Ya casi habían llegado, era la última plataforma hacia el otro lado. Pero al monstruo no parecía gustarle esto. Con uno de los tentáculos atacando desde la oscuridad a sus espaldas, hizo que el chico perdiera el equilibrio. 

Siguiendo sus impulsos, llevó sus manos hacía el demonio. Tomando de la cintura de este su espada carmesí, la clavó al otro lado del barranco. Su cuerpo estaba completamente estirado como un puente y era incapaz de levantarse. Enfureciendo y adolorido, el monstruo hizo sacudir sus entrañas.

El chico no sabía cuanto tiempo más iba a poder resistir. La piscina de ácido burbujeaba con su intenso color verde sobre su rostro. Robin sabía precisamente lo que significaría caer ante aquel líquido, sumando sus cortes y heridas. Sus manos temblaban, no aguantaba al demonio capturado sobre él. Este suspirando y aceptando su destino, le habló de hombre a hombre.

-Niño, de todas las formas que pensaba morir, no quería morir así. Mucho menos contigo- Dijo Greg algo molesto de saber cómo acabaría todo su plan. Sin embargo, Robin no parecía haber acabado.

-¡No, aun no moriremos!- El chico soltando una de sus manos, tomó la red sobre su espalda. Con toda la fuerza en su poder, lanzó al demonio al otro lado de la piscina, salvándolo.

-¿Que...?- Greg quedó perplejo. El brazo del chico por la fuerza descomunal, estaba adolorido y cansado. Ahora Robin colgaba de un brazo y piernas ante el ácido. Sus dedos se comenzaban a resbalar del mango de la espada, y sus pies a cansarse. Sabiendo que su compañero protegía su piel, le dio una ultima orden.

-¡Nick, sal de mi cuerpo! no quiero que me cubras.

-¡Pero-!

-¡Solo Hazlo!

Nick intimidado por la voz del chico, se despegó desde los dedos de su compañero. Un rio de materia color grafito bañaba la espada, viajando por el suelo. Apilándose frente a Greg, se formaba el chico sombra que vivía en Teru. El demonio con esto solo reafirmó que sus sospechas eran erróneas. El chico que estaba ante él no era a quien buscaba. El cabello de Teru se tornó marrón como sus ojos. Aquella melena plateada que se ocultaba en su capucha, había desaparecido.

Corrió rápidamente para atender a su amigo, quien estaba perdiendo las fuerzas. Sus piernas dejaron de temblar y cayeron al líquido. El ardor atacaba como agujas los cortes y heridas del muchacho. Teru soltó sus dedos del cansancio y comenzó a dejar su cuerpo caer. Pero no estaba asustado, se quedó tranquilo al pensar que Nick y Greg ahora estaban a salvo.

Pero entonces, su mano fue atrapada por unas frías garras oscuras. Teru las sintió acompañadas de una voz familiar.

-¡Aguanta, ya te tengo!

Mirando sobre él, era Nick quien lo venía a rescatar bastante preocupado. Sus ojos se reencontraron, y Teru no podía estar más agradecido por ello. Más allá de su felicidad, algo hacía retumbar y danzar su pequeño corazón e ignorar el dolor. Había algo en la mano de de su compañero que la hacia sentir cálida. A pesar de ser las manos de un ser demoniaco, eran suaves y acogedoras como el algodón. La cara del Teru rápidamente se tornó roja, estaba ansioso.

La silueta adolorida del chico encapuchado se alzaba arrodillada sobre el borde de la piscina. Nick se mantuvo agachado junto a este para cubrirlo. Teru jadeaba del dolor, sus piernas estaban rojas de la irritación. Pero a pesar de ello, el no podía evitar sentirse feliz.

-Fuiste muy valiente, Teru...- Nick halagaba con una voz amable la acción que su compañero -Pero no hagas eso nunca más. Somos compañeros, ¿lo olvidas? estamos juntos en esto.

Teru respiraba cansado mientras sonreía. Aún asi, atinó con la cabeza y una pequeña risa. Sabía que casi pudo haber hecho algo tonto, pero estaba feliz de que Nick aún asi no le dejara ir tan fácil. Nick también se reía un poco con él. Volteaba a ver al demonio quien intentaba reconocer quien era el chico de la capucha. La sombra rápidamente se adentró al cuerpo del chico, donde se fusionaron nuevamente. 

Robin se alzó fuerte y firme, con sus mechones plateados escapando de su capucha, y sus pupilas rojas alumbrando el vacio. La mitad de su ropa ya estaba quemada, Aquellos pantalones rojos ahora eran solo unas bermudas. Sus botas se acortaron a unos zapatos, y una de las mangas de su camisa se había quemado. Tomó en sus manos la katana del demonio, que hacía brillar su filo con el ácido verde del salón. Ese soldado serio y astuto que solíamos conocer, ahora no era más que un completo desastre.

Robin cargó nuevamente al demonio capturado sobre su hombro. Se veía agotado, pero no pensaba dejarlo detrás. No le dijo ninguna palabra, solo siguió avanzando hacia la membrana, silencioso. Greg no podía comprenderlo. Robin luchaba contra él, pero se negaba a hacerle daño significativo. Tenía la chance de matarlo, pero la dejaba pasar. Pudo haberlo dejado caer al ácido y salvarse, pero priorizo salvarlo a él. Casi murió por salvarlo a él y su amigo, en resumidas cuentas. 

-¿Por que él salvaría a un criminal como yo?- Se preguntaba dentro de su mente. Greg no estaba molesto, tampoco estaba feliz. Solo estaba muy extrañado.

-¿Por que lo hiciste?...- El demonio quería saber la verdad. Robin dejó de caminar al oír esas palabras, y solo se quedó mirando la pared transparente frente a él. El demonio creía haber preguntado algo que no debió, estaba ligeramente intimidado. Después de todo, era un sujeto con nervios de acero.

-Simplemente no creo que es justo.- Decía intentando complementar. Enmendando su posible "error".

-Tampoco es justo dejarte morir, Greg... No te dejaré morir sin pagar por tus pecados. Me aseguraré de que pagues por todos tus años de injusticia hacia los humanos y las sombras.- Respondía Robin bastante serio, incluso algo monótono.

El demonio ahora lo comprendía. En sus ojos, Robin no era más que un moralista loco que lo perseguiría hasta la muerte. Una muerte que no le otorgaría. Pero por el otro lado, no podía dejar de pensar que quizá tenía razón en dejarlo vivir. Matarlo haría todo más fácil. Pero entre esas dos visiones, se asomaba la duda a mirarlos.

-Que chico más ridículo. ¿De verdad aguantarías verme sufrir? Ni siquiera pudiste dañarme de verdad.- Decía Greg molesto para sí mismo, algo conflictivo con sus emociones. Robin lo escuchó, pero no respondió. Solo siguió avanzando.

El demonio nunca supo si no dijo nada porque era la verdad, o porque el chico aprendió que no valía la pena discutir con él.

Ambos cruzaron la membrana como si fuera una fina pared de chicle. De tanto forzar su camino a través de ella, la rompieron. El camino se había despejado por completo, y la imagen difusa que yacía en ella ahora era totalmente clara. 

Era un cuarto que entre la oscuridad resaltaban unos tonos rojizos. Tonos que se difuminaban sobre los gigantescos tubos de carne esparcidos en el cuarto. El ambiente frio se había tornado cálido, sofocante incluso. Y frente a ellos, arrodillada con un brazo sumergido en la masa de la pared, se encontraba Tamara.

Robin corrió a verla. El y el demonio se veían aliviados de al fin poder encontrarla. Dejando a Greg en el suelo, se agachó a tomar sus hombros y mirarla. Estaba contento poder verla otra vez, pero algo en su amiga había cambiado.

La mirada de Tamara era diferente, se veía tristona y deprimida. Tenía unas bolsas grises bajo sus ojos. Su cabello había perdido sus ondas, se volvió liso y castaño. Abriendo lentamente a sus ojos, vio frente a ella al chico del bosque.

Recordando su encuentro y la pelea que tuvo contra Greg, la chica suspiró. Aquel suspiro le devolvió el color de su cabello y sus ondas. Sus ojeras desaparecieron, su rostro volvía a ser como antes. El chico y el demonio estaban extrañados, al igual que Tamara quien no podía comprender que hacia su padre atrapado en una red.

-...¿Qué acaba de pasar?- Tamara le preguntaba a Robin con una voz cansada.

-No- ¿No sabemos?- El chico no tenía idea de cómo contestar a todo eso -¿Que le pasó a tu cabello?

-¿Que tiene mi cabello? ¿Le pasó algo?- La chica tocaba su cabeza con su única mano libre. Robin y Greg se miraron a los ojos un momento, reafirmaban sus dudas el uno con el otro.

-¿Cuanto más me va a confundir toda esta situación?- Dijo Tamara suspirando, al ver que ellos tampoco comprendían nada.

-No importa. Escucha, vengo a ayudarte. Debemos salir de aquí ahora antes que este monstruo nos ataque de nuevo, ¿Qué dices?- Robin le ofrecía la mano, brindándole su ayuda. 

La chica no sabía si confiar en él o no. Su padre se veía algo molesto detrás de él. Al notar que su hija le estaba mirando, suspiró y tragó todo su orgullo para convencerla.

-Es un chico bastante fuerte. Puede ayudarnos, niña.

Tamara se veía algo convencida. Estaba estirando su única mano para tomar la del chico. La esperanza en sus ojos los hacia brillar. Pero entonces, un golpe de tristeza hizo sus parpados pesar. Su mano dejo de acercarse, y se cayó junto al resto de su cuerpo. La chica se había rendido.

-¿Tamara?- Decía Robin, viendo por primera vez a su compañera en este estado.

-No hace falta. Solo déjenme aquí, ¿si?

-Ey... no entiendo debes de sentirte ahora, pero de verdad te necesitamos. Tenemos que parar a esta bestia ya.- El chico intentaba animarla con un tono dulce y amable. Pero Tamara no podía replicar esa dulzura.

-Tranquilo, no sé si sacarme de aquí pueda repararlo.- La chica apagaba su tono mientras más hablaba, al punto de estar casi susurrando -Esto es lo que soy, soy un monstruo que ruge a todo lo que ve y que destruye todo lo que toca... Está en mi naturaleza, soy incorregible... Greg tenía razón. Soy tan malvada como lo es él.

Robin juzgó algo molesto a Greg por haberle dicho esas palabras. El demonio solo miró a un lado evadiendo la responsabilidad. Volviendo a la chica, intentó consolarla.

-...Oye, sé que debes de haber cometido errores para acabar así. Pero eso no significa que las personas con miles de errores no puedan hacer algo bueno.

-¿¡Es que no lo vez?! ¡Soy horrible!- Tamara se había cansado de la positividad de Robin, estaba explotando otra vez. -Soy una mierda de persona, ¿Por qué estás perdiendo tanto el tiempo conmigo? ¿¡Por qué te gusta pretender que me entiendes!? ¡Quizá tu nunca has cometido errores tan malos como los míos!

Entre el silencio que se había generado, el chico y el demonio escucharon unos fuertes sollozos. Eran sollozos ahogados en pena. Las mejillas de la chica se llenaron de lágrimas. Cubrió su rostro con su única mano, avergonzada de sus propias emociones y los límites a los que tuvo que llegar.

-Solo quiero ser normal otra vez, por favor... solo quiero mi vida de vuelta... Ya no me importa mis recuerdos o este estúpido brazo... 

Tamara estaba apenada. No solo sentía que había forzado a estos dos hombres a buscarla hasta el interior de sus entrañas, sino que también les había demostrado la bestia que realmente era. Les demostró el daño del que era capaz de hacer, y lo peligrosa que podía ser. Estaba asustada de estar sola de nuevo, de dañar a alguien de nuevo, de fallarle a su madre de nuevo. Recordaba a su amigo que ahora le había dejado por su actuar tan volátil, pero esto solo la hizo llorar más. Se quería desmoronar, pero su brazo adherido se lo impedía. 

La chica colgaba arrodillada frente al suelo, arrepentida y con su cara empapada en lágrimas.

-Teru, vuelve por favor... Por favor... solo dénmelo de vuelta. No pido nada más...

Dentro de Robin, la consciencia de Teru estaba tocada por las palabras de Tamara. La chica realmente estaba triste por la situación, él pensó que quizá enmendaría las cosas. Pero Nick por el otro lado, no se veía convencido. Estaba molesto incluso. Con su voz retumbando dentro de la mente de Robin, le dijo en una voz ominosa:

-Yo me encargo.- Nick impulsivamente había tomado el control del cuerpo de Robin. Teru había perdido el mando, y las palabras que salieron de él ya no eran suyas:

-¿Eso es todo?

Tamara miraba apenada a Robin, y el demonio reaccionaba extrañado ante tal respuesta. El chico había dado un saltó de ser blando a duro en un santiamén.

-"Dénmelo" dices. Es como si el fuera de tu propiedad. ¿Es asi como lo ves? ¿Hm?... Solo un mero objeto para elevar tu autoestima. Si quiera podrías pensar en... No sé, mostrar algo de arrepentimiento por lo que le hiciste

-¡Yo de veras estoy arrepentida!

-No, no lo estás. Estás arrepentida ahora que estás sin él, ahora que te sientes inferior y vulnerable ante todos. "Quiero mi vida de vuelta" "Dénmelo de vuelta". Tú sabes perfectamente como era tu vida antes. Te encantaba ese orden porque eras la que dominaba a todos.

El demonio y su hija seguían congelados ante el abrupto cambio de personalidad en Robin. Greg comenzaba a sospechar de quien estaba realmente al mando allí dentro.

-Se cómo eres, Tamara. Te gusta jugar a ser el centro de atención hasta que te humillas a ti misma. 

-¡Eso no es cierto!- Tamara lo miraba molesta. No quería oírle, pero aun así lo hacía.

-¿Crees que Teru volverá con alguien que le dañó tanto como tú? ¿Crees que vas a cambiar lo que eres de un momento para otro solo porque "lo lamentas"?

Tamara no podía decir nada, sentía que de cierta forma tenía razón.

-Tú no estás arrepentida de verdad... 

-¡Cállate!- la chica comenzaba a enojarse otra vez.

-Lo sabía, simplemente no sabes mentir bien. Quieres tener todo bajo control y quieres que nunca te cuestionen nada. 

-¡¡Cállate!! 

-¿En serio crees que Teru estaría orgulloso de esto?

-¡¡Dije que te calles!!

-¿Que pensaría tu pobre madre de todo esto?

Aquellas palabras atacaron a la chica de manera muy baja, sintió como su corazón había sido golpeado por el peso de seguir defraudándola. Sus lágrimas se transformaron en emociones iracundas, y su mueca triste se abrió para mostrar sus colmillos.

-¡¡Cállate!! ¡Cállate, cállate, cállate!

Tamara no podía hacer más que un berrinche en el lugar, intentado liberar su brazo para atacar otra vez. Robin se mantenía inmutado, mirando todo el espectáculo que había creado. Greg estaba preocupado, viendo a su hija moverse de maneras erráticas. Y Teru no podía hacer mas que pensar en las palabras que había dicho Nick. 

Entre sus gruñidos, sus ojos brillaron como faros nuevamente. El interior del monstruo temblaba una vez más, mientras sus paredes carnosas perdían los colores hasta apagarse. En un feroz grito, el cuerpo de la chica desprendió una potente luz que engullía sus alrededores.

El demonio sin tener un segundo de reaccionar, fue cegado y sumergido ante la luz. Tamara también era desvanecida entre su propia explosión, todavía iracunda y gritando. Su voz se disipó con un eco espectral en el aire. A pesar de todo, Robin seguía sereno mientras todo a su alrededor desaparecía. Estaba satisfecho de poder haber contemplado su cometido volverse realidad.

Solo entonces, todo rastro de él también se disipó.


-Capítulo 21: Nada más que un monstruo-

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