CAPÍTULO 18

El demonio con el sudor corriendo por su rostro, usaba sus afiladas garras para escalar las paredes rocosas de una enorme montaña blanca: una montaña de mármol. El día estaba soleado, y a pesar de las bruscas ráfagas de aire, una ola de calor azotaba fuertemente el lugar. La chica era cargada dentro de la mochila del demonio, con su cabello revoloteando en todas direcciones. Quitándose el pelo de la boca, le habló a su padre.

-¿Seguro que es por aquí?- Dijo Tamara casi gritando. El viento tapaba sus orejas.

-¡Si! ¡Por aquí debe de haber otra base secreta abandonada! podremos encontrar más información de seguro.- Greg respondía gritando también. Casi llegando a su destinación, se encontraron con una pequeña planicie. Una planicie que entre sus escombros y picos de mármol que se alzaban apuntando al sol, escondía las ruinas de un castillo. Era una abandonada estructura medieval construida con ladrillos de roca gris. Con dos pisos, y un enorme domo en la cima de este. Los telares rotos de la organización colgaban de sus paredes, y las huecas ventanas de arco silbaban sus sonidos serenos. Mas allá de ellas, esperaba el silencioso vacío.

-Aquí estamos. Otro antiguo cuartel general. Aquí podemos encontrar un mapa.

Greg bajó a la chica de la mochila. Tamara se veía seria mientras tocaba el suelo nuevamente. Tenía la mirada perdida sobre la estructura. Miles de cosas seguían pasando por su mente y ya se estaba cansando de tener que lidiar con todo ello. El demonio se asomó cerca de su cara para verla a los ojos. Quería comprobar si seguía ahí. La chica esquivó la mirada a un costado, enfadada y de brazos cruzados. Greg levemente irritado, rezongó mientras blanqueaba sus ojos rojos. Se había puesto a caminar sin ella. La chica imitando sus gestos de disgusto, le siguió detrás suyo.

El demonio al llegar al portón del castillo, lo forcejeó intentando abrirlo. Estaba completamente cerrado. Al costado de este, vio un pequeño panel de cristal. Greg se acercó el panel, era un dispositivo de seguridad. Se parecía a una calculadora. El demonio tecleando los botones del aparato, comenzó descifrar la clave:

-1, 2, 3...

-¿En serio? 4, 5, 6, 7, 8 ,9.- Tamara interrumpió apartándolo a un lado y presionando los demás botones por el -No son muy listos.

La pantalla del dispositivo se tornó roja; "contraseña incorrecta".

-¿Eh? pero...

Greg apartó a la chica a un lado. Tronó sus dedos, y la miró con una expresión presumida.

- 1, 2, 3... 3, 3, 3... 3, 3.... 4.

De repente, los seguros en el portón se soltaron. La puerta ahora estaba abierta. Tamara confundida, veía las espaldas de su padre ingresando al interior del castillo.

-No te precipites tanto, niña.

La oscuridad esperaba a ambos al interior del castillo, era un angosto y apagado pasillo de roca. Los dos personajes miraban sus alrededores en busca de peligros o alguna trampa. Sin embargo, los peligros del salón no se encontraban frente a sus ojos, ni sobre sus cabezas. Tamara a medida que avanzaba, pudo sentir como una de sus pisadas hundió una baldosa del suelo. Mirando bajo ella, confirmó sus temores; era una trampa. Entre un silbido atravesando el aire, un dardo se disparó en su dirección. Greg desenvainando su espada se interpuso ante la chica, deteniendo el filo del dardo contra el filo de su espada. Con una expresión de regaño sobre su hombro, le dijo con su voz rasposa:

-¿Que te dije? No te precipites. No haremos eso de nuevo.- El demonio recordaba el incidente del templo anterior. Su hija le devolvía la mirada con suspiros enojados.

-¿Haciéndote el bueno de nuevo? ya deja de jugar conmigo.

-¿Y ahora que pasa contigo, ah?- Dijo Greg sin pensar que quizá, ella había escuchado toda la conversación que tuvo con el maestro. Intercambiando el odio a través de sus miradas, se rindieron el uno contra el otro. Cuidando sus pisadas, llegaron al final del pasillo donde un nuevo portón le esperaba.

Atravesando las enormes puertas oxidadas, Greg y Tamara fueron introducidos hacia el pabellón principal. Era un salón espacioso y alto, con cuadros descolocados, cortinas destrozadas, y dos escalinatas que se formaban rodeando la entrada. Aquellas escaleras llevaban a un pequeño mirador en el segundo piso, donde la luz del sol hacia brillar el polvo del aire.

En las paredes se habían tallado bruscamente unos glifos. Eran los glifos que la chica había visto en el templo anterior: los corazones en los humanos, las sombras, con criaturas dragón volando a sus alrededores. Con sorpresa, notaba como los glifos llevaron sus ojos hacia la cima del salón, donde se perdían en la oscuridad.

Ante ellos, ahora aparecían tres puertas oxidadas. Una puerta a la izquierda, una en el centro y otra a la derecha. Tamara, curiosa, se acercó hacia la puerta central. Una fuerte luz verde emanaba de las ranuras de esta. Al abrir el portón, encontró frente a ella un pequeño pasillo rodeado de tubos de cristal gigantes. Tubos que colgaban conectados desde el techo, y bajo ellos, ríos de un líquido verde espeso corría. En las baldosas de cerámica bajo sus narices, un rastro de cenizas se esparcía. Era un largo hilo de polvo gris que guiaba hacia el gran tubo al fondo del salón. Tamara sentía un aura pesada envolver el lugar, como si estuvieran siendo observados por algo. Sin embargo, Greg no parecía estar muy afectado.

-Bueno, aquí no esta lo que buscamos. Sal de este cuarto y revisa el izquierdo, yo veré al derecho. Si encuentras algo interesante, grita. Si te atacan, grita dos veces. Si no encuentras nada, no digas nada.- Greg dio fríamente sus ordenes mientras le daba la espalda a la niña. 

Tamara no pensaba colaborar con su padre, pensando que quizá lo estaría ayudando a lograr algo tras su espalda. Viéndolo salir del cuarto, la chica redirigía su atención al rastro de cenizas. Siguiéndolo y subiendo un pequeño desnivel, se topó con el enorme tubo de cristal. Su rostro agotado era reflejado y distorsionado en el material transparente. Y a un costado de su visión, veía rastros y manchas difuminadas de un color amarillento. En el interior del tubo, descansaban unos viejos documentos que habían sobrevivido al fuego. Deslizando la puerta cristalina del tubo, recogió los papeles. Los documentos estaban apolillados y quebradizos al tacto.

Mientras tanto, el demonio se acercaba al cuarto derecho del pabellón. Atravesando el polvo que alzó al entrar, vio frente a el una pequeña sala en forma de domo. Tenía escalinatas pegadas a sus murallas, estas llevaban hacia la planta baja del domo. Las luces del salón ya no parecían funcionar. En las murallas curvas bajando las escaleras, varios carteles con rostros de personas hacían fila. Sus caras habían sido tachadas por cruces rojas. Todas pasaban como un desfile a un costado de Greg. Entre las cruces, apareció un particular pergamino. Era el mapa que el demonio buscaba, el mapa de las bases secretas del Anillo Escarlata.

Greg con suma delicadeza al ver el deplorable estado del papel, lo enrolló con sus garras y guardó dentro de su mochila. Anonadado por la sencillez de su tarea, pensaba en que ya era hora de retirarse antes que las cosas empeoraran. Pero algo más había captado su atención. Rayos solares entraban desde las erosionadas paredes del domo, alumbrando como un foco de luz la máquina que colgaba en el centro del salón.

Tamara con los documentos en mano, comenzó a hojearlos: eran documentos oficiales del Anillo Escarlata, documentos de experimentos. Volviendo a la primera hoja, se puso a leer para ella misma.

-Experimento científico número cero uno, análisis: Los demonios sombra son seres terroríficos, extraños, pero cautivantes. Su composición biológica es interesante. Son débiles ante el fuego, las combustiones explosivas, y ciertas piedras preciosas. El color de las corazas de los demonios varía mucho, siendo el color grafito el más común. Es una coraza como la obsidiana; dura y reflectante. Todo esto es así, en orden de proteger su vulnerable y llamativo interior rojizo, en el caso de un famoso demonio grafito. El color de su interior es reflectado a través de sus cuernos y ojos, transparentes como un cristal.

La chica mientras leía esto, no podía evitar pensar en Greg, un demonio de grafito en si.

-A pesar de que los genes, células, y cuerpo de los demonios sean muy similares al de los humanos, su composición es inestable.- La chica se detuvo al sentir unos burbujeantes sonidos hacer eco desde el techo del pasillo. Al voltearse, no encontró nada mas que el portón por el que vino. Pensando que pudo haberlo imaginado, volvió a su lectura.

El demonio llegando a la planta baja, presenció ante el lo que las luces querían que viera. El sol bañaba con sus rayos una cama de piedra, de la cual colgaban esposas y cadenas oxidadas. Sobre la cama se alzaba unida al techo como un brazo mecánico, una enorme maquina amarilla. Esta tenía aspecto cilíndrico, con pequeños tubos cristalinos que colgaban tal cinturón de bala. Cables alargados de colores conectaban su cuerpo al techo. Apuntaba a la cama mostrando su alargada y brillante aguja de platino.

Greg la observaba con memorias en su mente, creía reconocer aquella maquina y sus funciones. Se puso a rodearla para ver sus costados. Los tanques cristalinos que colgaban de la aguja estaban vacíos, pero en perfecto estado. El demonio frunciendo el ceño, buscaba algo en sus alrededores.

-Esto se debe a que el cuerpo de una demonio en si, nace incompleto. Varios componentes esenciales para la vida de nuestro cuerpo humano, no existen en los demonios.  Esto hace que una sombra viva la mitad de los años esperables que un ser humano puede.- La chica seguía leyendo pasando documento tras documento, inmersa en la lectura.

Greg desmanteló el brazo mecánico con el filo de su espada. Este cayó sobre la cama de piedra, agrietándola. Cargando la aguja gigante bajo su ala, siguió inspeccionando el lugar. Buscó en los compartimientos escondidos bajo la cama de piedra. No encontró mas que tubos vacíos, otra vez. Frente a la cama, Greg se percató de un alargado panel de controles que estaba pegado a la pared. Presionando cada botón y lucecita tintineante del panel, encontró precisamente lo que buscaba. Al presionar un botón, logró abrir una escotilla secreta en el suelo, justo detrás de sus espaldas. El demonio cargando la aguja gigante, se asomó a ver que era lo que podía esperarle allá abajo. Una densa niebla helada se alzaba desde la oscuridad hacia los rayos del sol.

-La única forma de solucionar la corta esperanza de vida de una sombra, es que ambos cuerpos... ¿se mezclen?- Tamara estaba inquietándose al leer cada vez mas. Pasando al siguiente documento, leyó con sus intrigados ojos las palabras que ahora repetía para si misma, desconcertada:

-Impregnación sombra...- La chica apartó aquellos papeles por un momento. No sabía que era lo que escondían esas palabras, pero levantaba sus alertas de peligro. Armándose de valor, decidió continuar leyendo:

-La sombra atraviesa indoloramente la piel del humano para combinarse con su interior. Esta mezcla genera un nuevo corazón, sano y fuerte que reemplaza al de ambos seres. Ahora, la sombra puede vivir la expectativa de los años humanos promedio, siempre y cuando esté ese corazón. Por el otro lado, el humano recibe beneficios de la combinación. Estos efectos secundarios son: Formación de una coraza en ciertas partes del cuerpo. Compartir poderes y habilidades. Quedan intactas sus debilidades ante el fuego y explosiones. Pero a pesar de esto, el nuevo ser adquiere una resistencia ante los cortes, ciertas piedras preciosas, y... el veneno.

Algo rondaba dentro de la cabeza de la chica, y no le gustaba lo que podía ser. Temblorosa, arremangó sus pantalones para verse la rodilla. La cicatriz que le dejó aquel insecto del templo había desaparecido. Tamara nunca sufrió los efectos secundarios del veneno, ahora que lo recordaba. Su agotamiento fue a causa de sus poderes, y luego nada ocurrió. Respirando tensamente, miró sus palmas temblorosas. Sus dedos se crispaban de manera leve, y sus ojos ya no podían reconocer que era lo que veían.

-Debe ser mentira...

Los sonidos burbujeantes que resonaban detrás de ella se volvían mas fuertes. Volteándose nuevamente, frente a ella veía gotear una baba de color púrpura oscuro. Mirando hacia arriba, veía aquel liquido espeso escurriendo enérgicamente de entre las ranuras del techo. Un montículo de baba se formaba lentamente frente ella. Se comenzó a alzar hasta formarse una alargada colina. Desde su interior, unas manos esqueléticas se asomaban, mientras que desde la cima, despertaba una expresión triste y alargada.


Balbuceando y sollozando se acercaba torpemente hacía la chica, intentando hacer que esta se sumergiera en su cuerpo. Tamara se lanzó a golpearlo, pero solo logró que su puño se quedara pegado en el cuerpo del monstruo. Poco a poco, su puño era absorbido, y lentamente le seguía su brazo completo. La chica utilizando sus poderes, bañó su mano estancada en poder psíquico. Intentaba empujar al monstruo. Pero en el proceso, la materia que envolvía su mano reaccionó de manera violenta. El ser baboso explotó esparciendo sus mocos por todo el cuarto, tubos, y paredes. 

Tamara creía haber acabado con la bestia. Pero de repente, más materia oscura comenzó a escurrir del techo, generando otro monstruo similar al anterior. La chica recordando los dichos de su padre, dio un grito para pedir ayuda. Sin embargo, fue agarrada de sorpresa por la espalda. Era otra criatura viscosa que se formó detrás de ella. Esta sujetándola con sus manos huesudas, comenzó a hundir el rostro de la chica en su denso cuerpo. La chica desesperada, bañó nuevamente sus manos en poder psíquico, para meterlas dentro el monstruo. La criatura acabó explotando también en una erupción mucosa.

Al recuperar aire, Tamara gritó nuevamente llamando a su padre. Pero estos gritos no eran oídos ni respondidos. Frente a ella se aproximaba otro ser que quería atraparla. Con una patada psíquica, mandó a volar el cuerpo del monstruo, dispersándolo por todo el cuarto. Tamara siguió gritando, pero nada tuvo resultado. Dentro de ella no podía evitar sentirse crédula por volver a confiar en Greg. 

Dos monstruos más aparecieron del techo, dejando a la chica contra la espada y la pared. Uno de ellos la atrapó, y otro se aproximó a ella para acorralarla. Estrujándola y ahogándola entre sus cuerpos, los monstruos se mezclaron entre ellos mismos para mantenerla encerrada. Tamara entre las olas y la presión de la sustancia, vio entre la densidad de su visión unos sacos de aire. Nadando como si estuviera en barro, sacó su rostro a respirar. Se encontraba rodeada de una pequeña esfera de oscuridad, que lentamente se achicaba para asfixiarla.

-¡Ay dios! esto no podría ponerse peor...- Dijo para si misma. Y desde las paredes viscosas del monstruo, se asomaba lo que parecía ser una esfera incolora. Era una roca blanca y agrietada. Tenía dos enormes huecos y oscuros ojos que miraban a Tamara. Luego, le enseñaba su enorme sonrisa bañada en barro. Sus alargados brazos blancos caían sobre ella, y su torso rejado del que colgaban los residuos de aquel material oscuro. Era un esqueleto humano completamente inerte el que ahora se apoyaba sobre la chica. Asustada y recordando a aquella bestia de sus pesadillas, gritó del pánico. Desde las profundidades de su cerebro, generó una potente onda psíquica que hizo explotar a la gran celda de mucosidad. Liberándose de su fangosa prisión, vio todos sus alrededores bañados en aquel color opaco. Con el cerebro derretido y sus piernas temblando, la chica se desmayó, llegando al límite de sus poderes una vez mas.

El demonio de los cuernos disparejos bajaba mareado una escalera en espiral. Era escalones metálicos y fríos, hundidos en la penumbra. Las nieblas congeladas le provocaban escalofríos. Llegando al último peldaño, fue introducido ante un largo pasillo congelado. El pasillo desplegaba sus filas de puertas a los costados de Greg. El demonio siguiendo su intuición, entró a la primera puerta de su derecha.

Parado dentro de un congelado cubo perfecto, las paredes infestaban su visión con cajones y etiquetas. El aire era frio y sofocante, quemaba sus pulmones. Dando pasos lentos, se acercaba a los compartimientos para revisarlos. Viendo las etiquetas, las leía dentro de su mente:

-"Piroquinesis"...- Sujetando con sus garras el congelado mango de un cajón, lo abrió solo para encontrarse con la nada misma. En su decepción, siguió leyendo etiquetas:

-"Super fuerza"- Dijo abriendo el cajón que también estaba vacío. 

-"Lectura de mente"- Otra vez, un cajón vacío.

En su completa molestia, los ojos del demonio captaron algo llamativo entre su aliento congelado. Frente a el, un solitario cajón medio abierto leía en su etiqueta:

-"Super Velocidad"...- Con algo de esperanza volviendo a su alma, abrió el cajón rápidamente. En el interior de este, encontró un único y enorme cubo de hielo. Con sus garras irritadas por el frio, tomó el cubo para verlo de cerca. Dentro de él, se veía la silueta de un objeto carnoso. Era una masa en forma de diamante que apuntaba hacia el suelo. Tenía bultos, curvas, y de su cabeza se estiraban tubos de diversos tamaños y grosores. 

A pesar de la densidad del hielo, Greg sabía perfectamente lo que estaba observando; era un corazón humano.

-Bingo.- Dijo para si mismo, encontrando lo que tanto anhelaba.


-Capitulo 18: Picos de Mármol Parte 1-

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